El niño o niña interior representa esa parte sensible y auténtica de las personas que guarda las experiencias y emociones vividas en la infancia. Reconocer que dentro de nosotros y nosotras habita una partecita niña herida es fundamental, ya que muchos de nuestros conflictos presentes tienen su origen en necesidades emocionales no cubiertas en la infancia.
Las heridas del niño o niña interior suelen surgir a partir de traumas de la infancia o experiencias difíciles que dejan cicatrices emocionales profundas y pueden influir en nuestra capacidad para formar relaciones saludables, afectando a nuestra autoestima, confianza y bienestar general.
Aun siendo ya personas adultas, esa parte de ti sigue presente y tiene un impacto emocional directo en tu yo actual. Es por eso que, en ocasiones, nuestras reacciones en la actualidad, son fruto de las heridas de la infancia que no han encontrado aún un cierre. Algunos de los síntomas de estas heridas son:
- Invalidez emocional
- Reacciones emocionales desproporcionadas
- Miedo al abandono o al rechazo
- Sensación persistente de no ser suficiente
- Necesidad constante de aprobación
- Dificultad para poner límites
- Exigencia excesiva
- Exigencia excesiva
- Culpa
- Dependencia emocional
- Idealización del buen trato
A veces, lo que duele no es lo que pasó, sino lo que faltó: acompañamiento, muestras de cariño (abrazos, besos, caricias...), refuerzo positivo, comprensión y empatía, poner límites con cariño, compartir tiempo de calidad, falta de validación, que nos expliquen lo que ocurre a nuestro alrededor de una manera que podamos entender...
Reconocer y poner nombre a estas heridas es el primer paso para entender por qué nuestro niño o niña interior sigue buscando amor o aprobación. Al conectar con su dolor, podemos ofrecerle el cuidado y la validación que nunca recibió y empezar a sanar y construir una relación más segura con nosotros y nosotras mismas.
A continuación, te ofrecemos una serie de propuestas para iniciar el proceso de conectar con esa parte niña y así poder empezar a sanar esas heridas que te impiden alcanzar tu bienestar emocional. Esperamos que sea de vuestra ayuda.
Escribe una carta: Escribe una carta a ti mismo o misma cuando eras niño o niña. Valida sus emociones y ofrécele el apoyo que no tuvo en su momento.
Elige una foto: Al ponerle cara a tu niño o niña interior, es más fácil generar un diálogo interior y dirigirte a él o ella con comprensión.
Objetos simbólicos: Utilizar muñecos, peluches, objetos o canciones que te conecten con la infancia, ayudará a conectar con tu parte niña de una manera más profunda.
Busca ayuda profesional: La atención psicológica puede proporcionarte un entorno seguro y las herramientas que necesitas para sanar a tu niño o niña interior.
¡Nunca es tarde para tener una infancia feliz!