Los y las profesionales que trabajan en áreas relacionadas con la intervención social, parten de una fuerte vocación y asumen un compromiso con personas que han sufrido experiencias difíciles y traumáticas. La exposición diaria a estas realidades puede llevar a un desgaste profesional que interfiera en el funcionamiento diario, afectando negativamente tanto individualmente a cada componente, como a las personas usuarias atendidas.
Nuestra cultura y educación a menudo nos han enseñado que debemos aguantar, minimizar o invisibilizar los malestares que nos aquejan en el entorno laboral. Aprendemos a silenciar las señales que nos van alertando sobre éstos, tendemos a menospreciarlos e ignorarlos, culpabilizándonos de sentirlos, y esto acaba generando un impacto en nuestro bienestar emocional.
La neutralidad ante ciertos contenidos y realidades a los que nos enfrentamos en el día a día es imposible. Los y las profesionales nos vamos a mover entre un amplio abanico de reacciones en diferentes intensidades como son los siguientes:
- SOBREIDENTIFICACIÓN: Se produce cuando el o la profesional adopta mayoritariamente la posición afectiva de la persona usuaria y se deja llevar por los sentimientos de humillación, indefensión, dolor, desamparo, pérdida y/o agresividad que comporta su situación. Esta sensación puede provocar también que el o la profesional intente asumir el papel de “salvador/a”, que refuerzan aún más la indefensión de las personas atendidas. En estas ocasiones, pueden producirse dificultades en distinguir entre lo que son las necesidades de los y las profesionales y las de las personas usuarias.
- RECHAZO: Puede surgir cuando los y las profesionales sienten rechazo hacia la persona que atienden. Pueden llegar a culparlas por haber llegado a la situación en la que se encuentran o sentir rabia cuando éstas muestran dificultades a la hora de tomar decisiones que ralentizan la intervención. Ser conscientes de esta sensación puede generar miedo a que las actuaciones que se tomen influyan en el bienestar físico y psicológico de la persona atendida.
- SÍNDORME DE AGOTAMIENTO O BURNOUT: Aparece como consecuencia de una situación de estrés laboral prolongado en el tiempo, fruto de la sobrecarga o incapacidad para desconectar del trabajo, lo que repercute negativamente en la salud física y mental de los y las profesionales. También puede aparecer ante la frustración de no obtener resultados acordes al esfuerzo y las intervenciones realizadas.
- TRAUMATIZACIÓN VICARIA: Efecto de reproducir en uno o una misma los síntomas y sufrimientos que las personas atendidas nos reportan al trabajar profesionalmente con ellas. Esta exposición facilita que los y las trabajadoras se conecten con sus propias experiencias traumáticas, a nivel consciente o inconsciente, actuales o pasadas. Como consecuencia puede aparecer una hipersensibilidad ante situaciones que los y las profesionales perciben como amenazantes y responder de forma desproporcionada a esa situación.
Para prevenir la aparición de las reacciones mencionadas anteriormente, es importante que los y las profesionales incorporen el autocuidado como herramienta de prevención. Esta técnica nos permite encontrar el equilibrio entre nuestras necesidades y las de otras personas con quienes convivimos y para quienes trabajamos.
Pero el primer paso para atender nuestras necesidades es conocerlas. No hay recetas mágicas para encontrar el equilibrio porque depende de cada persona de acuerdo a sus circunstancias pero sí hay patrones que se repiten y pueden servirnos de guía como los siguientes:
• Observarme y conocerme (detectar señales de alerta)
• Darme cuenta del riesgo de ser testigo de situaciones dolorosas
• Reconocer mis puntos fuertes y débiles
• Ponerme objetivos realistas y expectativas flexibles
• Evitar sentirme culpable por no llegar a todo
• Diferenciar las situaciones que dependen de mí y las que no
• Compartir la carga emocional, desahogo
• Establecer áreas personales libres, ajenas a la temática del trabajo
• Evitar contaminar los espacios de distracción con temas relacionados con el trabajo
• Formarme para sentir seguridad y confianza en mis funciones
• Validar que nuestro trabajo nos genere sensaciones desagradables
• Asumir el coste personal que implica nuestro trabajo
• Pedir ayuda
• Establecer redes personales de apoyo, evitando saturarlas
• Realizar ejercicio físico
• Alimentarnos y dormir bien
• Aprender técnicas de relajación y meditación
• Utilizar el sentido del humor
• Buscar espacios de ocio
• Incorporar actividades lúdicas de disfrute
• Fomentar la asertividad
• Hacer una buena planificación del tiempo y las tareas