¿CON QUÉ ESTILO TE IDENTIFICAS MÁS?

En este texto de trabajo vamos a desarrollar, brevemente, tres formas básicas que existen de relacionarnos con los demás. Según el autor en que nos basemos podemos hacer una clasificación más amplia. Centrándonos en Bowlby y en Ainsworth, hemos hecho tres distinciones, bastante comunes en la población.

¿Qué es el vínculo de apego?

Es el lazo afectivo que desarrollan los niños con sus figuras de referencia y que les proporcionan seguridad emocional y protección, produciendo un buen desarrollo de su personalidad.

¿Cómo se forma el vínculo?

Se produce en el momento en que los cuidadores o progenitores cubren las necesidades del niño, desde el nacimiento y durante su desarrollo. Cuando hablamos de necesidades no sólo nos estamos refiriendo a las instrumentales: comida, aseo, vestido, casa, etc. Sino también a las que están relacionadas con la seguridad emocional, es decir dándole protección y cariño y aún más cuando es demandado. Ahora os puede surgir la duda de si “¿es bueno dejar llorar al niño?” A través de diferentes estudios se ha comprobado que al niño que se le atiende en el momento que lo demanda, durante los primeros meses de vida, después son niños que lloran menos y muestran mayor estabilidad emocional.

En la medida que crecemos e interactuamos con los demás se van desarrollando los sistemas de apego que condicionarán nuestra forma de establecer relaciones. Según Ainsworth y otros autores vamos a diferenciar tres formas de establecer relaciones con lo demás en la vida adulta.

¿Con cuál te identificas más?

Apego seguro:

  • Hablas de tus sentimientos y lo que los ha provocado de forma tranquila, es decir tienes una comunicación eficiente.
  • Sientes que mereces el amor y el afecto de los demás.
  • No te dejas llevar por los pensamientos negativos.
  • En momentos de tensión, mantienes la calma y esperas que la otra persona mantenga una actitud comprensiva.
  • Consideras el vínculo que estableces con tu pareja, algo sólido y estable.
  • Si te encuentras en una situación que te genera sensación de que tus recursos son insuficientes no dudas en pedir ayuda.
  • Te sientes cómodo con el apoyo de los demás y no dudas en pedirlo.
  • Ante una crítica constructiva, te sientes agradecido porque te ayuda a seguir creciendo.
  • No te preocupa estar solo o no ser aceptado.
  • Buscas intimidad con tu pareja y piensas que los demás también la desean.
  • Eres rápido perdonando.
  • Estás seguro de tu capacidad para mejorar la relación.

Apego inseguro, ansioso-ambivalentes o preocupados:

  • Posees un sistema hipersensible, es decir, al menor indicio de peligro, sientes un estrés agudo y eres incapaz de volver a un estado de calma, hasta que recibas una señal inconfundible de que todo está bien.
  • Estás muy pendiente de si se producen cambios en tus relaciones.
  • Tiendes a precipitarte a la hora de sacar conclusiones.
  • Tienes la necesidad de establecer contacto (enviar mensajes, llamar, etc) de manera frecuente.
  • Te sientes incómodo en las relaciones íntimas.
  • Tienes miedo a sufrir un abandono por parte de la gente de tu alrededor, por lo que sueles sobreadaptarte a las demandas de los demás, pasado por encima de tus necesidades, para evitar esto.
  • Te cuesta confiar en los demás porque tienes miedo que te hagan daño.
  • Percibes no sentirte valorado por los demás, como tu sí lo haces con ellos.
  • Sientes que el grado de intimidad conseguido en las relaciones nunca es suficiente y necesitas más.
  • Manifiestas abundantes emociones que te desbordan.
  • Aceptas cosas que no te gustan para agradar a los demás.
  • Desconfías de tu pareja y puedes llegar a tener conductas de comprobación frecuentes, como por ejemplo leer sus mensajes del móvil.

Apego inseguro, evitativo:

  • En el muy recomendable libro “Maneras Amar” de Doctor Amir Levine y Rachel Heller viene recogido un conjunto de estrategias de desactivación que sueles utilizar si te encuentras dentro de este estilo de apego:
    • Decir “no estoy preparado para el compromiso” pero permanecer junto a la pareja, a veces durante años.
    • Fijarse en pequeñas imperfecciones del otro (su forma de vestir, comer, hablar, etc) y dejar que esto interfiera en lo que se siente por él, es decir, ver el gusano y no la manzana.
    • Seguir pensando en un exnovio/a, mientras se está manteniendo otra relación.
    • No decir “te quiero”, para dar a entender que se siente algo por la otra persona.
    • Retirarse cuando las cosas van bien (por ejemplo, no llamar ni contestar a los mensajes después de una cita romántica)
    • Establecer relaciones que no tienen futuro, por ejemplo con una persona casada.
    • Guardar secretos y ser confuso para preservar la sensación de independencia.
    • Evitar la proximidad física (no compartir la cama, evitar relaciones sexuales, etc.)
  • Tienes la sensación de que no vale de nada expresar cómo te sientes, ya que nadie lo va a escuchar.
  • Piensas que en esta vida hay que ser autosuficiente, valerse por sí mismo, llevado a extremos, es decir, sentirte incómodo cuando pides ayuda o directamente prescindes de hacerlo.
  • Te sientes cómodo no manteniendo relaciones íntimas.
  • Tienes la necesidad de sentirte independiente.
  • Sueles evitar expresar tus emociones.
  • Tiendes a expresar el enfado a través del aislamiento.
  • Tienes miedo a que los demás te vean vulnerable, por lo que evitas llorar delante de las personas.
  • Sueles pensar u opinar que pocas cosas te preocupan o te enfadan y si lo hacen no piensas en ellas.

 

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