El baúl de los juegos Aleteros II

Se acercan las vacaciones y vamos  a tener tiempo libre para poder compartir actividades en familia.

Os presentamos un juego para que fabriquéis y juguéis en casa con vuestros hijos.

EL JUEGO DE LA ESTRELLA

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Se trata de una especie de OCA donde cada tipo de casilla implica una prueba.

Según vayamos cayendo en cada recuadro sacaremos la tarjeta correspondiente. Si os fijáis tenemos tres tipos de tarjetas.

En nuestro modelo, que podéis adaptar a vuestro gusto, las tarjetas azules, la “interrogación”, tienen como objetivo que el niño llegue a una conclusión interpretando una situación dada. Por ejemplo:

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¿Dónde estoy?

Las tarjetas naranjas tienen dos intenciones, según el tipo de casilla en la que caigas. Si caes en el “lápiz” tienes que hacer un dibujo del objeto, acción o animal que te ha tocado y si caes en la “mano”, tendrás que representar el objeto con las manos, haciendo mímica.

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Las tarjetas verdes, la “espiral”, se centran en reforzar la capacidad del niño para generar alternativas de solución de problema de situaciones cotidianas.

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¡ESPERAMOS QUE LO DISFRUTÉIS¡

Cómo consolar alguien sin sentirme incómod@

No es extraño escuchar frases como: “no llores, que no pasa nada”, “no es para tanto”, o “no te pongas así” cuando una persona quiere consolar a otra, tanto si ambas son  adultas, como si una de ellas es menor.

Normalmente el que consuela, lo hace con su mejor intención, que es la de ayudar al otro, pero lo que probablemente no sabe, es que ese tipo de frases en ese momento  no sólo no suelen ayudar, sino que incluso pueden alejar de la persona.
Ver a una persona llorar desconsoladamente o muy enfadada nos puede activar sensaciones desagradables e  incomodar. Desde pequeños hemos aprendido que el enfado o la tristeza son emociones que debemos evitar mediante frases como: “qué fe@ te pones cuando lloras”, “si te enfadas así no te van a querer”, “me gustas más cuando sonríes”… Y eso hace con frecuencia tendamos a eludirlas y a autocensurarnos, ahogando el llanto en muchas ocasiones o disimulando la molestia que algo nos ocasiona.
Pero, ¿qué es lo que realmente necesitamos recibir de quien nos acompaña cuando nos sentimos tristes, enfadados, malhumorados etc..?
No es que nos rescaten lo antes posible de nuestra emoción, para volver a estar felices y contentos.
Tampoco que nos intenten explicar de forma racional porqué nuestra emoción no es la más adecuada …
Lo que sí nos ayuda en ese momento es que reconozcan nuestra emoción (1), la validen (2) y nos acompañen en ella (3). Tan sencillo y tan difícil. Frases como: – “Jo, veo que estas muy enfadad@” (1), “y es normal con lo que ha pasado” (2), “yo estoy aquí contigo” – y dar un abrazo- (3).
Cuando tenemos una experiencia emocional intensa, se activa una especie de sistema de alarma de protección, en lo que conocemos como cerebro emocional, que en ese momento toma el mando de nuestra actividad mental, por lo que los mensajes que tienen que ver con contenido racional no se captan bien y suelen ser ignorados.
Una vez que la intensidad disminuye, se desactiva la alarma, y el cerebro recobra la conexión con el resto de funciones, pudiendo atender entonces a esos mensajes racionales que ayudan a interpretar de forma más adaptativa la situación vivida, y a poder colocar la experiencia emocional de manera más ajustada.
Es entonces cuando frases del estilo: “podremos encontrar una solución”, “no lo ha hecho con mala intención”, “al final todo pasa”… pueden ser integradas en el cerebro ayudando incluso a asimilar mejor lo ocurrido, pero ahora y no en el momento del desbordamiento emocional en el que toda esa información no llega, y además puede generar rechazo y enfado en la persona a la que se está intentando consolar.
Ser capaz de detectar los momentos en los que la conexión racional de una persona está bloqueada para recibir mensajes por este canal, y emplear estrategias que inciden sobre el cerebro emocional es una buena manera de dar apoyo eficaz a otros.  Ayuda a las personas a vivir su emoción de forma más positiva, aún siendo desagradables como el enfado o la tristeza, a volver a equilibrarse  de manera mas eficaz y reparadora, y  además de generan vínculos más seguros y positivos entre las persona que da y la que recibe el apoyo.

10 razones para ver Inside Out en familia

Hoy os recomendamos una película que además de entretener a toda la familia, puede mejorar vuestro nivel de inteligencia emocional. Creemos que es bueno ver Inside Out porque:

1. Su visionado en familia supone un espacio de tiempo compartido que cubre una necesidad básica fundamental para vuestr@s hijos.
2. Es una película amena y divertida que aporta una visión diferente sobre el funcionamiento del ser humano.
3. Aporta a través de la fantasía una explicación del funcionamiento cerebral bastante acertada, a la vez que fácil de comprender.
4. Ayuda a identificar y comprender mejor las reacciones emocionales propias y ajenas.
5. Refleja situaciones de la vida cotidiana con las que podéis sentiros identificad@s y podéis aprovecharlas para abordar aquellas en las que los más peques o los adultos hayáis reaccionado o sentido de forma parecida.
6. Ofrece un aprendizaje importante respecto a la necesidad de identificar, sentir y expresar todas las emociones, y no solo las que nos resultan más agradables.
7. Podéis aprovechar el recurso de los personajes que representan la emociones  para situaciones posteriores. La estrategia de externalizar sus reacciones como obra de un “personaje que toma el control del mando” puede ayudar a l@s niñ@s a desculpabilizarse y favorecer un mejor control y regulación emocional.
8. Ayuda a establecer conexiones neuronales en ambos hemisferios cerebrales al trabajar funciones muy diversas como la imaginación, la identificación de sensaciones corporales, el lenguaje o el razonamiento.
9. Flexibiliza la imagen de uno mismo y el nivel de exigencia. Interpretar nuestras acciones como resultado de diferentes partes o personajes que median en nosotros, ayuda a entender y aceptar mejor nuestras reacciones por inadecuadas que puedan ser.
10. Permite parar el ritmo, pasad un rato entretenido, poner en pausa las preocupaciones y disfrutar del aquí y ahora.
Así que si aún no la habéis visto, o la queréis ver con una nueva mirada, ¡adelante!

10 claves para abordar los suspensos de tus hij@s

Junio es el mes en que comienza el verano, se acaba el curso, se inician las vacaciones… llega el ansiado descanso, el tiempo para disfrutar de la calle, la piscina y la pandilla… pero todo este alegre panorama puede verse teñido de gris con las temidas por muchos notas finales.

La mayoría de madres y padres se preocupan porque sus hij@s aprueben, a ser posible con buenas notas, y además suelen tomarlas como vara para medir el éxito personal y social, dejando a veces de lado otros elementos fundamentales para su desarrollo como la regulación emocional, el nivel de autoestima o la calidad de las relaciones sociales y familiares.

Por otro lado, es frecuente que cuando llegan a casa con algún suspenso, se empiezan a activar en los adultos, sensaciones de enfado, miedos y fantasmas del pasado que en ocasiones se manifiestan de forma desproporcionada. Que la reacción ante el boletín de notas sea ajustada, regulada y con una mirada positiva, va a facilitar en gran medida la asimilación del bache y el aumento de la capacidad de superación para afrontar el siguiente reto académico.

Por todo ello os dejamos estas 10 ideas que consideramos básicas para gestionar con éxito esta situación.

  1. Para y nota la reacción que te está provocando. Toma conciencia de la activación corporal que tienes y de los pensamientos que te están asaltando.
  2. Demora tu respuesta unos minutos, horas o un día si es necesario, pero reacciona cuando sientas que tienes un buen nivel de autocontrol.
  3. Valida y acoge la emoción de tu hijo: Pregúntale cómo se siente, acepta que esté enfadado, triste, apático, pasota… Utiliza frases del tipo “es normal que estés así, es una faena.”
  4. Ofrece tu apoyo emocional. Deja claro tu cariño, orgullo y valoración hacia tu hija o hijo. Establece contacto físico, abrázal@, dale un beso, una palmada… algo que le haga saber que estás ahí.
  5. Ofrece soluciones: Es momento de mirar hacia adelante, de ver qué opciones nos ofrece el camino a partir de ahora para alcanzar los objetivos propuestos, y no de atascarnos en lo que pudo ser y no fue.
  6. Realiza críticas constructivas: En ocasiones los malos resultados serán a causa de dificultades de aprendizaje, de falta de esfuerzo o una mala organización… sea lo que sea, es importante que aquellas cosas que consideréis que deben mejorar se les transmitáis desde una visión positiva, que les ayude a cambiar y mejorar, pero que no le llene de culpa y sentimientos de inutilidad.
  7. Plantead un plan B, un seguro, un paracaídas por si no se logran los ansiados objetivos, que haya opciones tras el temido reto.
  8. Ayúdale a organizarse: Ponerse con ellos, organizar un horario de estudio, con realismo y flexibilidad puede ayudar. Muestra confianza e interés, propón sin imponer, sugiere, pregúntale por su opinión, aconseja desde el cariño.
  9. Respeta el tiempo de ocio. El verano es para descansar, si toca trabajar también se hará, pero con flexibilidad y en una proporción adecuada.
  10. Apóyale pase lo que pase, en los momentos buenos o en los difíciles, entiende sus momentos de bajón, de pereza y de motivación… muéstrale que estás a su lado, preocupad@, pero también confiando en sus posibilidades.

Llevar a cabo estos pasos no garantiza el éxito académico, pero construye unos vínculos fuertes y saludables entre vosotr@s y favorece una mejora en su autoestima.

¿Cómo le explico a mi hij@ que le voy a llevar al psicólogo?

Cuando unos padres toman la decisión de llevar a su hijo/a a un psicólogo, a menudo les surge la duda de cómo trasmitirles esa noticia. Aunque la tendencia es asumir que ir al psicólogo puede ser tan necesario y beneficioso como ir a cualquier otro profesional de la salud, por desgracia, hoy en día, no es lo mismo contar que voy al fisioterapeuta o al dentista, que decir que voy al psicólogo. Este último caso sigue teniendo una connotación negativa que hace que no vivamos esta experiencia con la normalidad que en realidad conlleva.

Hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Edad: Antes de los 3 años no es necesario dar una explicación previa del motivo de la visita. Entre los 3 y 6 años informaremos con anterioridad a nuestro/a hijo/a de dónde vamos y lo haremos mientras le llevamos a la consulta. De los 6 años en adelante les daremos la información varios días antes para que vayan haciéndose a la idea. En este caso la información puede ser más extensa y procuraremos resolver todas las dudas que le puedan surgir.
  • Nivel de comprensión: El contenido de la información debe ser conciso, utilizando un vocabulario que el/la niño/a pueda entender. Nos ceñiremos exclusivamente a las preguntas del menor sin dar información innecesaria.
  • Estado de ánimo: Aunque en la mayoría de los casos los/as niños/as no ponen oposición para ir al psicólogo, hay algunos/as pequeños/as que se angustian ante este hecho. Buscaremos un momento en el que esté tranquilo/a para contárselo y le aclararemos que estaremos con ellos/as durante la visita.

Cuidando estos tres aspectos, solo falta saber el contenido de lo que le vamos a decir. Recordemos que los/las niños/as tienen una capacidad de atención limitada por lo que no servirá de nada dar largos discursos, así que seremos breves y naturales.

La clave consiste en trasmitirles que, igual que vamos al médico cuando nos duele la tripa o al dentista cuando se nos cae un diente, podemos acudir a otra persona para que nos ayude a sentirnos mejor cuando estamos enfadados/as, tristes, asustados/as, etc. y esa persona es un psicólogo. A través del juego aprenderemos trucos para solucionar aquellas dificultades que nos preocupan y sentirnos mejor.

Podemos acompañar la explicación de algún ejemplo que les resulte familiar, por lo que les diremos que hay niños/as que van al psicólogo porque les cuesta concentrarse cuando hacen los deberes, porque les da miedo dormir con la luz apagada,  porque se enfadan mucho con sus hermanos, porque se meten con él en el colegio, etc.

Tras darles esta explicación, contestaremos a sus preguntas, si las hubiera, y terminaremos realizando alguna actividad agradable con ellos.

A continuación os recomendamos este libro titulado “Mi primer libro de terapia” que os puede ayudar a generar en vuestro/a hijo/a una actitud más positiva ante la terapia.

 

Mi primer libro de terapia

Afronta tus miedos

Ser valiente no es no tener miedo, ser valiente significa conocer tus miedos, aceptar lo que nos hacen sentir y aún así seguir adelante.

En esta nueva viñeta de Monica Shehaan de su libro “Be Happy” lo vemos muy bien representado.

Así que no escondas tus miedos, míralos de frente, busca apoyo si lo necesitas y continúa caminando a pesar de ellos.

Feliz miércoles a todas y todos.

QUÉ HAGO PARA DETECTAR ACOSO Y ACTUAR FRENTE A ÉL

El acoso escolar es uno de los males más dañinos para la salud mental durante la infancia y sus repercusiones pueden perdurar a lo largo de toda la vida. Son muchas las personas adultas que llegan a nuestra consulta con nudos emocionales sin resolver de sus propias  vivencias de acoso como niños o niñas en el colegio.

Por ello es de suma importancia que tomemos en serio cualquier situación donde haya indicios, y que todos los implicados trabajemos en la misma dirección para intentar erradicarlo y reparar sus efecto.  Al hablar de implicados estamos incluyendo a las familias, menores acosadores, víctimas o testigos, comunidad educativa, profesionales de la salud, vecindario, sociedad…etc.

Cada vez existe mayor conciencia al respecto y multitud de iniciativas que apoyan la prevención e intervención en las aulas, lo que es de suma importancia y aunque la intervención terapéutica necesaria va a depender de las circunstancias y características de cada caso, existen unas pautas básicas para trabajar desde la familia que conviene tener en cuenta para cualquier situación de acoso:

Para la prevención:

  • Observa: Comportamientos inusuales, mayor presencia de enfermedades, ausencias o intentos de faltar al colegio.
  • Comunícate: Mantén un diálogo fluido de forma habitual, dedica 10 minutos diarios a escuchar de verdad cómo está, qué tal le ha ido el día… y ante sospechas,  no dudes en preguntar las veces que sea necesario sobre el tema que consideres.
  • Coordínate con profesores u otras figuras del centro educativo, compañeras y compañeros de clase y sus familias u otras personas relevantes, si es que crees que puede estar ocurriendo algo.
  • Expresa interés y afecto. No dejes de expresar lo importante que es para ti y tu apoyo incondicional, manifiesta afecto mediante besos, abrazos, caricias…
  • Ofrece herramientas: Aprovecha situaciones propias o ajenas para enseñarle maneras de afrontar situaciones difíciles, a defender sus derechos, a buscar ayuda, a sentir apoyo de su entorno…

Para la actuación:

  • Acoge sus emociones. NO CUESTIONES NI CULPABILICES. No hay nada que justifique el acoso, nadie tiene por qué sufrirlo. Es normal que sienta miedo, vergüenza, rabia, tristeza… no cuestiones lo que siente, sólo acompaña y ofrece ayuda para que pueda aprender a regularse de forma saludable.
  • Protege: Apoya, dile que estás a su lado, que le vas a acompañar en esto en todo momento y que se va a hacer todo lo necesario para que esta situación pare, haz que se sienta segur@ a tu lado.
  • Actúa. Ponte en contacto con el colegio y reúnete lo antes posible y las veces que sea necesario. Hay colegios que funcionan muy bien en este sentido, pero otros aún están en camino…insiste, pelea lo que haga falta,  pero consigue que se haga una buena intervención a nivel individual y grupal.
  • Busca apoyo: Es posible que sea necesario la ayuda profesional para abordar la situación y reparar el daño sufrido, por lo que no dudes en consultar a algún centro de psicología. Existen también muchas entidades de protección del menor como Save the Children que pueden ofrecerte un guía inicial sobre cómo actuar.
  • Resiste la frustración: A veces la situación puede prolongarse más de lo deseable y las respuestas que se obtienen no son las deseadas. Resiste y continúa. Es la salud de tu hij@ la que está en juego.

Son 10 pasos clave, que llevados a cabo de forma adecuada pueden ayudar a  solucionar una situación dura, por difícil que sea, e impedir que sus consecuencias sean irreparables.

Tod@s contra el acoso escolar.

¿Qué es eso del Mindfulness?

Cada vez son más las referencias que leemos en las redes sociales, medios de comunicacion  o en las conversaciones por la calle acerca del mindfulness. Pero, ¿tenemos claro qué es realmente?¿Para qué sirve? ¿Por qué cada vez más gente lo utiliza? ¿Sabías que los trabajadores de Google lo practican durante 20 minutos diarios antes de empezar sus tareas?

Desde Aletea consideramos que es una estupenda herrmaienta para la vida diaria de cualquier persona, y que ademas resulta especialmente beneficiosa en aquellos que tienen algun tipo de dificultad de carácter emocional, comportamental o cognitiva.  De hecho la entrenamos con muchas de las personas que acuden a nuestra consulta y nos parece que implantarla en el sistema educativo y en el ambito laboral reportaría un enorme beneficio social.

                                                             cabeza humo

Os dejamos un par de post que hablan al respecto y puede aclarar alguna de vuestras dudas.

https://psicologiaymente.net/mindfulness/mindfulness-escuela-profesores-alumnos

                                                             cerebro pausa

http://institutmindfulness.org/mindfulness-en-empresa/

Aprender a querer todo lo que eres

Esta ilustración de Sara Fratini, a la que admiramos mucho y que puedes seguir en facebook y en www.sarafratini.com o en www.flickr.com/photos/sarafratini nos parece que ilustra perfectamente una de las ideas que consideramos fundamentales para poder disfrutar de una “Buena Vida”. Conócete, acepta lo que hay dentro y quiérete… pero de verdad, con todo lo bueno y también con lo malo… aquellas cosas de las que no te enorgulleces, pero que forman parte de tu esencia… deja salir a ese “monstruo” que todos llevamos dentro y aprende a quererlo… porque gracias a él eres quien eres… y porque dejándole un hueco dejará de rugir con tanta fuerza.

¿POR QUÉ ME CUESTA TANTO DECIR QUE NO?

Esta es una de las frases que con frecuencia nos encontramos tanto en consulta como en nuestro entorno cotidiano… “Me han encargado un informe que no me correspondía y estoy agobiad@”, “Tengo que ir a pasar un fin de semana a casa de unos amigos y no me apetece nada”, “Me han pedido el favor de ayudar en una mudanza en mi único día libre…” Ejemplos como estos y muchos otros pueden ilustrar situaciones en las que hubiésemos querido decir NO, pero por alguna razón no lo hemos hecho. 

Pero, ¿cuales son esas razones? ¿Qué pasa si decimos que no? Cuando aceptamos algo sin quererlo realmente, estamos protegiéndonos de algún temor, intentando salvaguardar algo… preservando el vínculo con la otra persona… Pero a cambio, estamos también renunciando a reconocer y validar nuestra propia experiencia emocional y renunciando a expresársela al otro para que la conozca, impidiendo así construir un peldaño más de confianza en la relación con esa persona.
¿Pero, de qué nos protegemos? ¿De que se ofendan o se enfaden?, ¿de perder una amistad o un puesto de trabajo?

Obviamente cada caso será diferente, y las circunstancias pueden dar lugar a diversas situaciones, pero existe una tendencia general en la que nos asusta el enfado del otro, nos angustia esa sensación y preferimos evitarla a toda costa, incluso aunque eso conlleve hacer cosas que no nos apetece o nos parecen injustas.

Y quizá así calmemos esa desagradable sensación al menos momentáneamente , ya que se evita abrir un posible conflicto, pero también es cierto que aparece la sensación incómoda de “Me siento un/a pringad@”, “¡Qué pereza me da!”, “Estoy hart@ de estar siempre igual” etc. que se queda dentro formando una “bolita” o nudo de resquemor, rencor, decepción o llámalo como quieras, tanto hacia la persona que te ha pedido algo, como hacia ti mism@ por no saber negarte, que se queda pendiente de resolver. Y esas “bolitas” se van acumulando… Hasta que llega un día en que igual aquello estalla y, o bien tu cuerpo enferma expulsando toda esa activación negativa de la manera que buenamente puede, o  bien dices por fin que no… pero igual estamos tan saturados que lo hacemos de la manera menos adecuada, consiguiendo que efectivamente los otros se ofendan, se enfaden o te despidan…

¿Hay otra manera más sencilla y saludable? La buena noticia es que sí. Es una habilidad que se puede entrenar y mejorar, y aunque requiere pautas especificas, os dejamos unas recomendaciones que pueden servir para ir calentando:
Es importante que ante una situación en la que quieres decir NO sin atreverte, en primer lugar tomes conciencia de tu cuerpo y las activaciones que se producen en él: calor, sequedad de boca, temblor, parálisis… Para poder sostener e intentar rebajar la sensación de malestar que te genera sin que te abrume. A veces lo lograrás en el momento mediante la regulación de la respiración por ejemplo, pero otras tendrás que tomarte unos minutos y aplicar técnicas de relajación, o incluso postergarlo para otro día. Es un aprendizaje que va desarrollándose poco a poco, pero que acaba saliendo.

Puedes tener en cuenta estas ideas que ayudarán a tu cuerpo a estabilizarse y a sentirte preparad@ para afrontar la situación:
-Tu sensación es válida, tienes derecho a sentir lo que sea.
Expresar adecuadamente a los demás lo que piensas y sientes te hace ser más segur@ y genera más confianza en los demás.
-Las otras personas no te valoran solo por tu respuesta a su petición, sino por todo lo que tú eres, que el otro se enfade no significa que te valore menos.
-Poder expresar con tranquilidad y seguridad tu disconformidad ante cualquier situación, facilita que se resuelva de manera más satisfactoria para todas las partes.
-Las relaciones basadas en la sinceridad y confianza son mas satisfactorias y duraderas.

También sirve de ayuda planificar la escena, eligiendo el momento y contexto mas adecuados y protectores para ti, definir muy bien cual es tu postura y ensayar las veces que sean necesarias.

Por último actúa, exprésate. Mantén una postura erguida y la voz firme, reitera las veces que sea necesario tu punto de vista, recoge lo que el otro esta diciendo sin dejar de mantener tu postura… Utiliza frases del estilo “entiendo que lo veas así, para mí en cambio es de esta otra manera…” A veces, aún así, acabarás haciendo aquello que no querías, pero la satisfacción que genera solo el hecho de haberte podido expresar, reducirá muchísimo el malestar.

Puedes empezar por situaciones más fáciles, de menor riesgo y con personas de mayor confianza, y poco a poco ir  ampliando. Así que ánimo y date la satisfacción de al menos intentar mejorar esta habilidad que puede liberarte de situaciones incómodas y mejorar la calidad  de tus relaciones.