Leonardo, el fracasado

La figura de Leoanrdo da Vinci la asociamos a genialidad y éxito en diversas disciplinas, aunque en la celebración de su quinto centenario se nos aproxima más de cerca su figura como persona.

Este video habla de cómo vivió el fracaso, el rechazo, de cómo una persona puede caerse, pero no por ello, hundirse, sino levantarse una y otra vez.

En tiempos en los que no hay espacio para el malestar o la derrota, que vivimos en un mundo competitivo y lleno de impostura sobre nuestra vida en redes sociales, consideramos muy importante poder darnos el permiso de experimentar, de dudar, de practicar la prueba y el error…

Especialmente importante consideramos poder transmitirles estos valores a las niñas y niños que están formándose como personas, para que incorporen la naturaleza de su propio aprendizaje, con sus equivocaciones incluidas, sin temor a ser rechazad@s por ello.

Fomentemos en la infancia, la observación, la experimentación tangible, el ensayo y error como método de aprendizaje, dejemos que se equivoquen, que se caigan y aprendan nuevos caminos… fomentemos así la genialidad del fracaso.

Y tú, ¿te atreves a fracasar?

El estrés de hoy, el instinto del miedo de nuestros ancestros

Os traemos hoy un animado video creado por Walt Disney en los años 70, en el que explicaba al público infantil cómo funciona nuestro cerebro y las reacciones del miedo y el estrés en nuestra vida cotidiana.

No puede estar más en boga en la sociedad actual, en la que la prisa, el miedo al fracaso, y la sensación de vulnerabilidad nos acompañan de forma frecuente.

Son muchos los casos de estrés elevado y sintomatología ansiosa que nos llegan, sin entender muy bien por qué el cuerpo reacciona con potentes crisis de ansiedad, somatizaciones de tipo gástrico, o del sistema nervioso, muchas veces en los momentos menos esperados.

Por eso desde Aletea intentamos favorecer siempre la conexión con el cuerpo, que es la mejor fuente de información sobre nuestro propio estado de salud, y que nos envía señales constantemente que nos indican que debemos ajustar nuestra actividad diaria antes de traspasar determinados límites y mantener una salud adecuada. 

Por ello os invitamos a verlo, porque de una forma amena y simpática podemos comprender un poco mejor nuestras reacciones fisiológicas y la importancia de escuchar y atender al cuerpo un poco más y mejor en el día a día. 

Esperamos que os guste.

 

Acompañando en la emociones

Buenos días aleteras y aleteros.

Seguro que os resulta común escuchar a vuestro alrededor frases del tipo “no llores”, “no lo pienses más”, “es mejor que pienses en lo positivo”, etc.

Y es que es natural que cuando tenemos a una persona querida pasando por un momento difícil, deseemos que vuelva a sentirse tranquila y aliviada cuanto antes, pero a veces, nuestra ayuda puede provocar justo el efecto contrario si usamos este tipo de frases, ya que esa persona puede sentir que no se le está escuchando, ni dejando espacio para liberar la carga emocional al instarle a que bloquee o reprima el llanto.

En dichas situaciones, es importante tener claro que es muy probable que no vayamos a poder quitar el dolor que esté sintiendo nuestro ser querido, pero sí podamos hacer que esa persona se sienta acompañada, escuchada y comprendida, validando sus estados emocionales.

En el rincón de “Revolucionando el aula” hemos encontrado esta imagen donde se agrupan de manera clara y sencilla algunas frases que acogen esos sentimientos y favorecen que la persona tenga un lugar seguro donde expresar sus emociones, necesidades y deseos, y así se pueda sentir acompañada en esos duros momentos. Así se favorece que aparezca el alivio de forma más natural y que no se de lugar a la vergüenza o la culpa que a veces se nos añade en estos estados.

Como veis, tenemos en nuestra mano, con unos sencillos cambios en la manera de abordar las emociones, la posibilidad de favorecer un mejor desarrollo emocional de las personas que queremos. ¿Os  animáis a probar?

Mi hijo no me cuenta lo que ha hecho en el colegio

Es muy común que las mamás y los papás que vienen a sesión con sus hij@s hagan un comentario parecido a este “no soy capaz que me cuente qué ha hecho en el colegio”.

Desde Aletea os vamos a dar 5 sencillos consejos para mejorar la comunicación con l@s niñ@s:

  1. Ponerse a su altura y mirarle a los ojos.
  2. Empezar a hacer preguntas muy concretas y de su interés:
    Por ejemplo: “¿Has jugado hoy con Dani?, “¿Qué ha sido lo mejor del día?, ¿Qué ha sido lo peor?”
  3. Mostrar un gran entusiasmo con lo que puedan contarnos:
    “¿Has jugado hoy con Dani?, sí ¿a qué habéis jugado?, al pilla-pilla, ¡qué divertido! A mi también me gustaba mucho jugar al pilla-pilla, ¿quieres que juguemos juntos esta tarde?”
  4. Compartir con ell@s anécdotas de cuando éramos pequeñ@s parecidas a las que está viviendo, para que se vea representado y comprendido.
  5. Animarl@s a que ahora sean ell@s los que nos pregunten algo de nuestro día, y si no son capaces, podemos contarles algo que sabemos que les va a gustar.
    Por ejemplo: “¿Sabes qué me ha pasado hoy? Cuando iba a coger el autobús para ir a la oficina me encontré 1€ en el suelo ¿qué quieres que cojamos en el quiosco?”

Además de ser importante encontrar la forma adecuada de cómo introducir una conversación con nuestr@s hij@s, también es importante elegir adecuadamente el momento, que debe ser tranquilo y divertido. La merienda es un buen ejemplo.

Esta Navidad deja el móvil en el bolsillo

Nuestra sugerencia para esta Navidad: deja el móvil en el bolsillo. Te explicamos por qué:

Estamos viviendo un momento de cambio y aumento de las tecnologías, donde las redes sociales y los móviles están cogiendo mucho protagonismo en nuestros días. Vemos cómo se está normalizando la situación de ver a niñ@s o mayores entretenidos con sus móviles en la mesa sin participar en la conversación. Todo esto puede provocar una curiosa paradoja “los móviles están interfiriendo en las comunicaciones intrafamiliares” provocando que la estampa que representa el anuncio de Ikea esté muy próxima a la realidad.

Las tecnologías no han de ser el enemigo de las relaciones personales sino un complemento para mejorarlas, pero el mal uso a veces está sustituyendo muchos actos por emoticonos.

Este pequeño post junto con el anuncio de Ikea, sólo persigue traer a la consciencia esta situación a cada uno de nosotros. Se trata de tener más control a la hora de responder un WhatsApp durante una cena familiar y empaparnos de las experiencias de los seres queridos de alrededor de esa mesa de Navidad. Enseñarles a los más peques que los móviles sólo son una herramienta para mantener cerca a los que están lejos y no un sustituto de las interacciones afectivas.

Los beneficicios de volver a la rutina

La vuelta a la realidad es dura.

Necesitamos unos días de adaptación para cambiar las chanclas por el ordenador, y la crema protectora por cafés de máquina.

Son días de compartir las experiencias vividas y añorar los lugares disfrutados.

También es cierto que la vuelta supone un nuevo comienzo, una nueva oportunidad de implementar cambios en lo personal y lo profesional.

Renovamos las energías con un nuevo impulso, que aunque en pocas semanas se suele diluir, es bueno poder aprovechar.

Utilicémoslo para conectar con aquello que nos hace sentir bien, sensaciones que tenemos más recientes y podemos mantener.

Aquí tienes cinco sencillas claves que pueden ayudar a tu cerebro y a tu cuerpo a incorporarse con mejor energía.

  • Organiza mejor tu tiempo, intenta crear un momento nuevo especialmente para ti. Madruga más, resérvate una tarde entre diario o en el fin de semana. Esto puede ayudarte a mantener tu esencia, a no dejarte arrastrar por las obligaciones y anteponer siempre a los demás. Tú eres importante y saber cuidarte es fundamental para sostener el cuidado del resto de personas y obligaciones.
  • Introduce algo de ejercicio y movimiento. Vives en tu cuerpo, y mantenerlo ágil y saludable favorece la calidad de tu vida.
  • Depura tu dieta, introduce alimentos saludables de calidad y ricos en nutrientes. Solemos hacer excesos en el verano, y ahora está bien poder filtrar con una buena dieta, en la que volvamos a tener en cuenta las necesidades nutricionales de nuestro organismo.
  • Contacta con la gente que te hace sentir bien, fomenta tu sonrisa. El contacto con las personas es una de la fuentes de sanación más potentes. Elige bien con quién te apetece estar, y disfruta de su compañía y afecto.
  • Conéctate con la naturaleza, Ve a la montaña, o al parque de tu barrio, intentando hacer paseos conscientes. Estar en contacto con la naturaleza tiene importantes efectos beneficiosos en nuestra salud física y mental, y  es especialmente importante cuando vivimos en ciudades. Intenta vencer la pereza de vez en cuando y regalarte un paseo en el que disfrutes de tu entorno de manera plena.

Ánimo y a intentar allanar esa cuesta arriba con que nos suele  recibir septiembre.

GRACIAS POR ALETEAR CON NOSOTRAS

Esta semana cerramos el curso. Un curso lleno emociones y crecimiento.

Un curso en el que hemos celebrado nuestro primer año en funcionamiento, en que habéis sido más de 100 personas las habéis confiado en Aletea para acompañaros en vuestro camino…

En que hemos llenado de vida y luz los despachos con horas de trabajo dedicadas al bienestar y la salud.

Un curso en el que hemos aprendido y crecido también nosotras con cada experiencia que habéis compartido.
Así que solo nos queda daros las GRACIAS.

A l@s que habéis venido a Aletea este año, a l@s que nos leéis, compartís o seguís en Facebook, a l@s que nos escribís reseñas, a los que nos recomendáis a otras personas, a l@s que confiáis por primera vez, a l@s que aún os lo estáis pensando y a l@s que ni siquiera habéis oído aún hablar de nosotras.

GRACIAS por estar ahí y hacer que el vuelo de Aletea suba cada vez más alto con vuestra fuerza.

Porque Aletea es nuestro sueño, es lo que somos y con lo que queremos acercarnos a cada un@ de vosotr@s.

Buen verano y a seguir moviendo las alas.

 ¡Os esperamos en septiembre!

Fatima, Isabel y Sandra

Por qué ser dependiente a veces, te hace más fuerte.

“Debes ser una persona independiente”, “Tu amiga tenía mucha dependencia de su pareja”, “No quiero que mi hij@ sea tan dependiente de nosotros”. Frases que escuchamos con frecuencia y que nos plantean una idea de la dependencia como algo negativo y en ocasiones asociado a debilidad, exceso de sensibilidad y necesidad patológica de contacto con otras personas.

Desde aquí queremos aportar una nueva visión a la necesidad de depender de otros como tal, una necesidad, no un capricho, una debilidad o ni siquiera una elección.

Los seres humanos nacemos prematuros y dependientes. Dependientes para la supervivencia. Necesitamos de una figura cuidadora que nos alimente y cubra nuestras necesidades básicas durante los primeros años de nuestra vida, de no ser así, moriríamos.

Y nuestras necesidades básicas comprenden el alimento, el cobijo y la estimulación, así como otras muchas como el contacto físico y el afecto, la necesidad de ser mirado, de refuerzo positivo, de ser escuchado… y también de poder depender del otro. Sí, tan importante como que me alimenten, puede llegar a ser para la estructura de la persona sentir que puedo depender de los demás de forma natural y saludable. Esto no es sólo durante los años más tempranos de nuestra infancia, sino a lo largo de toda nuestra vida.

Ser dependiente fortalece a la persona. No serlo siempre, pero sí serlo cuando es necesario, de forma tranquila, sin que eso active otras emociones como la culpa, el rechazo, o el miedo al abandono.

Una persona que vive de forma sana poder ser dependiente, va a poder pedir ayuda a las personas que tiene alrededor en los momentos en que necesite apoyo, fortaleciéndose, al sentir el afecto del otro, estableciendo vínculos de confianza y seguridad, y adquiriendo nuevas herramientas que le ayudarán a manejar situaciones similares que puedan sobrevenirle con mayor sensación de control. Todo ello repercute en una mayor autoestima, y una estructura más fuerte y estable.

Del mismo modo es importante que las personas podamos mostrarnos disponibles cuando alguien a nuestro alrededor pueda necesitarnos, ofreciéndole de igual manera el apoyo, seguridad y estrategias para afrontar ese momento de dificultad.

La experiencia de poder ayudar a otros es también gratificante para un@ mism@, fortaleciendo nuestro autoconcepto, reforzando nuestras propias capacidades y favoreciendo los vínculos afectivos con las personas con las que tenemos más confianza.

Como la mayoría de cosas en la vida, esto es oportuno si lo hacemos con un equilibro adecuado, y los roles pueden ser intercambiables. Vemos con frecuencia como las relaciones basadas en roles muy marcados y fijos, acaban deteriorándose... Las personas que siempre dan apoyo suelen acabar saturados y sin permitirse tener el apoyo que necesitan en ninguna ocasión. Por otro lado, aquellas personas que suelen adquirir el rol constante de dependencia se sienten menos capaces y bloqueados a la hora de afrontar sus dificultades. Es por ello, de la importancia de poder fluctuar entre ambos polos. 

Para que esto sea posible es necesario haber vivido nuestro período de dependencia natural de la infancia de forma sana. Esto pasa por haber recibido la atención necesaria cuando lloramos, ser atendid@s cuando lo requerimos, haber sido acompañad@s en nuestro proceso de aprendizaje favoreciendo la autonomía de forma progresiva, habiéndose validado nuestras emociones independientemente de lo bien o mal que les encajasen a los adultos a nuestro alrededor…

Requisitos que no siempre las circunstancias permiten que se cumplan, por lo que es frecuente que en la edad adulta sea necesario poder reparar esas necesidades.

Afortunadamente, aunque no se puede cambiar el pasado, sí podemos cambiar la manera en la que vivimos y recordamos nuestras experiencias, así como sanar emociones bloqueadas o dolorosas desde nuestra visión de adulto por antiguas que sean.

De hecho es uno de los trabajos que es frecuente llevar a cabo en un proceso terapéutico, y que favorece que los adultos recuperen confianza y fortaleza al poder experimentar un proceso de dependencia natural, que además les permite establecer relaciones mucho más saludables.

Así que es buena idea facilitar en nuestras niñas y niños que vivan su necesidad de dependencia de forma feliz y natural, acompañándoles en el desarrollo de su aprendizaje desde el cariño y los límites que requieren. También lo es identificar en nosotr@s mism@s la vivencia del continuo ser dependiente-independiente en diferentes momentos que tenemos, y revisar si hay alguna carencia al respecto susceptible de abordar. Poder hacerlo es garantía de mejorar la calidad de nuestras relaciones interpersonales y vivir con mayor salud emocional.

Os dejamos las 5 ideas básicas que no debéis olvidar sobre la dependencia.

  1. La dependencia es una necesidad básica del ser humano.
  2. Que se cubran nuestras necesidades relacionadas con la dependencia genera estructuras más fuertes en las personas.
  3. Ser dependiente en algunas ocasiones, fortalece para ser independiente en otras muchas.
  4. Los roles de dependencia entre los personas deben fluctuar para que las relaciones no se deterioren y conviertan en tóxicas.
  5. Tanto en la infancia como en la edad adulta podemos intervenir para generar una base segura respecto a al dependencia, que favorezca mayor fortaleza y autonomía.

¿De dónde me sale tanto enfado?

¿Te ha ocurrido alguna vez que explotes en el momento más inoportuno o con una persona que no te había hecho nada? ¿Has presenciado un estallido de enfado entre dos desconocidos que te resulta desproporcionado a la situación? ¿Has vivido reacciones violentas al volante ante la más mínima molestia? En más de una ocasión habrás escuchado o utilizado la expresión “es la gota que colma el vaso”,  que podría explicar cómo el enfado tiene una capacidad de aguante limitada y llega un momento en que “ya no cabe mas”.

Otra cosa que suele ocurrir es que nos estalle el enfado incluso sin que haya habido gota aparente que nos colme. Son enfados que pueden ser genéricos, asociados a otra persona o a la que tenemos delante.
En cualquiera de los casos, el mecanismo que se pone en marcha en nuestro cerebro es el de unas señales de alarma o disparadores que nos conectan con el canal del enfado de manera que este se “apodera” de nosotros dejando salir “sin filtro” una serie de reacciones físicas verbales y emocionales que pueden generar cuanto menos malestar interno y a los que nos rodean.
Sentir enfado es algo natural y necesario. Es una respuesta adaptativa que tenemos para afrontar determinadas situaciones. Poder expresarlo es fundamental, ya que genera una serie de activaciones físicas y cerebrales que necesitan ser liberadas. Cuando esto no se hace, toda esa energía generada es como si quedase “pendiente” dentro de nosotros y se fuese almacenando en una especie de saco (la amígdala). Ademas activa una neurored que cada vez es más gruesa y comprende más terminaciones que se relacionan con la vivencia del enfado.
Esto hace que se asocie a mayor cantidad de experiencias vividas sin ser resueltas, en las que con seguridad se han quedado necesidades sin resolver que generan una especie de “hueco emocional” (la de expresarme, la de que me tengan en cuenta, la de que me reparen un daño infringido…). Es por ello, que ese enfado es capaz de hacernos sentir el dolor asociado a todas esas situaciones que nos enfadaron, y también a la sensación de vacío que esos huecos sin cubrir nos produce. De ahí que a veces resulte tan intensa la sensación.
Lo ideal es poder reaccionar de forma natural a cada una de estas activaciones, y cuando eso no es posible por el motivo que sea, las circunstancias no son las oportunas,  tengo dificultades para expresarme con libertad, temo la reacción de la otra persona y me resulta menos costoso callarme etc., lo guardaremos y acumularemos.
El tipo de educación, el permiso que hayamos tenido desde la infancia para expresarnos con libertad, la experiencia con el enfado de otras personas que hayamos vivido, o el vínculo establecido con el interlocutor pueden determinar nuestra capacidad de gestión de la ira.
En cualquier caso, para evitar esas situaciones de reacciones desproporcionadas que en ocasiones pueden resultar tan dañinas, sería conveniente poder pararnos a revisar nuestra capacidad de manejo del enfado. 
Si sientes que esto te ocurre con frecuencia o cuando lo hace es con una intensidad elevada, es probable que te viniese bien realizar un trabajo personal que te permita identificar y regular esos sacos saturados de emoción negativa, que quizá necesiten vaciarse, y así te permitas gestionar de forma más saludable para ti y para tu entorno determinadas situaciones y dejar espacio a sensaciones más reconfortantes.
La buena noticia es que está en tu mano poder cambiarlo y mejorar tu calidad de vida.