La importancia de los ritos

 

Noches como esta sirven a millones de personas para hacer balance, para dejar atrás lo malo, poner el contador a cero e iniciar una nueva etapa… Da igual si quemamos un papel, la ropa o nos damos un baño a media noche… Si lo acompañamos de creencias religiosas o paganas… Al final lo importante es que sirven para ofrecernos un nuevo comienzo.

Este tipo de fechas así como el fin de año, el final del curso o el propio cumpleaños nos permiten parar por un momento. Parar para poder mirar hacia atrás y también hacia adelante. Comparamos con la situación que teníamos el año anterior o fantaseamos con la situación que nos gustaría vivir el siguiente…
A veces el balance nos hace sentirnos bien y aliviados si hemos alcanzado nuestros propósitos, pero también puede ser una fuente de frustración e insatisfacción con nosotros mismos y la vida que llevamos cuando no es así.

Sea como fuere, desde Aletea queremos destacar que independientemente del resultado, lo importante es poder enfocar con una mirada positiva nuestra situación, de manera que nos permita seguir avanzando por el camino que nos toque recorrer de la mejor manera posible.

Para ello es cierto que es bueno ponernos plazos, tener fechas significativas en las que poder revisar nuestra marcha… Nos sirve para no eternizarnos en el cumplimiento de nuestras tareas, no relegar nuestros sueños al olvido o sucumbir a la procrastinacion. También para desenredarnos de dinámicas negativas que a veces se apoderan de nuestras vidas.

Por ello os animamos a usar estos días señalados, ritos de transición o como queráis vivirlos, para darnos un empujón de positivismo, mediante el que podamos disfrutar y premiarnos por los logros alcanzados, trazar nuevos planes para alcanzar los pendientes y afrontar las dificultades que surjan.

¿Qué cualidades me ayudan a ser una madre o un padre más eficaz?

Ser madre o padre no es tarea fácil. Lo intentamos hacer lo mejor posible pero no siempre nos salen las cosas como queremos. Os proponemos que potenciéis ciertas cualidades que tenéis y que seguramente ya habéis puesto en práctica en muchos ocasiones, para que os relacionéis con vuestr@s hij@s de forma satisfactoria,  independientemente de la edad que tengan.

  • Demostrar amor de forma incondicional

L@s niñ@s y adolescentes necesitan saber que sus padres les quieren y se preocupan por su bienestar, incluso cuando han hecho algo mal. Por ello es importarle trasmitirles amor y valoración por el simple hecho de ser nuestr@s hij@s y no porque hagan cosas para merecérselo.

  • Mostrar respeto

El respeto es un valor que debe fluir entre todos los miembros de la familia, no sólo tiene que darse de hij@s a padres sino de padres a hij@s. Aunque a veces nos resulte difícil comprender los enfados, los miedos o la tristeza que sienten l@s más pequeñ@s de la casa, es importante validarlos y respetarlos. Igual que nosotr@s nos enfadamos por cosas del trabajo, ell@s se pueden enfadar porque han perdido el partido de baloncesto o porque la comida del comedor no les gusta.

  • Poner normas y límites

Aunque l@s hij@s no lo reconozcan así, incluso se revelen ante las normas y límites que les ponemos, lo cierto es que les hacen sentirse segur@s. A través de una comunicación asertiva, debemos ser capaces de aplicar las normas de forma consistente y adecuada a la edad y la etapa del desarrollo por la que atraviesan nuestr@s hij@s. Si un día nos mantenemos firmes aplicando cierta norma, y al día siguiente no, nuestra credibilidad se verá cuestionada.

  • Dar ejemplo

Una de las principales técnicas por las que aprendemos comportamientos nuevos, es la observación. Por ello es importante que las personas que rodean a nuestr@s hij@s, sean ejemplo de aquellas conductas que queremos instaurar. El papel de los padres será fundamental en esta tarea ya que la mayoría de niñ@s y adolescentes confían en sus padres más que en ninguna otra persona.

  • Generar experiencias positivas

En la medida de lo posible, es aconsejable facilitar a nuestr@s hij@s actividades lúdicas en las que puedan explorar, curiosear, descubrir, entretenerse, etc. tanto en grupo como de manera individual. Intentaremos que estas actividades sean novedosas y divertidas, favoreciendo la participación de todos los miembros de la familia.

  • Aprender de las experiencia negativas

Aunque pongamos todo nuestro empeño en evitarles dolor a nuestr@s hij@s, va a ser irremediable que en ocasiones vivan experiencias desagradables que les hagan pasarlo mal. Cuando esto ocurra, estaremos allí para acompañarles desde la tranquilidad, porque el haber vivido situaciones de este tipo, es una oportunidad de aprendizaje y de cambio. Frases como “¿qué podemos hacer la próxima vez para que no pase?”,  “y si vuelve a pasar ¿qué podríamos hacer para sentirnos mejor?” nos ayudaran a afrontar mejor las situaciones difíciles.

¡Esperamos que os sirva de ayuda!

¿CÓMO ENSEÑARLE A COMPARTIR?

“Dale el coche, él también quiere utilizarlo, tú puedes jugar con la pelota”, “hay que compartir”, “no puedes ser egoísta”…

Cuando trabajamos con niños una de las demandas más comunes que nos encontramos, por parte de las familias, es la necesidad de que sus hijos puedan dejar sus cosas y compartirlas con otros niños.

Cuando comparten sus juguetes es un signo de buena educación y amabilidad y eso nos reconforta como adultos. El problema está cuando esto no es así. Entonces podemos caer en el error, de ser nosotros los que prestamos cosas que no son nuestras y el niño estará aprendiendo muchas lecciones en un solo momento:

-Aprenderá que se pueden dejar las cosas que no nos pertenecen, como está haciendo papá.

-También aprenderá a no respetar los deseos y las necesidades de los demás, porque es más importante lo que dicten los valores sociales .

-Por último y no menos importante, entenderá, que mis padres no me está entendiendo ni escuchando.

“Hace unos días estaba en el metro y escuché una conversación entre dos amigas. Una, la que parecía más preocupada, decía: “el domingo subí al desván y cogí la bicicleta de Miguel, la que ya no utilizaba porque le quedaba pequeña y se la di a su vecina, pues no sabes el pollo que me llegó a montar por la bicicleta que ya no le hacía ni caso, tardó en calmarse más de una hora y al final hasta acabé castigándolo sin bajar a la piscina”

Si nos posicionamos desde el punto de vista del niño, hemos aprendido que  a partir de ahora, vamos a utilizar TODO, para que mi madre no se crea en el derecho de dar algo a personas casi desconocidas, sin consultarme.

Ahora los lectores os estaréis preguntando, “entonces, ¿cómo lo hacemos?

  1. Es importante que antepongas las necesidades, deseos y emociones del niño ante lo que dictan los rituales sociales. Por ejemplo “creo que es el momento de dar la bici, a ver cómo reacciona cuando se lo exponga y si veo que le agita demasiado, esperaré a volverlo a proponer y cuando esté preparado la regalaremos”
  2. No etiquetes cuando no quiera compartir “no seas egoista”, “eres malo”…etc.
  3. No tengas prisa, si no está preparado, dale el tiempo que necesite para que poco a poco pueda ir compartiendo sus juguetes y su espacio.
  4. Ayúdale a expresar cuáles son sus necesidades y deseos “veo que te estás enfadando porque no quieres dejarle la pelota”
  5. Ayúdale a buscar soluciones al problema de manera consensuada “No quieres dejarle tu cuerda aunque ahora no la estés utilizando, ¿cómo lo podemos solucionar?, papá tiene una idea ¿quieres escucharla?”
  6. Busca soluciones en que ambos protagonistas salgan beneficiados, como por ejemplo organizar un juego conjunto.
  7. Una vez que preste el juguete, en el momento que lo quiera recuperar, se lo entregarás inmediatamente, para que aprenda que todo lo que presta, vuelve cuando lo necesita.
  8. Haz de modelo para tu hijo. Si ve cómo compartes tus cosas, utilizas la palabra compartir para describir sucesos agradables y ve como obtienes refuerzo por parte de los demás, es más probable que poco a poco él vaya aprendiendo a ser generoso.

 

Cambia la perspectiva con la que miras tu realidad

A veces las circunstancias no son fáciles y cuesta ver el lado positivo de las cosas… para esos momentos difíciles os proponemos una vuelta de hoja que facilite al cambiar la mirada. Un cambio de perspectiva que, aunque no vaya a hacer que las cosas sean diferentes, sí puede conseguir que la manera de vivirlas sea más positiva.

Ilustramos esta idea con el ya conocido libro de Monica Sheehan “Be Happy”

https://www.facebook.com/monica.sheehan.3?fref=ts

Construye tu propia realidad 

¿Suelen funcionar los castigos que les pones a tus hij@s?

En ocasiones nuestros hijos tienen comportamientos que no deseamos que se vuelvan a repetir y por ello recurrimos al castigo. Pero no siempre acertamos con el tipo de castigo que imponemos y eso hace que el comportamiento que queríamos extinguir vuelva a aparecer, incluso con más intensidad.

Aunque castigar parezca fácil, debemos tener cuidado de no ser impulsivos y reflexionar sobre lo que queremos conseguir con el castigo. Siempre mantenemos la idea de que a l@s hij@s hay que trasmitirles amor y valoración, y esto se debe mantener incluso cuando les castigamos. L@s pequeñ@s deben sentirse queridos especialmente cuando les hemos dicho que han hecho algo mal. Y lejos de interpretar estas situaciones como un problema, podemos verlo como una oportunidad de cambio y de aprendizaje tanto para l@s niñ@s como para los adultos.

Será imprescindible tener claras estas tres ideas para que las claves que os recomendamos funcionen:

  • No amenazar con cosas que no vamos a cumplir (por ejemplo: “como no te portes bien te llevaré a vivir con la abuela”).
  • Ser constante con la aplicación del castigo. Si cuando aparece el comportamiento que queremos eliminar, unas veces aplicamos el castigo y otras no, nuestra credibilidad se verá cuestionada.
  • Animar a nuestro hijo diciéndole que sabe hacer las cosas bien, aunque a veces cueste que salga a la primera.

Teniendo estas ideas presentes, será más probable que las claves que te ofrecemos a continuación garanticen que la tarea de castigar no sea desagradable para ningún miembro de la familia.

  1. Hablarle en positivo para pedirle que haga lo que deseamos.
    • Le diremos: “cariño si recoges la habitación, luego haremos un bizcocho junt@s”, en lugar de: “ Como no recojas la habitación no prepararemos el postre”.
  1. Anticipar la consecuencia que van a tener sus actos y no imponer el castigo por sorpresa.
    • “Jaime si no recoges la habitación no podremos bajar a jugar al parque”
  1. El castigo debe ser proporcionado al comportamiento del niño.
    • Si mi hijo no hizo los deberes un día, en lugar de castigarle un mes sin salir, puedo quitarle el móvil durante 1 o 2 días
  1. Darle la oportunidad de recuperar el premio perdido si repara su conducta
    • “Si haces los deberes durante lo que queda de semana, valoraré que te puedas quedar a dormir a casa de tu amigo”
  1. Cuando haya reparado su comportamiento, reforzaremos que tiene capacidad para hacer bien las cosas y que confiamos en él/ella para que siga haciéndolo así de bien en sucesivas ocasiones
    • “Muy bien cariño, sabía que podías hacer los deberes y terminarlos a tiempo. Seguro que la próxima semana lo haces igual de bien”

¡Esperamos que os sean de ayuda!

Trucos de “La vida es Bella” para gestionar mejor tu día a día

¡Buenos días aleteroooos!

Todo el que ha visto esta película se enternece al recordarla, probablemente mas de un@ incluso se emocione, y es que esta película consigue contar una historia de enorme crudeza desde la inocente visión de un niño de 5 años.

La clave está en la admirable labor de este papá, que es capaz de abstraerse de la terrible situación que esta viviendo para convertir su vivencia de la misma en algo lúdico,  sin que suponga la experiencia traumática para su hijo que correspondería tener.
Lo que es interesante poder incorporar en la manera de gestionar situaciones del día a día, es el enorme poder que tienen los padres y las madres para transformar las vivencias de sus hijos en experiencias positivas o negativas… el acompañamiento que hagamos de cada situación va a hacer que se quede almacenado en sus cerebros con un determinado impacto emocional, por lo que, como en la película ocurre,  además del hecho en sí, la interpretación que le ayudemos a hacer puede ser muy diferente y determinante.
Es importante tener en cuenta también que para que una persona sea capaz de incluir este espíritu positivo en la manera de relacionarse con los demás,  tendrá que previamente vivir su propia realidad desde el positivismo y la aceptación. Acciones como comenzar el día con una muestra de afecto hacia las personas que queremos puede ayudar (Seguro que recordáis el “Buenos días princesaaaa”), así como afrontar las situaciones difíciles desde la óptica de la búsqueda de soluciones más que desde la de centrarse en el problema (Como las historias que inventaba Roberto para su hijo, en vez de sumirse en la desgraciada situación que estaban viviendo).
Son detalles sencillos pero muy importantes que pueden favorecer tanto un mayor nivel de satisfacción de la vida cotidiana, así como un desarrollo personal y emocional más adecuado y enriquecedor para l@s más pequeñ@s. Y aunque estemos refiriéndonos a una ficción, sí es posible tomar nota de alguna de sus enseñanzas para poder aplicarla a nuestra manera en la vida real.
Es por ello que desde Aletea queremos destacar 5 ideas importantes:
1. La realidad se interpreta según nuestra mirada, por lo que existe la posibilidad de obtener algo positivo hasta de la más terrible de las situaciones.
2. El juego y la imaginación son armas poderosísimas con las que contamos para poder transformar la batalla más terrible (incluso la de ponerse el pijama cada noche) en una actividad lúdica, divertida y llena de afecto, que refuerce las conexiones neuronales más positivas y saludables tanto en la infancia como en la etapa adulta.
3. Una persona que piensa en positivo favorece el pensamiento positivo de los que están a su alrededor, que siente en positivo, genera emociones positivas en su entorno… cuando es lo negativo lo que predomina, ocurre lo mismo.
4. Empezar el día con una sonrisa, una muestra de afecto y un espíritu optimista ayuda a que vivamos la vida de forma más saludable.
5. Centrarnos en la búsqueda de soluciones y en el “qué puedo hacer yo para que una situación mejore”, ayudan a superar los obstáculos con mayor facilidad.
Así que os animamos a que os impregnéis del espíritu de esta bonita obra de Roberto Benigni y os aprovechéis de sus beneficios…

El baúl de los juegos Aleteros II

Se acercan las vacaciones y vamos  a tener tiempo libre para poder compartir actividades en familia.

Os presentamos un juego para que fabriquéis y juguéis en casa con vuestros hijos.

EL JUEGO DE LA ESTRELLA

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Se trata de una especie de OCA donde cada tipo de casilla implica una prueba.

Según vayamos cayendo en cada recuadro sacaremos la tarjeta correspondiente. Si os fijáis tenemos tres tipos de tarjetas.

En nuestro modelo, que podéis adaptar a vuestro gusto, las tarjetas azules, la “interrogación”, tienen como objetivo que el niño llegue a una conclusión interpretando una situación dada. Por ejemplo:

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¿Dónde estoy?

Las tarjetas naranjas tienen dos intenciones, según el tipo de casilla en la que caigas. Si caes en el “lápiz” tienes que hacer un dibujo del objeto, acción o animal que te ha tocado y si caes en la “mano”, tendrás que representar el objeto con las manos, haciendo mímica.

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Las tarjetas verdes, la “espiral”, se centran en reforzar la capacidad del niño para generar alternativas de solución de problema de situaciones cotidianas.

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¡ESPERAMOS QUE LO DISFRUTÉIS¡

Los celos, ¿muestra de amor o de inseguridad?

Habitualmente las personas sentimos miedo al imaginar que podemos perder algo que queremos. En el seno de una relación de pareja estos miedos o inseguridades se pueden traducir en celos. Y es que los celos son sentimientos que surgen cuando sospechamos que la persona amada siente amor o cariño por otra lo cual nos lleva a retenerla de manera irracional.

Sentirnos celos@s, en cierta medida, pueden alertarnos sobre algo en nuestra relación que no va bien, y movilizarnos al cambio para mejorarlo.  Estos celos representan una actitud sana que no dañan a los demás porque son pasajeros y surgen por un motivo real que lo justifica.

No obstante, cuando manifestamos los celos de manera descontrolada e irracional estamos poniendo en peligro nuestra relación y bienestar emocional. En ese momento se recomienda pedir ayuda a un profesional para explorar el motivo por el cual se adopta esa actitud tan dañina hacia nosotr@s mism@s y hacia la pareja.

Los celos son una expresión de inseguridad, baja autoestima e incluso ansiedad que sufre una persona respecto a su pareja. La desconfianza y falta de control que siente, hace que se muestre dominante frente al otro miembro pareja y si esto se mantiene durante mucho tiempo, acabará desembocando en una espiral tan dañina que deteriorará la relación hasta llegar a romperla.

Pero, ¿cómo identificar a las personas celosas?. Te mostramos una serie de indicativos que te ayudará a detectarlas.

  1. Quieren saber en todo momento lo que has hecho, donde has estado y con quién.
  2. No se fían de tus respuesta y preguntan a terceras personas para corroborar tu versión.
  3. Registran tus objetos personales buscando la confirmación de las sospechas de sus celos (móvil, ordenador, cartera, etc.).
  4. No les caen bien tus amig@s.
  5. Piensan que ocultas algo cuando cambias alguna rutina.
  6. Cuando cuidas tu imagen personal creen que lo haces para gustar a otras personas.
  7. Vuelven a casa a horas inesperadas para intentar sorprenderte con otra persona.
  8. Justificarán los celos aludiendo que te quiere y se preocupa por ti.
  9. Les molestará que salgas sól@ con tus amig@s.
  10. Utilizarán las redes sociales para buscar información de ti.
  11. Se mostrarán desconfiad@s y vigilantes, y a menudo tendrán estallidos de ira si ven peligrar aquello que creen que le pertenece.
  12. Viven en un estado de infelicidad constante debido a sus miedos y sus constantes sospechas de engaño.

Las causas de los celos varían de una persona a otra. Generalmente tienen que ver con tres factores. Uno de ellos es el tipo de relación que establecimos con nuestros padres cuando éramos pequeños en cuanto a que no sentimos cubiertas ciertas necesidades de protección y de cariño. También puede deberse a alguna experiencia traumática vivida en una relación anterior o a alguna característica más personal como la necesidad de control constante o falta de habilidades sociales.

Por tanto, abogamos porque la prevención de los celos se inicie durante la infancia, aprendiendo valores como la tolerancia, el respeto y el reconocimiento de los derechos del otro. Los padres tienen una gran responsabilidad en que no aparezca la inseguridad que generan los celos, y esto se consigue criando a niñ@s segur@s que se sientan queridos y valorados por lo que son desde pequeños. Esto, sumado a una buena comunicación dentro de la pareja nos ayudará a evitar una sensación de angustia e infelicidad respecto a la persona que queremos. Y como ya se ha mencionado anteriormente, no debemos descartar la opción de acudir a un profesional en cuanto veamos las señales que anticipan que nuestra relación de pareja está en peligro.

Cómo consolar alguien sin sentirme incómod@

No es extraño escuchar frases como: “no llores, que no pasa nada”, “no es para tanto”, o “no te pongas así” cuando una persona quiere consolar a otra, tanto si ambas son  adultas, como si una de ellas es menor.

Normalmente el que consuela, lo hace con su mejor intención, que es la de ayudar al otro, pero lo que probablemente no sabe, es que ese tipo de frases en ese momento  no sólo no suelen ayudar, sino que incluso pueden alejar de la persona.
Ver a una persona llorar desconsoladamente o muy enfadada nos puede activar sensaciones desagradables e  incomodar. Desde pequeños hemos aprendido que el enfado o la tristeza son emociones que debemos evitar mediante frases como: “qué fe@ te pones cuando lloras”, “si te enfadas así no te van a querer”, “me gustas más cuando sonríes”… Y eso hace con frecuencia tendamos a eludirlas y a autocensurarnos, ahogando el llanto en muchas ocasiones o disimulando la molestia que algo nos ocasiona.
Pero, ¿qué es lo que realmente necesitamos recibir de quien nos acompaña cuando nos sentimos tristes, enfadados, malhumorados etc..?
No es que nos rescaten lo antes posible de nuestra emoción, para volver a estar felices y contentos.
Tampoco que nos intenten explicar de forma racional porqué nuestra emoción no es la más adecuada …
Lo que sí nos ayuda en ese momento es que reconozcan nuestra emoción (1), la validen (2) y nos acompañen en ella (3). Tan sencillo y tan difícil. Frases como: – “Jo, veo que estas muy enfadad@” (1), “y es normal con lo que ha pasado” (2), “yo estoy aquí contigo” – y dar un abrazo- (3).
Cuando tenemos una experiencia emocional intensa, se activa una especie de sistema de alarma de protección, en lo que conocemos como cerebro emocional, que en ese momento toma el mando de nuestra actividad mental, por lo que los mensajes que tienen que ver con contenido racional no se captan bien y suelen ser ignorados.
Una vez que la intensidad disminuye, se desactiva la alarma, y el cerebro recobra la conexión con el resto de funciones, pudiendo atender entonces a esos mensajes racionales que ayudan a interpretar de forma más adaptativa la situación vivida, y a poder colocar la experiencia emocional de manera más ajustada.
Es entonces cuando frases del estilo: “podremos encontrar una solución”, “no lo ha hecho con mala intención”, “al final todo pasa”… pueden ser integradas en el cerebro ayudando incluso a asimilar mejor lo ocurrido, pero ahora y no en el momento del desbordamiento emocional en el que toda esa información no llega, y además puede generar rechazo y enfado en la persona a la que se está intentando consolar.
Ser capaz de detectar los momentos en los que la conexión racional de una persona está bloqueada para recibir mensajes por este canal, y emplear estrategias que inciden sobre el cerebro emocional es una buena manera de dar apoyo eficaz a otros.  Ayuda a las personas a vivir su emoción de forma más positiva, aún siendo desagradables como el enfado o la tristeza, a volver a equilibrarse  de manera mas eficaz y reparadora, y  además de generan vínculos más seguros y positivos entre las persona que da y la que recibe el apoyo.

10 claves para abordar los suspensos de tus hij@s

Junio es el mes en que comienza el verano, se acaba el curso, se inician las vacaciones… llega el ansiado descanso, el tiempo para disfrutar de la calle, la piscina y la pandilla… pero todo este alegre panorama puede verse teñido de gris con las temidas por muchos notas finales.

La mayoría de madres y padres se preocupan porque sus hij@s aprueben, a ser posible con buenas notas, y además suelen tomarlas como vara para medir el éxito personal y social, dejando a veces de lado otros elementos fundamentales para su desarrollo como la regulación emocional, el nivel de autoestima o la calidad de las relaciones sociales y familiares.

Por otro lado, es frecuente que cuando llegan a casa con algún suspenso, se empiezan a activar en los adultos, sensaciones de enfado, miedos y fantasmas del pasado que en ocasiones se manifiestan de forma desproporcionada. Que la reacción ante el boletín de notas sea ajustada, regulada y con una mirada positiva, va a facilitar en gran medida la asimilación del bache y el aumento de la capacidad de superación para afrontar el siguiente reto académico.

Por todo ello os dejamos estas 10 ideas que consideramos básicas para gestionar con éxito esta situación.

  1. Para y nota la reacción que te está provocando. Toma conciencia de la activación corporal que tienes y de los pensamientos que te están asaltando.
  2. Demora tu respuesta unos minutos, horas o un día si es necesario, pero reacciona cuando sientas que tienes un buen nivel de autocontrol.
  3. Valida y acoge la emoción de tu hijo: Pregúntale cómo se siente, acepta que esté enfadado, triste, apático, pasota… Utiliza frases del tipo “es normal que estés así, es una faena.”
  4. Ofrece tu apoyo emocional. Deja claro tu cariño, orgullo y valoración hacia tu hija o hijo. Establece contacto físico, abrázal@, dale un beso, una palmada… algo que le haga saber que estás ahí.
  5. Ofrece soluciones: Es momento de mirar hacia adelante, de ver qué opciones nos ofrece el camino a partir de ahora para alcanzar los objetivos propuestos, y no de atascarnos en lo que pudo ser y no fue.
  6. Realiza críticas constructivas: En ocasiones los malos resultados serán a causa de dificultades de aprendizaje, de falta de esfuerzo o una mala organización… sea lo que sea, es importante que aquellas cosas que consideréis que deben mejorar se les transmitáis desde una visión positiva, que les ayude a cambiar y mejorar, pero que no le llene de culpa y sentimientos de inutilidad.
  7. Plantead un plan B, un seguro, un paracaídas por si no se logran los ansiados objetivos, que haya opciones tras el temido reto.
  8. Ayúdale a organizarse: Ponerse con ellos, organizar un horario de estudio, con realismo y flexibilidad puede ayudar. Muestra confianza e interés, propón sin imponer, sugiere, pregúntale por su opinión, aconseja desde el cariño.
  9. Respeta el tiempo de ocio. El verano es para descansar, si toca trabajar también se hará, pero con flexibilidad y en una proporción adecuada.
  10. Apóyale pase lo que pase, en los momentos buenos o en los difíciles, entiende sus momentos de bajón, de pereza y de motivación… muéstrale que estás a su lado, preocupad@, pero también confiando en sus posibilidades.

Llevar a cabo estos pasos no garantiza el éxito académico, pero construye unos vínculos fuertes y saludables entre vosotr@s y favorece una mejora en su autoestima.