Cambia la perspectiva con la que miras tu realidad

A veces las circunstancias no son fáciles y cuesta ver el lado positivo de las cosas… para esos momentos difíciles os proponemos una vuelta de hoja que facilite al cambiar la mirada. Un cambio de perspectiva que, aunque no vaya a hacer que las cosas sean diferentes, sí puede conseguir que la manera de vivirlas sea más positiva.

Ilustramos esta idea con el ya conocido libro de Monica Sheehan “Be Happy”

https://www.facebook.com/monica.sheehan.3?fref=ts

Construye tu propia realidad 

¿Suelen funcionar los castigos que les pones a tus hij@s?

En ocasiones nuestros hijos tienen comportamientos que no deseamos que se vuelvan a repetir y por ello recurrimos al castigo. Pero no siempre acertamos con el tipo de castigo que imponemos y eso hace que el comportamiento que queríamos extinguir vuelva a aparecer, incluso con más intensidad.

Aunque castigar parezca fácil, debemos tener cuidado de no ser impulsivos y reflexionar sobre lo que queremos conseguir con el castigo. Siempre mantenemos la idea de que a l@s hij@s hay que trasmitirles amor y valoración, y esto se debe mantener incluso cuando les castigamos. L@s pequeñ@s deben sentirse queridos especialmente cuando les hemos dicho que han hecho algo mal. Y lejos de interpretar estas situaciones como un problema, podemos verlo como una oportunidad de cambio y de aprendizaje tanto para l@s niñ@s como para los adultos.

Será imprescindible tener claras estas tres ideas para que las claves que os recomendamos funcionen:

  • No amenazar con cosas que no vamos a cumplir (por ejemplo: “como no te portes bien te llevaré a vivir con la abuela”).
  • Ser constante con la aplicación del castigo. Si cuando aparece el comportamiento que queremos eliminar, unas veces aplicamos el castigo y otras no, nuestra credibilidad se verá cuestionada.
  • Animar a nuestro hijo diciéndole que sabe hacer las cosas bien, aunque a veces cueste que salga a la primera.

Teniendo estas ideas presentes, será más probable que las claves que te ofrecemos a continuación garanticen que la tarea de castigar no sea desagradable para ningún miembro de la familia.

  1. Hablarle en positivo para pedirle que haga lo que deseamos.
    • Le diremos: “cariño si recoges la habitación, luego haremos un bizcocho junt@s”, en lugar de: “ Como no recojas la habitación no prepararemos el postre”.
  1. Anticipar la consecuencia que van a tener sus actos y no imponer el castigo por sorpresa.
    • “Jaime si no recoges la habitación no podremos bajar a jugar al parque”
  1. El castigo debe ser proporcionado al comportamiento del niño.
    • Si mi hijo no hizo los deberes un día, en lugar de castigarle un mes sin salir, puedo quitarle el móvil durante 1 o 2 días
  1. Darle la oportunidad de recuperar el premio perdido si repara su conducta
    • “Si haces los deberes durante lo que queda de semana, valoraré que te puedas quedar a dormir a casa de tu amigo”
  1. Cuando haya reparado su comportamiento, reforzaremos que tiene capacidad para hacer bien las cosas y que confiamos en él/ella para que siga haciéndolo así de bien en sucesivas ocasiones
    • “Muy bien cariño, sabía que podías hacer los deberes y terminarlos a tiempo. Seguro que la próxima semana lo haces igual de bien”

¡Esperamos que os sean de ayuda!

Trucos de “La vida es Bella” para gestionar mejor tu día a día

¡Buenos días aleteroooos!

Todo el que ha visto esta película se enternece al recordarla, probablemente mas de un@ incluso se emocione, y es que esta película consigue contar una historia de enorme crudeza desde la inocente visión de un niño de 5 años.

La clave está en la admirable labor de este papá, que es capaz de abstraerse de la terrible situación que esta viviendo para convertir su vivencia de la misma en algo lúdico,  sin que suponga la experiencia traumática para su hijo que correspondería tener.
Lo que es interesante poder incorporar en la manera de gestionar situaciones del día a día, es el enorme poder que tienen los padres y las madres para transformar las vivencias de sus hijos en experiencias positivas o negativas… el acompañamiento que hagamos de cada situación va a hacer que se quede almacenado en sus cerebros con un determinado impacto emocional, por lo que, como en la película ocurre,  además del hecho en sí, la interpretación que le ayudemos a hacer puede ser muy diferente y determinante.
Es importante tener en cuenta también que para que una persona sea capaz de incluir este espíritu positivo en la manera de relacionarse con los demás,  tendrá que previamente vivir su propia realidad desde el positivismo y la aceptación. Acciones como comenzar el día con una muestra de afecto hacia las personas que queremos puede ayudar (Seguro que recordáis el “Buenos días princesaaaa”), así como afrontar las situaciones difíciles desde la óptica de la búsqueda de soluciones más que desde la de centrarse en el problema (Como las historias que inventaba Roberto para su hijo, en vez de sumirse en la desgraciada situación que estaban viviendo).
Son detalles sencillos pero muy importantes que pueden favorecer tanto un mayor nivel de satisfacción de la vida cotidiana, así como un desarrollo personal y emocional más adecuado y enriquecedor para l@s más pequeñ@s. Y aunque estemos refiriéndonos a una ficción, sí es posible tomar nota de alguna de sus enseñanzas para poder aplicarla a nuestra manera en la vida real.
Es por ello que desde Aletea queremos destacar 5 ideas importantes:
1. La realidad se interpreta según nuestra mirada, por lo que existe la posibilidad de obtener algo positivo hasta de la más terrible de las situaciones.
2. El juego y la imaginación son armas poderosísimas con las que contamos para poder transformar la batalla más terrible (incluso la de ponerse el pijama cada noche) en una actividad lúdica, divertida y llena de afecto, que refuerce las conexiones neuronales más positivas y saludables tanto en la infancia como en la etapa adulta.
3. Una persona que piensa en positivo favorece el pensamiento positivo de los que están a su alrededor, que siente en positivo, genera emociones positivas en su entorno… cuando es lo negativo lo que predomina, ocurre lo mismo.
4. Empezar el día con una sonrisa, una muestra de afecto y un espíritu optimista ayuda a que vivamos la vida de forma más saludable.
5. Centrarnos en la búsqueda de soluciones y en el “qué puedo hacer yo para que una situación mejore”, ayudan a superar los obstáculos con mayor facilidad.
Así que os animamos a que os impregnéis del espíritu de esta bonita obra de Roberto Benigni y os aprovechéis de sus beneficios…

El baúl de los juegos Aleteros II

Se acercan las vacaciones y vamos  a tener tiempo libre para poder compartir actividades en familia.

Os presentamos un juego para que fabriquéis y juguéis en casa con vuestros hijos.

EL JUEGO DE LA ESTRELLA

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Se trata de una especie de OCA donde cada tipo de casilla implica una prueba.

Según vayamos cayendo en cada recuadro sacaremos la tarjeta correspondiente. Si os fijáis tenemos tres tipos de tarjetas.

En nuestro modelo, que podéis adaptar a vuestro gusto, las tarjetas azules, la “interrogación”, tienen como objetivo que el niño llegue a una conclusión interpretando una situación dada. Por ejemplo:

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¿Dónde estoy?

Las tarjetas naranjas tienen dos intenciones, según el tipo de casilla en la que caigas. Si caes en el “lápiz” tienes que hacer un dibujo del objeto, acción o animal que te ha tocado y si caes en la “mano”, tendrás que representar el objeto con las manos, haciendo mímica.

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Las tarjetas verdes, la “espiral”, se centran en reforzar la capacidad del niño para generar alternativas de solución de problema de situaciones cotidianas.

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¡ESPERAMOS QUE LO DISFRUTÉIS¡

Los celos, ¿muestra de amor o de inseguridad?

Habitualmente las personas sentimos miedo al imaginar que podemos perder algo que queremos. En el seno de una relación de pareja estos miedos o inseguridades se pueden traducir en celos. Y es que los celos son sentimientos que surgen cuando sospechamos que la persona amada siente amor o cariño por otra lo cual nos lleva a retenerla de manera irracional.

Sentirnos celos@s, en cierta medida, pueden alertarnos sobre algo en nuestra relación que no va bien, y movilizarnos al cambio para mejorarlo.  Estos celos representan una actitud sana que no dañan a los demás porque son pasajeros y surgen por un motivo real que lo justifica.

No obstante, cuando manifestamos los celos de manera descontrolada e irracional estamos poniendo en peligro nuestra relación y bienestar emocional. En ese momento se recomienda pedir ayuda a un profesional para explorar el motivo por el cual se adopta esa actitud tan dañina hacia nosotr@s mism@s y hacia la pareja.

Los celos son una expresión de inseguridad, baja autoestima e incluso ansiedad que sufre una persona respecto a su pareja. La desconfianza y falta de control que siente, hace que se muestre dominante frente al otro miembro pareja y si esto se mantiene durante mucho tiempo, acabará desembocando en una espiral tan dañina que deteriorará la relación hasta llegar a romperla.

Pero, ¿cómo identificar a las personas celosas?. Te mostramos una serie de indicativos que te ayudará a detectarlas.

  1. Quieren saber en todo momento lo que has hecho, donde has estado y con quién.
  2. No se fían de tus respuesta y preguntan a terceras personas para corroborar tu versión.
  3. Registran tus objetos personales buscando la confirmación de las sospechas de sus celos (móvil, ordenador, cartera, etc.).
  4. No les caen bien tus amig@s.
  5. Piensan que ocultas algo cuando cambias alguna rutina.
  6. Cuando cuidas tu imagen personal creen que lo haces para gustar a otras personas.
  7. Vuelven a casa a horas inesperadas para intentar sorprenderte con otra persona.
  8. Justificarán los celos aludiendo que te quiere y se preocupa por ti.
  9. Les molestará que salgas sól@ con tus amig@s.
  10. Utilizarán las redes sociales para buscar información de ti.
  11. Se mostrarán desconfiad@s y vigilantes, y a menudo tendrán estallidos de ira si ven peligrar aquello que creen que le pertenece.
  12. Viven en un estado de infelicidad constante debido a sus miedos y sus constantes sospechas de engaño.

Las causas de los celos varían de una persona a otra. Generalmente tienen que ver con tres factores. Uno de ellos es el tipo de relación que establecimos con nuestros padres cuando éramos pequeños en cuanto a que no sentimos cubiertas ciertas necesidades de protección y de cariño. También puede deberse a alguna experiencia traumática vivida en una relación anterior o a alguna característica más personal como la necesidad de control constante o falta de habilidades sociales.

Por tanto, abogamos porque la prevención de los celos se inicie durante la infancia, aprendiendo valores como la tolerancia, el respeto y el reconocimiento de los derechos del otro. Los padres tienen una gran responsabilidad en que no aparezca la inseguridad que generan los celos, y esto se consigue criando a niñ@s segur@s que se sientan queridos y valorados por lo que son desde pequeños. Esto, sumado a una buena comunicación dentro de la pareja nos ayudará a evitar una sensación de angustia e infelicidad respecto a la persona que queremos. Y como ya se ha mencionado anteriormente, no debemos descartar la opción de acudir a un profesional en cuanto veamos las señales que anticipan que nuestra relación de pareja está en peligro.

Cómo consolar alguien sin sentirme incómod@

No es extraño escuchar frases como: “no llores, que no pasa nada”, “no es para tanto”, o “no te pongas así” cuando una persona quiere consolar a otra, tanto si ambas son  adultas, como si una de ellas es menor.

Normalmente el que consuela, lo hace con su mejor intención, que es la de ayudar al otro, pero lo que probablemente no sabe, es que ese tipo de frases en ese momento  no sólo no suelen ayudar, sino que incluso pueden alejar de la persona.
Ver a una persona llorar desconsoladamente o muy enfadada nos puede activar sensaciones desagradables e  incomodar. Desde pequeños hemos aprendido que el enfado o la tristeza son emociones que debemos evitar mediante frases como: “qué fe@ te pones cuando lloras”, “si te enfadas así no te van a querer”, “me gustas más cuando sonríes”… Y eso hace con frecuencia tendamos a eludirlas y a autocensurarnos, ahogando el llanto en muchas ocasiones o disimulando la molestia que algo nos ocasiona.
Pero, ¿qué es lo que realmente necesitamos recibir de quien nos acompaña cuando nos sentimos tristes, enfadados, malhumorados etc..?
No es que nos rescaten lo antes posible de nuestra emoción, para volver a estar felices y contentos.
Tampoco que nos intenten explicar de forma racional porqué nuestra emoción no es la más adecuada …
Lo que sí nos ayuda en ese momento es que reconozcan nuestra emoción (1), la validen (2) y nos acompañen en ella (3). Tan sencillo y tan difícil. Frases como: – “Jo, veo que estas muy enfadad@” (1), “y es normal con lo que ha pasado” (2), “yo estoy aquí contigo” – y dar un abrazo- (3).
Cuando tenemos una experiencia emocional intensa, se activa una especie de sistema de alarma de protección, en lo que conocemos como cerebro emocional, que en ese momento toma el mando de nuestra actividad mental, por lo que los mensajes que tienen que ver con contenido racional no se captan bien y suelen ser ignorados.
Una vez que la intensidad disminuye, se desactiva la alarma, y el cerebro recobra la conexión con el resto de funciones, pudiendo atender entonces a esos mensajes racionales que ayudan a interpretar de forma más adaptativa la situación vivida, y a poder colocar la experiencia emocional de manera más ajustada.
Es entonces cuando frases del estilo: “podremos encontrar una solución”, “no lo ha hecho con mala intención”, “al final todo pasa”… pueden ser integradas en el cerebro ayudando incluso a asimilar mejor lo ocurrido, pero ahora y no en el momento del desbordamiento emocional en el que toda esa información no llega, y además puede generar rechazo y enfado en la persona a la que se está intentando consolar.
Ser capaz de detectar los momentos en los que la conexión racional de una persona está bloqueada para recibir mensajes por este canal, y emplear estrategias que inciden sobre el cerebro emocional es una buena manera de dar apoyo eficaz a otros.  Ayuda a las personas a vivir su emoción de forma más positiva, aún siendo desagradables como el enfado o la tristeza, a volver a equilibrarse  de manera mas eficaz y reparadora, y  además de generan vínculos más seguros y positivos entre las persona que da y la que recibe el apoyo.

10 claves para abordar los suspensos de tus hij@s

Junio es el mes en que comienza el verano, se acaba el curso, se inician las vacaciones… llega el ansiado descanso, el tiempo para disfrutar de la calle, la piscina y la pandilla… pero todo este alegre panorama puede verse teñido de gris con las temidas por muchos notas finales.

La mayoría de madres y padres se preocupan porque sus hij@s aprueben, a ser posible con buenas notas, y además suelen tomarlas como vara para medir el éxito personal y social, dejando a veces de lado otros elementos fundamentales para su desarrollo como la regulación emocional, el nivel de autoestima o la calidad de las relaciones sociales y familiares.

Por otro lado, es frecuente que cuando llegan a casa con algún suspenso, se empiezan a activar en los adultos, sensaciones de enfado, miedos y fantasmas del pasado que en ocasiones se manifiestan de forma desproporcionada. Que la reacción ante el boletín de notas sea ajustada, regulada y con una mirada positiva, va a facilitar en gran medida la asimilación del bache y el aumento de la capacidad de superación para afrontar el siguiente reto académico.

Por todo ello os dejamos estas 10 ideas que consideramos básicas para gestionar con éxito esta situación.

  1. Para y nota la reacción que te está provocando. Toma conciencia de la activación corporal que tienes y de los pensamientos que te están asaltando.
  2. Demora tu respuesta unos minutos, horas o un día si es necesario, pero reacciona cuando sientas que tienes un buen nivel de autocontrol.
  3. Valida y acoge la emoción de tu hijo: Pregúntale cómo se siente, acepta que esté enfadado, triste, apático, pasota… Utiliza frases del tipo “es normal que estés así, es una faena.”
  4. Ofrece tu apoyo emocional. Deja claro tu cariño, orgullo y valoración hacia tu hija o hijo. Establece contacto físico, abrázal@, dale un beso, una palmada… algo que le haga saber que estás ahí.
  5. Ofrece soluciones: Es momento de mirar hacia adelante, de ver qué opciones nos ofrece el camino a partir de ahora para alcanzar los objetivos propuestos, y no de atascarnos en lo que pudo ser y no fue.
  6. Realiza críticas constructivas: En ocasiones los malos resultados serán a causa de dificultades de aprendizaje, de falta de esfuerzo o una mala organización… sea lo que sea, es importante que aquellas cosas que consideréis que deben mejorar se les transmitáis desde una visión positiva, que les ayude a cambiar y mejorar, pero que no le llene de culpa y sentimientos de inutilidad.
  7. Plantead un plan B, un seguro, un paracaídas por si no se logran los ansiados objetivos, que haya opciones tras el temido reto.
  8. Ayúdale a organizarse: Ponerse con ellos, organizar un horario de estudio, con realismo y flexibilidad puede ayudar. Muestra confianza e interés, propón sin imponer, sugiere, pregúntale por su opinión, aconseja desde el cariño.
  9. Respeta el tiempo de ocio. El verano es para descansar, si toca trabajar también se hará, pero con flexibilidad y en una proporción adecuada.
  10. Apóyale pase lo que pase, en los momentos buenos o en los difíciles, entiende sus momentos de bajón, de pereza y de motivación… muéstrale que estás a su lado, preocupad@, pero también confiando en sus posibilidades.

Llevar a cabo estos pasos no garantiza el éxito académico, pero construye unos vínculos fuertes y saludables entre vosotr@s y favorece una mejora en su autoestima.

Aprendiendo el idioma de las emociones

Nuestro cerebro emocional funciona desde que estamos en el vientre de nuestra madre. Se encarga de procesar la información que nos llega a nivel corporal, emocional y perceptual. Por el contrario, el cerebro racional (el que nos permite realizar funciones como razonar, reflexionar, planificar, organizar, prestar atención, regular emociones, etc.) empieza a desarrollarse a partir del segundo año de vida, y sigue formándose durante varios años.

Por tanto, será fundamental que las madres y padres eduquen a sus hij@s con la coordinación de ambos cerebros, para que las emociones que emerjan en el proceso educativo estén al servicio de la razón.

Para llevar a cabo esta tarea. mamás y papás enseñarán a sus hij@s a reconocer, validar y expresar las emociones. Cuando los más pequeños vayan interiorizando y controlando estos procesos, estarán preparados para aprender a autorregularse, es decir, manejar las emociones de forma adaptativa. Este aprendizaje se potenciará en la medida en que las madres y padres actúen como modelos para los hij@s.

A veces, las personas adultas, por evitar un daño al menor, esconden su tristeza, enfado, ansiedad o frustración. Entendemos que la intención es buena, pero las emociones que hemos descrito son sólo algunas de las que los niñ@s acabarán experimentando a lo largo de su vida (con su pareja, amigos, en el instituto, en su trabajo, etc.) por lo que cuanto antes sepan manejarlas, mejor se van a desenvolver en los diferentes entornos en los que participen.

Con esto favoreceremos su funcionamiento social y evitaremos problemas de comportamiento a largo plazo. De hecho, se ha demostrado que los hij@s cuyas madres y padres se implican en enseñarles estrategias de regulación emocional, adquieren estrategias de afrontamiento más complejas y elaboradas.

El primer paso será que l@s adul@s pierdan el miedo a hablar de cualquier emoción con sus pequeñ@s, y puesto que partimos de que no hay emociones positivas ni negativas, hablar de tristeza o de enfado nos va ayudar tanto como hablar de alegría o sorpresa para conectarnos con ellos.

Para conseguir este objetivo, os proponemos que utilicéis el Emocionario, una herramienta eficaz que sirve para conocernos a través de lo que sentimos. Este diccionario de emociones describe 42 estados emocionales para que las madres y padres aprendan con sus hij@s a identificarlos, y así poder hablar abiertamente sobre lo que sienten.

Emocionario

http://www.palabrasaladas.com/emocionario.html#c5

 

 

¿Cómo le explico a mi hij@ que le voy a llevar al psicólogo?

Cuando unos padres toman la decisión de llevar a su hijo/a a un psicólogo, a menudo les surge la duda de cómo trasmitirles esa noticia. Aunque la tendencia es asumir que ir al psicólogo puede ser tan necesario y beneficioso como ir a cualquier otro profesional de la salud, por desgracia, hoy en día, no es lo mismo contar que voy al fisioterapeuta o al dentista, que decir que voy al psicólogo. Este último caso sigue teniendo una connotación negativa que hace que no vivamos esta experiencia con la normalidad que en realidad conlleva.

Hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Edad: Antes de los 3 años no es necesario dar una explicación previa del motivo de la visita. Entre los 3 y 6 años informaremos con anterioridad a nuestro/a hijo/a de dónde vamos y lo haremos mientras le llevamos a la consulta. De los 6 años en adelante les daremos la información varios días antes para que vayan haciéndose a la idea. En este caso la información puede ser más extensa y procuraremos resolver todas las dudas que le puedan surgir.
  • Nivel de comprensión: El contenido de la información debe ser conciso, utilizando un vocabulario que el/la niño/a pueda entender. Nos ceñiremos exclusivamente a las preguntas del menor sin dar información innecesaria.
  • Estado de ánimo: Aunque en la mayoría de los casos los/as niños/as no ponen oposición para ir al psicólogo, hay algunos/as pequeños/as que se angustian ante este hecho. Buscaremos un momento en el que esté tranquilo/a para contárselo y le aclararemos que estaremos con ellos/as durante la visita.

Cuidando estos tres aspectos, solo falta saber el contenido de lo que le vamos a decir. Recordemos que los/las niños/as tienen una capacidad de atención limitada por lo que no servirá de nada dar largos discursos, así que seremos breves y naturales.

La clave consiste en trasmitirles que, igual que vamos al médico cuando nos duele la tripa o al dentista cuando se nos cae un diente, podemos acudir a otra persona para que nos ayude a sentirnos mejor cuando estamos enfadados/as, tristes, asustados/as, etc. y esa persona es un psicólogo. A través del juego aprenderemos trucos para solucionar aquellas dificultades que nos preocupan y sentirnos mejor.

Podemos acompañar la explicación de algún ejemplo que les resulte familiar, por lo que les diremos que hay niños/as que van al psicólogo porque les cuesta concentrarse cuando hacen los deberes, porque les da miedo dormir con la luz apagada,  porque se enfadan mucho con sus hermanos, porque se meten con él en el colegio, etc.

Tras darles esta explicación, contestaremos a sus preguntas, si las hubiera, y terminaremos realizando alguna actividad agradable con ellos.

A continuación os recomendamos este libro titulado “Mi primer libro de terapia” que os puede ayudar a generar en vuestro/a hijo/a una actitud más positiva ante la terapia.

 

Mi primer libro de terapia