Cómo sobrevivir a la vuelta al cole

El mes de septiembre se puede hacer muy cuesta arriba… síndrome post vacacional, cuesta económica, adquisición de rutinas y hábitos, puesta a punto de nuevos proyectos… y en familias con niños, además nueva organización de horarios y actividades, períodos de adaptación etc… todas ellas situaciones que suponen un importante desgaste de energía extraordinario.

Si a todo esto añadimos el trago que supone la incorporación al colegio de los más pequeños, no es de extrañar que en más de un hogar estén viviéndose momentos complicados estas semanas.

Para todas esas personas va este post, en el que queremos señalaros algunos de los aspectos que consideramos más importantes. Nos centramos en la incorporación al primer año de colegio y el período de adaptación que las familias estáis viviendo.

La experiencia de cada uno va a ser diferente, y hay muchos factores que pueden influir: el temperamento del niño, la habituación que tenga a estar con personas distintas de mamá y papá, el tipo de vínculo establecido y estilo educativo, la experiencia previa en escuelas infantiles si las ha habido… todo ello va a determinar que la adaptación a la nueva situación sea más o menos sencilla. En cualquier caso, por buenas que sean las condiciones no deja de tratarse de un cambio importante y de una situación nueva en muchas ocasiones, y al ser humano las situaciones nuevas y desconocidas nos generan estrés.

Nuestro cerebro se activa y pone en alerta al cuerpo para afrontar esta situación de posible peligro. Es por ello que con frecuencia el llanto aparentemente inconsolable es la respuesta más generalizada. También es cierto que una vez superado el susto inicial, se desconecta la alerta del cerebro emocional y se está de nuevo preparado para asimilar los nuevos estímulos y sensaciones,  pasando incluso a disfrutar de las novedades que se nos ofrecen. Por ello es igual de frecuente que el profesorado explique que a los cinco minutos de haberos ausentado vuestr@s hijos habían parado de llorar y comenzado a explorar el nuevo mundo que tienen por delante.

Es cierto que durante esos minutos en los que han estado llorando se han activado emociones como el miedo a quedarse sol@s, a que no vuelvan a recogerles, a que el resto de compañer@s no respeten sus pertenencias, espacio o incluso integridad física… y es cierto que son sensaciones desagradables, aunque también experiencias que forman parte del repertorio de escena vitales por las que las personas como tales, pasamos, y el ámbito escolar es uno de sus escenarios. La buena noticia es que tenemos a nuestro alcance herramientas para dulcificar la experiencia y favorecer su asimilación lo mejor posible.

Como hemos comentado en otras ocasiones, es muy importante anticipar los cambios en general, y más cuando son de esta intensidad emocional. Poder explicar las vivencias a través de los cuentos resulta muy útil para que las estructuras cerebrales puedan asimilar las situaciones que viven con mayor facilidad. Tanto contárselo anticipadamente como con posterioridad, a través de historias que les ocurren a otros niños o personajes de ficción, animalitos etc. les sirve para integrar lo vivido.

También es importante la reparación emocional. Es cierto, que los primeros días de estar tantas horas separados del ámbito familiar puede suponer un impacto emocional importante para ell@s, por lo que el contacto físico se hace muy necesario, y las frases del tipo “te he echado mucho de menos”, “tenía muchas ganas de verte y jugar contigo” pueden subsanar en cierta medida las sensaciones desagradables que hayan vivido,  y ayudarles a conectar que a pesar de los cambios que están experimentando, vosotros seguís estando allí para darles afecto y protección.

Otra herramienta de ayuda es enseñarles a compartir sus experiencias. A estas edades sus recuerdos son aun algo difusos, por lo que les podemos ayudar a estructurar sus ideas mediante la realización de dibujos o juegos. Se puede compartir con la familia lo que más les ha gustado y menos en el día, o momentos en los que hayan experimentado determinadas emociones. Ayuda que sea un adulto el que inicie el juego poniendo ejemplos propios: “Lo que menos me ha gustado del día es tener que madrugar mucho, y lo que más me ha gustado es volver a casa y abrazarte…”. También ayudan frases del tipo: “Me he sentido content@/triste/asustad@ etc. cuando…”

Son algunos trucos que pueden ayudarles a digerir mejor los cambios que están viviendo, y a vosotr@s a calmar la parte de preocupación, agobio e incluso culpa que a veces se dispara.

Porque también supone un cambio para los mayores. Cambio, y también duelo. Porque se acaba una etapa. Porque hay una pérdida, la del “bebé” que se transforma definitivamente en niñ@, la del tiempo que ya no vamos a pasar a su lado… con frecuencia aparece el instinto de protección, que quiere evitarles cualquier daño posible, la parte de la preocupación y los famosos “y si…le ocurre” nos atormentan. En ocasiones también temor a sentir el hueco que generan en nuestra agenda, e incluso el miedo a que comiencen a necesitarnos menos….todo ello supone que sea necesario un proceso de adaptación y asimilación para mamás y/o papás.

Como proceso o transición que es, el tiempo ayuda a pasarlo… y también puede hacerlo focalizar los pensamientos en ideas como los beneficios que van a obtener de esta nueva etapa: el desarrollo de competencias sociales, como la capacidad de relacionarse con el otro, la capacidad para negociar, para esperar turnos, aprender compartir, a regular sus emociones, la cantidad de aprendizaje sobre sí mismos y el entorno que van a adquirir, a disfrutar del juego de maneras novedosas, a recibir afecto de otras fuentes…

Y por otro lado los beneficios para los adultos que tras toda esa barrera de miedo, preocupación y tristeza pueden aparecer: Más tiempo para uno mismo, liberarse de cierta sobrecarga física y emocional, sentir que se favorece la autonomía y desarrollo adecuado de los hij@s, generar nuevos maneras de relacionarse con ellos, aprender a mostrar interés por sus vivencias y nuevos aprendizajes que nos comparten cuando nos reencontramos, poder dedicar tiempo de mayor calidad…

En definitiva ser conscientes de que aunque a veces no resulte fácil, y conlleve cierta tristeza, se trata de una de las etapas del ciclo vital por las que va a haber que ir pasando, y que al soltar también se nos permite recibir cosas nuevas de las que nutrirnos para poder seguir fortaleciendo tanto a nosotros como madres y padres, como a los más pequeñ@s en su desarrollo y también a los vínculos establecidos de forma más sana y positiva.

Así que ánimo en esta transición a veces difícil que puede reportaros enormes beneficios.

Vacaciones: Paraíso o infierno

Viajar, una de las aficiones más frecuentes y extendidas entre el común de los mortales. Un ansiado premio que muchas personas aguardan como recompensa al llegar las vacaciones.

Pero, tanto si viajamos a 10.000 km sumergiéndonos en culturas remotas, como si disfrutamos de los hermosos rincones que nos regala nuestra geografía, las vacaciones pueden ser fuente de gran disfrute o de enorme estrés y conflictos.
Algunas estadísticas afirman que el número de divorcios incrementa notablemente después del periodo vacacional, y no serán pocas las amistades rotas después de pasar un verano juntos.Y es que viajar puede ser un placer, pero no es fácil.
Antes de siquiera moverte de la silla hay que decidir destino, conseguir transporte, establecer un itinerario, escoger alojamiento, decidir y contratar las actividades que realizar allí… Todo ello además teniendo en cuenta que se obtengan las mejores ofertas del mercado, en los lugares más valorados, pero a la vez con cierto nivel de exclusividad y autenticidad… todo un reto.
Una vez en marcha son muchas las circunstancias que pueden hacer que el viaje se agrie desde el minuto cero: retrasos y cancelaciones de aviones,  trenes etc., atascos desesperantes…, alojamientos que no cumplen con nuestras expectativas, anulaciones de reservas, overbooking…, indisposiciones de alguno de los miembros del equipo viajero, mal tiempo, calor sofocante, comida incompatible con el estómago, una playa no apta para el baño, aglomeraciones…
Son circunstancias que pueden estropear las vacaciones o aceptarse con una actitud positiva que favorezca el disfrute a pesar de los inconvenientes. Esa actitud se puede construir, y resulta más o menos fácil en función del perfil de viajero que tengamos:
En primer lugar está el organizador u organizadora que quiere tener todo controlado al dedillo, sin que se le escape un detalle… se conocerá el mapa de memoria y será capaz de guiarte por cualquier parte antes de haber llegado siquiera al destino. Son personas que han dedicado un gran esfuerzo tanto a la planificación previa como a la organización diaria, resultando muy prácticas como acompañante, aunque suelen generar también una  importante presión para cumplir el plan establecido, por lo que cualquier actividad fuera del pacto original suele desestabilizar su paz y por extensión la del resto de personas.
También hay personas que se dejan llevar, que no se implican demasiado en la toma de decisiones y que simplemente delegan su voto. Son los que dicen “sí a todo”, l@s acomodad@s. Suelen ser personas que disfrutan del día a día, que prefieren ir improvisando y que no le dan demasiada importancia a la labor organizativa. Estos dos perfiles pueden parecer un buen equipo, y en ocasiones lo son, pero también pueden surgir importantes conflictos entre ellos, si el organizador se siente muy sobrecargado por la toma de decisiones y no siente el apoyo del otro, o si se plantean cambios de forma improvisada que no encajan en el plan.
El papel de un tercer perfil, el mediador o mediadora,  flexible pero con capacidad de liderazgo y mediación puede ser un gran complemento en este equipo. Una persona que se implique en la organización del viaje, pero que sea capaz de recoger los intereses e imprevistos que puedan surgir con flexibilidad y capacidad de adaptación. Puede servir de soporte para los dos perfiles anteriores, apoyando al organizador en sus tareas, y también fomentando la implicación del acomodado, a la vez que favorece la apertura a cambios y margen para la improvisación.
Ante todas las situaciones difíciles que planteábamos la actitud con la que se afronten va a variar enormemente en cada perfil. Pueden llegar a generarse situaciones tensas que se mantengan durante el período vacacional generando una dinámica tóxica que puede incluso extenderse a la relación a la vuelta de vacaciones. Por ello es muy importante conocer cuál es tu actitud y las de tus acompañantes e intentar aportar lo mejor para el equipo.
No hay recetas mágicas, hay viajes que resultan un auténtico paraíso y otros que pueden convertirse en un infierno, pero hay algunas actitudes que favorecerán su disfrute seas del perfil que seas:
1. Autoconocimiento: Ten claras tus puntos fuertes y también los débiles tanto de viaje como en grupo para poder anticipar posibles dificultades propias.
2. Autorregulación: Entrena tu capacidad de vuelta a al calma desde el enfado, la frustración, el miedo u otros estados que puedan desbordarte.
3. Sé flexible. Tener un plan es genial, pero poder saltárselo en ocasioens puede resultar aún más placentero, y sobretodo, ser flexible para acoger las necesidades de otros, genera vínculos positivos y mejora nuestro autoconcepto.
4. Céntrate en la búsqueda de soluciones ante imprevistos y complicaciones. Lamentarse es necesario durante un rato, pero recrearse en ello puede atascar la situación de forma innecesaria. La capacidad de buscar alternativas y centrarse rápidamente en ellas en vez de quedarnos atrapados en lo que pudo ser y no fue resulta mucho más saludable para ti y los que te rodean.
5. Mirada positiva: Es recomendable tenerla siempre, pero de vacaciones lo es aún más. Son pocos los días de los que disponemos, y mucho el cansancio y estrés que acumulamos. Ponerse las gafas de lo positivo te ayudará a relativizar las dificultades y a sacar el máximo provecho a las situaciones placenteras.
Así que adelante viajeros, sean como sean vuestras vacaciones, una actitud adecuada os puede salvar de cualquier contratiempo.

EJERCITA TU CEREBRO

Al igual que necesitas ejercitar tu cuerpo para mantenerte en forma, tu cerebro también lo necesita. Cuanto más lo pongamos a pruebas con tareas y actividades que te estimulen y te motiven, podremos favorecer la neurogénesis, es decir la creación de nuevas neuronas.

¿Cómo podemos empezar?

1-Salir de la rutina. Al igual que si vas al gimnasio y siempre utilizas la misma máquina el mismo tiempo y con la misma carga, llegará un momento que el músculo afectado se desarrolle poco. Esto es lo que pasa con la rutina de cada día. De manera sistemática tenemos que solucionar y dar respuesta a situaciones similares, por lo que las zonas del cerebro implicadas serán las mismas, debemos salir de la rutina dándole desafíos nuevos a nuestra mete. Por ejemplo modificando el camino para ir al trabajo.

2-Lee todo lo que puedas. A través de la lectura se amplía el vocabulario, se refrescan las normas de ortografía y se potencia la memoria y la capacidad de simbolización, es decir, de representar mentalmente lo que se está leyendo.

3-Memoriza listas de palabras. Coge el diccionario e intenta aprenderte un número de palabras nuevas.

4-Escribe en un diario. El coger un bolígrafo y un papel para escribir, activa zonas diferentes que utilizando el móvil.

5-Haz rompecabezas en tus ratos libres: sopa de letras, crucigramas, Sudokus o incluso utiliza el cubo de Rubik.

6-Juega a videojuegos, ya que es una buena forma de poner a prueba a tu cerebro resolviendo problemas.

7-Elige una actividad de ocio creativa: pintar, tocar un instrumento, teatro, etc.

8- Mantén una dieta equilibrada y sana, rica en nutrientes.

9-Descansa el número de horas recomendable.

10-Haz ejercicio, practicando un deporte o yendo al gimnasio.

VAMOS A CUIDARNOS

El ser humano tiene 4 partes importantes, que deben de estar cubiertas para poder cuidarnos.

4 AREAS

Te invitamos a hacer el siguiente ejercicio para conocer hasta qué punto te mimas. Lee el siguiente texto y una vez que hayas entendido en qué consiste cada porción, colorea cada una, según el espacio que le dediques.

Por ejemplo si empleas mucho tiempo a tus pensamientos, poco a cómo te sientes o no realizas actividades de ocio, pero intentas cuidar tu alimentación, tu circunferencia podría ser esta.Sin título

 

La parte cognitiva se refiere a tus pensamientos, valores, principios… ¿cuánto tiempo le dedicas a ellos durante el día?, ¿cuáles son?. Conocer cada uno de ellos y la proporción que ocupan en nuestro día a día, es importante para entender cómo funcionan y porqué en ciertas situaciones podemos actuar de una forma concreta.

Si ahora estás atravesando un momento de cambio, es importante que cuides esta porción tuya, no exigiéndote y permitiéndote tener esos momentos de laguna y falta de concentración, haciendo actividades amenas y de fácil resolución y no tomando decisiones. Es una fracción que solemos dedicarle mucho tiempo a lo largo del día desde el punto de vista crítico y de exigencia, ¡vamos a cambiarlo!

La parte del cuerpo se basa en el tiempo que le dedicamos a tener una alimentación equilibrada, hacer ejercicio físico y estar conectados con la naturaleza, es decir, un tiempo a la semana para salir a la montaña, playa, río, etc.  A estar en contacto directo con el paisaje, purificando nuestros pulmones y permitiéndonos estar piel con piel con la naturaleza, es decir empapándonos con ella.

La parte emocional se centra en las necesidades emocionales que tenemos cada uno. Necesidad de sentirnos comprendidos, escuchados, que nos corrijan nuestros errores desde el respeto, necesidad de expresar nuestros sentimientos, opiniones y emociones.

La parte de actividades agradables. El número de actividades agradables que realicemos está proporcionalmente relacionado con el estado de ánimo. Cuantas más actividades centradas en uno mismo realicemos, mejor será nuestro nivel anímico. Estas actividades deben proporcionarnos un nivel de calma y tranquilidad, que ayude a reparar la tensión que podamos tener a lo largo del día. En este punto es importante diferenciar cuáles son las cosas que tengo que hacer por obligación y cuáles son realmente las que me gustan. Desde Aletea os dejamos una lista de actividades agradables que pueden ayudarte a desconectar:

  • Ir a conciertos
  • Ir al cine
  • Ir al teatro
  • Leer un libro
  • Escuchar música
  • Dar un paseo
  • Hacer deporte
  • Quedar con los amigos
  • Darme un baño
  • Hacer trabajos manuales
  • Arreglar el jardín
  • Viajar
  • Escribir
  • Hacer fotos
  • Pintar
  • Aprender a hacer algo nuevo
  • Cocinar
  • Hacer punto, bordado, coser o ganchillo
  • Leer revistas
  • Leer periódico
  • Tener invitados en casa.

Una vez coloreada tu circunferencia, podrás reflexionar acerca de si es equilibrada y si no lo es, te ayudará a buscar el camino para mimarte más.

 

 

Acoger la frustración

No ser capaz de hacer obedecer a mi hij@, no conseguir que cuadren las cuentas después de hacer un cálculo tres veces, que tu pareja siga en sus trece sin ponerse en tu lugar a pesar de explicarle una y otra vez tu postura, o que después toda una mañana cocinando se te queme la comida…

Todas ellas son situaciones cotidianas pero difíciles de digerir, que  suelen generar en nosotros una sensación incómoda y desesperanzadora.  Es el sentimiento de frustración, uno de los los más desagradables y difíciles de manejar. Es una sensación que nos activa enormemente y de las que consiguen con más facilidad sacarnos de nuestras casillas.

Su potencia se relaciona con la conexión neuronal que se produce, mediante la cual sensaciones similares de vivencias anteriores se suman a la del momento presente y disparan su intensidad.

Está relacionada con la sensación de no conseguir algún propósito, y esta vivencia se conecta directamente con un aspecto fundamental para sostener nuestra propia identidad, la sensación de valía. Se pone en entredicho tanto nuestra capacidad para alcanzar logros como el valor que los demás nos otorgan, y ante una amenaza tal nuestro organismo activa todas las alarmas para defendernos del tremendo ataque que supone para nuestra autoestima personal y social.
Es por eso que la respuesta hacia los demás cuando nos sentimos frustrados puede ser hostil e injusta en muchas ocasiones. Lo que suele conllevar más tarde una sensación de culpa por habernos “pasado de la raya con el otro”.
Por ello es bueno recordar algunos aspectos que quizá te ayuden a recuperar el control emocional antes de sacar las garras ante aquello o aquellos que te hayan frustrado:
1.Es normal sentir rabia ante la frustración, nos pasa a todas las personas y poder liberar la activación que nos genera en el cuerpo ayuda a que se pase.
2. Tómate tu tiempo para desahogarte, respirar y recuperar el sosiego, antes de interaccionar con otros.
3. La intensidad de tu emoción probablemente no habla sólo de esta situación, sino que está trayendo sensaciones antiguas que la incrementan, por lo que intentar relativizar y centrarnos en el hecho en concreto puede ayudar a rebajar la intensidad.

4. Lo que haces habla de los que haces, no de lo que eres. No conseguir un propósito en un momento dado, sólo dice eso, que no lo has conseguido en ese momento, no significa que no tengas capacidad para conseguirlo en otra ocasión o que no haya otras muchas cosas que sí eres capaz de alcanzar.

5. Cuida tu discurso. El relato que construyas de ti mism@, la manera en que te cuentas la manera de alcanzar o no tus objetivos puede ser constructivo o muy destructivo para ti…está en tus manos que la frustración te venza o te fortalezca… lo que creas es lo que crearás.
Así que no luchemos contra la frustración, démosle el hueco que necesita y aprendamos a vivir con ella sin hacernos daño ni  a nosotr@s mism@s ni a las personas que tenemos cerca.

Cómo explicarles situaciones difíciles a tus hij@s

En ocasiones las familias nos consultan sobre si es bueno explicarles a los niños situaciones difíciles como enfermedades, separaciones, fallecimientos etc. y sobretodo, cómo hay que hacerlo.
Nuestra recomendación es que sí, que se les explique y anticipe todo lo posible situaciones en las que van a vivir cambios, bien presenciando situaciones nuevas, detectando estados emocionales novedosos en los adultos o escuchando hablar sobre temas poco frecuentes.
Por eso, si un familiar se pone enfermo por ejemplo, es bueno que se le pueda contar lo que pasa, adaptándonos a su lenguaje y capacidades, para que vaya incorporando situaciones de este tipo en su repertorio cerebral…
Es positivo incluso que puedan realizar una visita al hospital, y  así puedan liberarse con la experiencia real de temores y fantasías angustiosas que puedan aparecer en su imaginación.
Eso sí, debemos prepararles previamente. Ver a alguien convaleciente, por bien que esté, puede generar un importante impacto… desde que entran en un hospital, ver al personal sanitario, pacientes en camillas o todos aquellos artilugios enchufados a la persona querida, son imágenes poco habituales y que pueden asustar.
Por ello, si se elige que los pequeños de la casa participen de esta situación familiar,  será conveniente advertirles previamente de lo que se van a encontrar.
Si son muy pequeños se puede hacer mediante cuentos en los que se explica cómo un personaje se pone malito y para curarle tienen que cuidarle y estar un tiempo en un hospital o en la cama en casa… Es importante señalar que después va a haber una recuperación y van a poderse volver a realizar actividades habituales. También es bueno indicar si hay secuelas y algunas rutinas ya no se van a dar, poder plantear actividades sustitutivas que permitan a la niña o niño seguir sintiendo presente y cercana a la persona en cuestión…
En los casos en que ya son más mayores se les puede explicar directamente, pero es importante de igual manera que se les anticipe bien lo que se van a encontrar. También ayuda facilitar la explicación de la emociones que pueden activarse, sensaciones corporales que puedan aparecer y favorecer que se planteen todas las dudas que puedan surgirles.

Este tipo de abordaje lo podemos utilizar ante el planteamiento de cualquier situación difícil que pueda surgir. Recordemos las ideas básicas:

  1. Dejar que formen parte de forma adecuada a su edad.
  2. Anticipar las situaciones que van a darse.
  3. Construir una narración coherente y realista en la que se ofrezca un desenlace con un punto positivo, o al menos en el que se vea preservada su necesidad de protección y de sentirse amad@s.
  4. Propiciar la identificación y el diálogo  sobre las emociones y reacciones corporales.
  5. Abrir un canal para explicitar dudas, miedos y cualquier aportación que necesiten hacer al respecto.

Teniendo estas ideas en cuenta podéis evitar que una situación complicada se convierta en una experiencia traumática y se viva con cierta naturalidad.

¿Qué tipo de inteligencia tienes?

A menudo relacionamos la inteligencia con el ámbito académico. Según esta idea, parece que una persona inteligente es aquella que sabe mucho de matemáticas, física, lengua, inglés, etc. y que por tanto saca buenas notas. Pero lo cierto es que tener facilidad para las matemáticas o los idiomas, sólo representa dos tipos de inteligencia de las ocho que hay en total.

El psicólogo y profesor Howard Gardner creó la teoría de las Inteligencias Múltiples en la que defendía que existen 8 tipos de inteligencia diferentes. Con esto contradecía otras teorías que se mantenían hasta el momento que hablaban de la existencia de la inteligencia única, afirmando que la inteligencia no es algo innato y fijo. Igualmente rechazaba los test de inteligencia por considerar que catalogan a las personas como inteligentes o no, atendiendo únicamente a algunas destrezas y habilidades que la definen y omitiendo otras.

Hablaríamos entonces de las siguientes inteligencias:

  • Lingüística-verbal: capacidad de usar correctamente el lenguaje.
  • Lógica-matemática: capacidad de manejar números y establecer relaciones lógicas.
  • Musical: Capacidad de percibir y expresar el ritmo, el timbre y el tono de los sonidos musicales.
  • Visual-espacial: capacidad de orientarse en el espacio, de interpretar planos y croquis o de visualizar volúmenes representados en dos dimensiones.
  • Kinestésica-corporal: facultad de expresar sentimientos e ideas con el propio cuerpo y facilita el uso de herramientas.
  • Interpersonal: capacidad de comunicarse fácilmente con los demás manifiestando empatía hacia ellos.
  • Intrapersonal: capacidad de introspección y de aprovechar el autoconocimiento, lo cual permite expresar los sentimientos.
  • Naturalista: capacidad para conectar con la naturaleza.

La mayoría de las personas tenemos todas las inteligencias, pero cada una la desarrollamos de un modo diferente, dependiendo de factores biológicos y de la interacción con el ambiente y la cultura en la que crecemos.

Lamentablemente el sistema educativo que tenemos actualmente, sólo evalúa parte de esas inteligencias múltiples, ignorando a aquellas personas que, siendo muy inteligentes en otros ámbitos, no se les reconoce esa capacidad, simplemente porque no es objeto de evaluación, o por lo menos no al mismo nivel que otras.

Reproduciendo las palabras del propio Gardner: “Si quiere potenciar la inteligencia de su hijo, averigüe qué le apasiona. Préstele mucha atención y averigüe qué es lo que le interesa y le apasiona, sin proyectar en ellos sus prioridades, pasiones ni debilidades”.

Desde Aletea apoyamos estas palabras y añadimos que la inteligencia no sólo se trasmite a través de conocimientos académicos, sería injusto llegar a esta conclusión cuando en la educación intervienen diversos agentes como son la familia, los amig@s y compañer@s, los medios de comunicación, la cultura, etc. y no sólo los profesores de los centros educativos.

Por tanto, descubramos en qué destacamos, pongamos los medios que estén a nuestro alcance para desarrollar las destrezas que nos permitan realizar una actividad determinada, y si eso no funciona, probemos otra cosa.

A continuación os dejamos un vídeo de Insided que explica de forma muy clara y breve en qué consiste cada una de las 8 inteligencias que existen, ¡esperamos que os guste!

La importancia de los ritos

 

Noches como esta sirven a millones de personas para hacer balance, para dejar atrás lo malo, poner el contador a cero e iniciar una nueva etapa… Da igual si quemamos un papel, la ropa o nos damos un baño a media noche… Si lo acompañamos de creencias religiosas o paganas… Al final lo importante es que sirven para ofrecernos un nuevo comienzo.

Este tipo de fechas así como el fin de año, el final del curso o el propio cumpleaños nos permiten parar por un momento. Parar para poder mirar hacia atrás y también hacia adelante. Comparamos con la situación que teníamos el año anterior o fantaseamos con la situación que nos gustaría vivir el siguiente…
A veces el balance nos hace sentirnos bien y aliviados si hemos alcanzado nuestros propósitos, pero también puede ser una fuente de frustración e insatisfacción con nosotros mismos y la vida que llevamos cuando no es así.

Sea como fuere, desde Aletea queremos destacar que independientemente del resultado, lo importante es poder enfocar con una mirada positiva nuestra situación, de manera que nos permita seguir avanzando por el camino que nos toque recorrer de la mejor manera posible.

Para ello es cierto que es bueno ponernos plazos, tener fechas significativas en las que poder revisar nuestra marcha… Nos sirve para no eternizarnos en el cumplimiento de nuestras tareas, no relegar nuestros sueños al olvido o sucumbir a la procrastinacion. También para desenredarnos de dinámicas negativas que a veces se apoderan de nuestras vidas.

Por ello os animamos a usar estos días señalados, ritos de transición o como queráis vivirlos, para darnos un empujón de positivismo, mediante el que podamos disfrutar y premiarnos por los logros alcanzados, trazar nuevos planes para alcanzar los pendientes y afrontar las dificultades que surjan.

¿Qué cualidades me ayudan a ser una madre o un padre más eficaz?

Ser madre o padre no es tarea fácil. Lo intentamos hacer lo mejor posible pero no siempre nos salen las cosas como queremos. Os proponemos que potenciéis ciertas cualidades que tenéis y que seguramente ya habéis puesto en práctica en muchos ocasiones, para que os relacionéis con vuestr@s hij@s de forma satisfactoria,  independientemente de la edad que tengan.

  • Demostrar amor de forma incondicional

L@s niñ@s y adolescentes necesitan saber que sus padres les quieren y se preocupan por su bienestar, incluso cuando han hecho algo mal. Por ello es importarle trasmitirles amor y valoración por el simple hecho de ser nuestr@s hij@s y no porque hagan cosas para merecérselo.

  • Mostrar respeto

El respeto es un valor que debe fluir entre todos los miembros de la familia, no sólo tiene que darse de hij@s a padres sino de padres a hij@s. Aunque a veces nos resulte difícil comprender los enfados, los miedos o la tristeza que sienten l@s más pequeñ@s de la casa, es importante validarlos y respetarlos. Igual que nosotr@s nos enfadamos por cosas del trabajo, ell@s se pueden enfadar porque han perdido el partido de baloncesto o porque la comida del comedor no les gusta.

  • Poner normas y límites

Aunque l@s hij@s no lo reconozcan así, incluso se revelen ante las normas y límites que les ponemos, lo cierto es que les hacen sentirse segur@s. A través de una comunicación asertiva, debemos ser capaces de aplicar las normas de forma consistente y adecuada a la edad y la etapa del desarrollo por la que atraviesan nuestr@s hij@s. Si un día nos mantenemos firmes aplicando cierta norma, y al día siguiente no, nuestra credibilidad se verá cuestionada.

  • Dar ejemplo

Una de las principales técnicas por las que aprendemos comportamientos nuevos, es la observación. Por ello es importante que las personas que rodean a nuestr@s hij@s, sean ejemplo de aquellas conductas que queremos instaurar. El papel de los padres será fundamental en esta tarea ya que la mayoría de niñ@s y adolescentes confían en sus padres más que en ninguna otra persona.

  • Generar experiencias positivas

En la medida de lo posible, es aconsejable facilitar a nuestr@s hij@s actividades lúdicas en las que puedan explorar, curiosear, descubrir, entretenerse, etc. tanto en grupo como de manera individual. Intentaremos que estas actividades sean novedosas y divertidas, favoreciendo la participación de todos los miembros de la familia.

  • Aprender de las experiencia negativas

Aunque pongamos todo nuestro empeño en evitarles dolor a nuestr@s hij@s, va a ser irremediable que en ocasiones vivan experiencias desagradables que les hagan pasarlo mal. Cuando esto ocurra, estaremos allí para acompañarles desde la tranquilidad, porque el haber vivido situaciones de este tipo, es una oportunidad de aprendizaje y de cambio. Frases como “¿qué podemos hacer la próxima vez para que no pase?”,  “y si vuelve a pasar ¿qué podríamos hacer para sentirnos mejor?” nos ayudaran a afrontar mejor las situaciones difíciles.

¡Esperamos que os sirva de ayuda!

¿CÓMO ENSEÑARLE A COMPARTIR?

“Dale el coche, él también quiere utilizarlo, tú puedes jugar con la pelota”, “hay que compartir”, “no puedes ser egoísta”…

Cuando trabajamos con niños una de las demandas más comunes que nos encontramos, por parte de las familias, es la necesidad de que sus hijos puedan dejar sus cosas y compartirlas con otros niños.

Cuando comparten sus juguetes es un signo de buena educación y amabilidad y eso nos reconforta como adultos. El problema está cuando esto no es así. Entonces podemos caer en el error, de ser nosotros los que prestamos cosas que no son nuestras y el niño estará aprendiendo muchas lecciones en un solo momento:

-Aprenderá que se pueden dejar las cosas que no nos pertenecen, como está haciendo papá.

-También aprenderá a no respetar los deseos y las necesidades de los demás, porque es más importante lo que dicten los valores sociales .

-Por último y no menos importante, entenderá, que mis padres no me está entendiendo ni escuchando.

“Hace unos días estaba en el metro y escuché una conversación entre dos amigas. Una, la que parecía más preocupada, decía: “el domingo subí al desván y cogí la bicicleta de Miguel, la que ya no utilizaba porque le quedaba pequeña y se la di a su vecina, pues no sabes el pollo que me llegó a montar por la bicicleta que ya no le hacía ni caso, tardó en calmarse más de una hora y al final hasta acabé castigándolo sin bajar a la piscina”

Si nos posicionamos desde el punto de vista del niño, hemos aprendido que  a partir de ahora, vamos a utilizar TODO, para que mi madre no se crea en el derecho de dar algo a personas casi desconocidas, sin consultarme.

Ahora los lectores os estaréis preguntando, “entonces, ¿cómo lo hacemos?

  1. Es importante que antepongas las necesidades, deseos y emociones del niño ante lo que dictan los rituales sociales. Por ejemplo “creo que es el momento de dar la bici, a ver cómo reacciona cuando se lo exponga y si veo que le agita demasiado, esperaré a volverlo a proponer y cuando esté preparado la regalaremos”
  2. No etiquetes cuando no quiera compartir “no seas egoista”, “eres malo”…etc.
  3. No tengas prisa, si no está preparado, dale el tiempo que necesite para que poco a poco pueda ir compartiendo sus juguetes y su espacio.
  4. Ayúdale a expresar cuáles son sus necesidades y deseos “veo que te estás enfadando porque no quieres dejarle la pelota”
  5. Ayúdale a buscar soluciones al problema de manera consensuada “No quieres dejarle tu cuerda aunque ahora no la estés utilizando, ¿cómo lo podemos solucionar?, papá tiene una idea ¿quieres escucharla?”
  6. Busca soluciones en que ambos protagonistas salgan beneficiados, como por ejemplo organizar un juego conjunto.
  7. Una vez que preste el juguete, en el momento que lo quiera recuperar, se lo entregarás inmediatamente, para que aprenda que todo lo que presta, vuelve cuando lo necesita.
  8. Haz de modelo para tu hijo. Si ve cómo compartes tus cosas, utilizas la palabra compartir para describir sucesos agradables y ve como obtienes refuerzo por parte de los demás, es más probable que poco a poco él vaya aprendiendo a ser generoso.