Aprender a querer todo lo que eres

Esta ilustración de Sara Fratini, a la que admiramos mucho y que puedes seguir en facebook y en www.sarafratini.com o en www.flickr.com/photos/sarafratini nos parece que ilustra perfectamente una de las ideas que consideramos fundamentales para poder disfrutar de una “Buena Vida”. Conócete, acepta lo que hay dentro y quiérete… pero de verdad, con todo lo bueno y también con lo malo… aquellas cosas de las que no te enorgulleces, pero que forman parte de tu esencia… deja salir a ese “monstruo” que todos llevamos dentro y aprende a quererlo… porque gracias a él eres quien eres… y porque dejándole un hueco dejará de rugir con tanta fuerza.

¿POR QUÉ ME CUESTA TANTO DECIR QUE NO?

Esta es una de las frases que con frecuencia nos encontramos tanto en consulta como en nuestro entorno cotidiano… “Me han encargado un informe que no me correspondía y estoy agobiad@”, “Tengo que ir a pasar un fin de semana a casa de unos amigos y no me apetece nada”, “Me han pedido el favor de ayudar en una mudanza en mi único día libre…” Ejemplos como estos y muchos otros pueden ilustrar situaciones en las que hubiésemos querido decir NO, pero por alguna razón no lo hemos hecho. 

Pero, ¿cuales son esas razones? ¿Qué pasa si decimos que no? Cuando aceptamos algo sin quererlo realmente, estamos protegiéndonos de algún temor, intentando salvaguardar algo… preservando el vínculo con la otra persona… Pero a cambio, estamos también renunciando a reconocer y validar nuestra propia experiencia emocional y renunciando a expresársela al otro para que la conozca, impidiendo así construir un peldaño más de confianza en la relación con esa persona.
¿Pero, de qué nos protegemos? ¿De que se ofendan o se enfaden?, ¿de perder una amistad o un puesto de trabajo?

Obviamente cada caso será diferente, y las circunstancias pueden dar lugar a diversas situaciones, pero existe una tendencia general en la que nos asusta el enfado del otro, nos angustia esa sensación y preferimos evitarla a toda costa, incluso aunque eso conlleve hacer cosas que no nos apetece o nos parecen injustas.

Y quizá así calmemos esa desagradable sensación al menos momentáneamente , ya que se evita abrir un posible conflicto, pero también es cierto que aparece la sensación incómoda de “Me siento un/a pringad@”, “¡Qué pereza me da!”, “Estoy hart@ de estar siempre igual” etc. que se queda dentro formando una “bolita” o nudo de resquemor, rencor, decepción o llámalo como quieras, tanto hacia la persona que te ha pedido algo, como hacia ti mism@ por no saber negarte, que se queda pendiente de resolver. Y esas “bolitas” se van acumulando… Hasta que llega un día en que igual aquello estalla y, o bien tu cuerpo enferma expulsando toda esa activación negativa de la manera que buenamente puede, o  bien dices por fin que no… pero igual estamos tan saturados que lo hacemos de la manera menos adecuada, consiguiendo que efectivamente los otros se ofendan, se enfaden o te despidan…

¿Hay otra manera más sencilla y saludable? La buena noticia es que sí. Es una habilidad que se puede entrenar y mejorar, y aunque requiere pautas especificas, os dejamos unas recomendaciones que pueden servir para ir calentando:
Es importante que ante una situación en la que quieres decir NO sin atreverte, en primer lugar tomes conciencia de tu cuerpo y las activaciones que se producen en él: calor, sequedad de boca, temblor, parálisis… Para poder sostener e intentar rebajar la sensación de malestar que te genera sin que te abrume. A veces lo lograrás en el momento mediante la regulación de la respiración por ejemplo, pero otras tendrás que tomarte unos minutos y aplicar técnicas de relajación, o incluso postergarlo para otro día. Es un aprendizaje que va desarrollándose poco a poco, pero que acaba saliendo.

Puedes tener en cuenta estas ideas que ayudarán a tu cuerpo a estabilizarse y a sentirte preparad@ para afrontar la situación:
-Tu sensación es válida, tienes derecho a sentir lo que sea.
Expresar adecuadamente a los demás lo que piensas y sientes te hace ser más segur@ y genera más confianza en los demás.
-Las otras personas no te valoran solo por tu respuesta a su petición, sino por todo lo que tú eres, que el otro se enfade no significa que te valore menos.
-Poder expresar con tranquilidad y seguridad tu disconformidad ante cualquier situación, facilita que se resuelva de manera más satisfactoria para todas las partes.
-Las relaciones basadas en la sinceridad y confianza son mas satisfactorias y duraderas.

También sirve de ayuda planificar la escena, eligiendo el momento y contexto mas adecuados y protectores para ti, definir muy bien cual es tu postura y ensayar las veces que sean necesarias.

Por último actúa, exprésate. Mantén una postura erguida y la voz firme, reitera las veces que sea necesario tu punto de vista, recoge lo que el otro esta diciendo sin dejar de mantener tu postura… Utiliza frases del estilo “entiendo que lo veas así, para mí en cambio es de esta otra manera…” A veces, aún así, acabarás haciendo aquello que no querías, pero la satisfacción que genera solo el hecho de haberte podido expresar, reducirá muchísimo el malestar.

Puedes empezar por situaciones más fáciles, de menor riesgo y con personas de mayor confianza, y poco a poco ir  ampliando. Así que ánimo y date la satisfacción de al menos intentar mejorar esta habilidad que puede liberarte de situaciones incómodas y mejorar la calidad  de tus relaciones.

TALLER SOBRE EL ESTRES LABORAL

Pasamos un  tercio de nuestra vida en nuestro puesto de trabajo.

Es un espacio en el que se pone en juego nuestra valía profesional… pero no sólo eso, también nuestra capacidad de organización y para alcanzar metas, el afán de superación, las habilidades sociales para relacionarnos tanto con compañer@s como con superiores o clientes, la capacidad para manejar el estrés etc… en definivtiva una actividad que exige un esfuerzo elevado de muchas de nuestras facetas personales a la vez.

Puede ser fuente de gran satisfacción pero también de importantes dificultades.

Nuestro taller del 11 de abril en el Centro Cultural Hortaleza aborda diferentes aspectos que te pueden ayudar a manejar un poco mejor tu día a día en el trabajo.

Contacta con el Centro Cultural Hortaleza. 91 382 14 93

Es gratuito y aún quedan plazas.

Te esperamos

 

A favor de la ola, no contra ella

A veces nos empeñamos en evitar, esconder, intentar hacer desaparecer… aquellas vivencias, o partes de nosotros mismos, deseos o miedos que nos resultan incómodos, vergonzosos o que parecen mostrar nuestras debilidades.

El resultado es que por mucho que luchemos contra ellos, antes o después acaban haciendo acto de presencia, normalmente  en el momento menos oportuno.

Una de las claves que mejores resultados nos ofrece en Aletea es la de trabajar la ACEPTACION, ya que nos resulta una gran aliada para conseguir el bienestar y la ansiada felicidad, sea cual sea la situación de la persona.

Aceptar lo que somos, lo que nos pasó, lo que deseamos y lo que tememos. De esta manera podemos convertir supuestas debilidades en nuestra gran fortaleza. La fortaleza de conocernos bien, de amar lo que vivamos, de no temer mostrarnos ante los demás…. La fortaleza de dejar de nadar a contracorriente de nuestros más íntimos deseos, y de aprovechar la fuerza que nuestra ola interna posee por sí misma.

Dejar de avergonzarnos por sentir determinadas cosas, darnos el permiso de ser quien somos, con características más o menos positivas pero que son auténticas y válidas, nos permite conocer nuestro verdadero yo, la herramienta más poderosa que tenemos para manejar y disfrutar nuestra vida. Déjate ser.

En esta línea va el artículo que os dejamos a continuación sobre la capacidad para sanar nuestras heridas emocionales basándonos en la aceptación.

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https://lamenteesmaravillosa.com/5-pasos-sanar-nuestras-heridas-emocionales/

 

Evitar un pensamiento lo hace más fuerte

Buena semana a todas y todos.

Hoy os proponemos reflexionar acerca de cómo en ocasiones nos obsesionamos con tener el control de nuestra vida, de lo que hacemos, de lo que nos ocurre alrededor, de lo que sentimos, y hasta queremos controlar lo que pensamos…

En cuanto a los pensamientos, a veces se genera una ilusión de control, pero por más que lo intentamos realmente no podemos evitar que nuestro cerebro deje de pensar en algo, al contrario, lo fortalecemos haciéndolo más presente. En cambio sí podemos aceptar lo que venga y gestionarlo emocionalmente, y también podemos dirigir nuestro foco de atención hacia objetivos más positivos y saludables.

De esta manera, dejar de luchar contra pensamientos intrusivos que acaban apareciendo aunque no queramos, nos ahorrará mucha energía que podemos invertir en buscar alternativas a los mismos y fomentar aquellos pensamientos positivos que favorecen además un mayor bienestar de nuestro organismo.

El siguiente artículo habla más detalladamente sobre este tema, si os interesa seguir leyendo al respecto.

https://lamenteesmaravillosa.com/acabas-atrayendo-lo-que-intentas-evitar/

NUEVOS TALLERES PARA TI

Durante el mes de abril estaremos presentes en la programación de actividades del Centro Cultural Hortaleza.

Realizaremos dos talleres de forma gratuita que abordan cuestiones fundamentales hoy en día:

Por una lado hablaremos sobre cómo afrontar el estrés laboral y aprender a gestionar las relaciones en el trabajo. Son muchas las personas que llegan a nuestra consulta con dificultades para manejar diferentes conflictos laborales, gestionar su tiempo o enfrentarse a sus superiores o compañer@s de trabajo. Os daremos alguna claves para gestionar estas situaciones de forma más exitosa y satisfactoria.

Por otro lado hablaremos sobre cómo facilitar el adecuado desarrollo de vuestr@s hij@s, garantizando su bienestar y previendo así posibles dificultades en el futuro. Os enseñaremos algunos trucos para que tengáis más herramientas para entenderles y favorecer que crezcan felices.

Inscripciones en el propio centro cultural Hortaleza en la calle Santa Virgilia 15 de Madrid, y a través del 91 382 14 93

Lunes 11 de abril, a las 17:30 “Sobreviviendo al estrés laboral”

Sábado 23 de abril a las 11:30 “Cómo ayudar a mi hij@ a ser feliz”

¡Os esperamos!

Sobreviviendo al estrés laboral Cómo ayudar a mi hij@ a ser feliz

Cuando el esfuerzo no trae la recompensa

“Si te esfuerzas tendrás tu recompensa” ¿Quién no ha escuchado esta frase alguna vez? Nuestros padres, amigos, profesores, educadores, medios de comunicación nos transmiten esta idea con la intención de motivarnos para alcanzar nuestros objetivos. Pero esa frase, tan llena de verdad a largo plazo como carente de consuelo a corto, no ha parado de rondarnos la cabeza durante estos años en los que la crisis ha condicionado nuestras vidas en muchos sentidos. Y es que, ya sea por haber perdido nuestro trabajo, por no haberlo tenido aún, por no poder independizarnos, por no llegar a fin de mes, por no encontrar el momento de tener hijos o por tener que limitar nuestra vida social, el caso es que nos hemos visto forzados a cambiar las expectativas de vida que tanto tiempo nos ha llevado elegir.

¿Por qué no puedo alcanzar mis metas?, ¿hay algo que esté en mi mano y que no esté poniendo en práctica?, ¿hay más jóvenes que estén en esta misma situación? Somos muchas las personas que, apoyados por nuestro entorno, hemos confiado en nuestras capacidades y nos hemos esforzado considerablemente por conseguir una meta, un objetivo, una recompensa, pero la dura realidad de estos tiempos que corren es que nunca llega, y a eso no estamos acostumbrados. Nadie nos ha enseñado qué hacer cuando, de manera continuada, nuestro empeño y persistencia no se corresponde con el resultado esperado.

Y es que esta relación causa-efecto en la que si nos esforzamos conseguimos una recompensa, se está rompiendo y se está llevando por delante el esquema que desde pequeños hemos interiorizado para entender cómo funciona el mundo adulto. Partíamos de la premisa de que, por ejemplo, si estudiábamos, aprobábamos, si no estudiábamos, suspendíamos. El resultado es diferente pero la sensación de ser nosotros los responsable de nuestros éxitos o fracasos era la misma en ambos casos, y eso nos tranquilizaba. Cuando hemos dedicado tiempo a hacer un trabajo hemos sacado mejor nota, cuando lo hemos dejado para el último momento, hemos suspendido. Y esta amarga sensación que nos producía el suspenso sólo podíamos aliviarla asumiendo que en nuestra mano ha estado obtener un resultado u otro.

Pero ahora estudiamos, nos especializamos en diferentes campos, aprendemos idiomas, realizamos prácticas, hacemos voluntariados, participamos activamente en la búsqueda de empleo, etc. ¿Y dónde está nuestra recompensa?

Lejos de ello nos hallamos sin trabajo, sin oportunidades de demostrar nuestros conocimientos y por qué no decirlo, nuestra valía personal, dando gracias si nos llaman de algún sitio para desempeñar una labor que está claramente por debajo de nuestra formación y preparación académica. En ocasiones tenemos que modificar nuestro currículum omitiendo parte de su contenido para que nos acepten en un trabajo precario. Y es que lamentablemente, cuando queremos optar a un trabajo con buenas condiciones que se ajusta a nuestro perfil, nos encontramos con que no cumplimos con todos los requisitos, en la mayoría de los casos, con la experiencia, lo cual es paradójico, porque ¿cómo vamos a ampliar nuestra experiencia si el no tenerla nos excluye de ser contratados?

Ante este panorama nuestra frustración e impotencia empieza a hacerse grande en la misma proporción en la que la ilusión y la esperanza se van haciendo pequeñas. Porque no es sólo el hecho de no tener trabajo y por tanto una estabilidad económica, además nuestro esquema de “cómo quiero que sea mi vida” se ha desmoronado al tener que prescindir o retrasar numerosos planes personales que iban asociados a esa estabilidad que nunca llega.

Esto no es lo que nos habían enseñado nuestros padres. Esta situación es totalmente nueva para nosotros, nos sentimos incapaces, desalentados, agotados, desanimados, inútiles, desesperanzados… y empezamos a cuestionarnos quién es el culpable de todo esto. Si bien el entorno intenta consolarnos diciendo que mucha gente está en la misma situación, que la crisis nos afecta a todos, que nos ha tocado vivir tiempos difíciles, etc. la realidad es que no nos tranquiliza, y más cuando esto se mantiene de forma prolongada en el tiempo.

Es entonces cuando empiezas a pensar que el culpable de estar en este escenario somos nosotros y solamente nosotros, nada de atribuir a causas externas la responsabilidad de lo que nos ocurre. El refrán de “mal de muchos, consuelo de tontos” se queda corto porque en esta incesante búsqueda de encontrar nuestra recompensa hay gente que sí lo consigue, pero en ese grupo nunca nos encontramos.

¿Qué más tengo que hacer?, ¿qué me falta?, ¿qué he hecho mal?, ¿hasta cuándo voy a estar así? Plantearnos todas esas preguntas es el preludio que indica que lo que empezó como una dificultad en el ámbito laboral, se está convirtiendo en un conflicto a todos los niveles.

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Al igual que un globo se va deshinchando con el paso del tiempo, nosotros vamos perdiendo el interés por hacer las cosas, la motivación por iniciar actividades nuevas, las ganas de salir y relacionarnos, la alegría de pensar que algo bueno nos deparará el futuro. El daño ya está hecho.

Podemos permitirnos estar unos días, semanas o meses valorando cómo vamos a continuar nuestras vidas, pero tarde o temprano llega el momento de tomar una importante decisión. Podemos elegir ir por el camino que nos culpabiliza y nos frena o por el camino del cambio y la superación que nos moviliza.

Con todo lo que llevamos vivido a raíz de esta injusta situación, la percepción que tenemos de cómo somos ha cambiado, y lo puede seguir haciendo. Damos por supuesto que el concepto de nosotros mismos se ha deteriorado, pero la realidad es que se ha completado. Hemos ampliado la lista de cualidades y defectos que nos definen añadiendo palabras como luchador, valiente, inconformista, emprendedor, activo, trabajador, insistente, tenaz, sensible… y otras tantas que hacen de nosotros personas con recursos para afrontar situaciones desfavorables.

La experiencia que nos ha tocado vivir nos ha brindado la oportunidad de crecer a nivel personal, y aquellos que no han tenido que enfrentarse a estas dificultades, que no lo han pasado mal y no han tenido ganas de tirar la toalla, no pueden beneficiarse de este regalo.

Somos supervivientes de una crisis histórica en nuestro país y eso nos ha hecho más fuertes. Hemos luchado contra la incomprensión de la sociedad y de algunas personas que, lejos de ver nuestro dolor por no encontrar nuestro lugar en el mundo laboral, nos trasmiten con un tono acusatorio no estar haciendo lo necesario para conseguirlo, ya que formar parte del colectivo de los desempleados tiene numerosas ventajas que cualquiera en nuestro lugar querría disfrutar (no madrugar, no tener horarios, poder quedar con los amigos, tener tiempo para todo, etc.). Y sí, ser desempleado por poco tiempo tiene sus beneficios, pero ser desempleado forzado no tiene ninguno.

Por todo esto, tenemos que hacer un ejercicio de reflexión y objetividad y pensar que, aunque en este momento sintamos que no podremos alcanzar nuestras metas, en muchas otras ocasiones sí las hemos conseguido. Que si bien tenemos la sensación de perder el tiempo, aún nos queda mucho. Que aunque sintamos que nadie nos valora, hay mucha gente que sí ve el esfuerzo que estamos haciendo y que a pesar de creer que no saldremos nunca de esta, nuestras experiencias nos dicen que hemos salido de diversas situaciones que en su momento vivimos tan difíciles o más que esta.

La clave está en mirar nuestra vida en conjunto y valorarnos no sólo atendiendo a un aspecto de nuestra vida sino a todos. No podemos medirnos únicamente por los resultados que obtenemos sino por el empeño y afán de superación que hay detrás de todo eso. No podemos juzgarnos cuando las cosas nos salen mal y obviar cuando nos salen bien, ni sería justo dar más peso a las veces que nos han dicho que no valemos a las que nos han dicho que sí. Por tanto, debemos querernos no por las cosas que hacemos sino por lo que somos. Esa es la clave, lo que somos. Porque nuestra personalidad es la esencia de lo que nos define, independientemente de las circunstancias que nos toque vivir.

Hemos sido pioneros en experimentar esta realidad, las condiciones de la crisis que nos ha tocado vivir la ha hecho única y diferente a las demás, entonces ¿por qué nos culpamos por no haberlo resuelto mejor? Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido y sabido y eso ya es suficiente. Recordemos que nadie nos ha enseñado a desenvolvernos en este escenario y a pesar de ello aprenderemos de nuestros errores, desarrollaremos nuevos recursos e integraremos esta dura vivencia en el currículum de nuestra vida en el que sí somos expertos.