Por qué ser dependiente a veces, te hace más fuerte.

“Debes ser una persona independiente”, “Tu amiga tenía mucha dependencia de su pareja”, “No quiero que mi hij@ sea tan dependiente de nosotros”. Frases que escuchamos con frecuencia y que nos plantean una idea de la dependencia como algo negativo y en ocasiones asociado a debilidad, exceso de sensibilidad y necesidad patológica de contacto con otras personas.

Desde aquí queremos aportar una nueva visión a la necesidad de depender de otros como tal, una necesidad, no un capricho, una debilidad o ni siquiera una elección.

Los seres humanos nacemos prematuros y dependientes. Dependientes para la supervivencia. Necesitamos de una figura cuidadora que nos alimente y cubra nuestras necesidades básicas durante los primeros años de nuestra vida, de no ser así, moriríamos.

Y nuestras necesidades básicas comprenden el alimento, el cobijo y la estimulación, así como otras muchas como el contacto físico y el afecto, la necesidad de ser mirado, de refuerzo positivo, de ser escuchado… y también de poder depender del otro. Sí, tan importante como que me alimenten, puede llegar a ser para la estructura de la persona sentir que puedo depender de los demás de forma natural y saludable. Esto no es sólo durante los años más tempranos de nuestra infancia, sino a lo largo de toda nuestra vida.

Ser dependiente fortalece a la persona. No serlo siempre, pero sí serlo cuando es necesario, de forma tranquila, sin que eso active otras emociones como la culpa, el rechazo, o el miedo al abandono.

Una persona que vive de forma sana poder ser dependiente, va a poder pedir ayuda a las personas que tiene alrededor en los momentos en que necesite apoyo, fortaleciéndose, al sentir el afecto del otro, estableciendo vínculos de confianza y seguridad, y adquiriendo nuevas herramientas que le ayudarán a manejar situaciones similares que puedan sobrevenirle con mayor sensación de control. Todo ello repercute en una mayor autoestima, y una estructura más fuerte y estable.

Del mismo modo es importante que las personas podamos mostrarnos disponibles cuando alguien a nuestro alrededor pueda necesitarnos, ofreciéndole de igual manera el apoyo, seguridad y estrategias para afrontar ese momento de dificultad.

La experiencia de poder ayudar a otros es también gratificante para un@ mism@, fortaleciendo nuestro autoconcepto, reforzando nuestras propias capacidades y favoreciendo los vínculos afectivos con las personas con las que tenemos más confianza.

Como la mayoría de cosas en la vida, esto es oportuno si lo hacemos con un equilibro adecuado, y los roles pueden ser intercambiables. Vemos con frecuencia como las relaciones basadas en roles muy marcados y fijos, acaban deteriorándose... Las personas que siempre dan apoyo suelen acabar saturados y sin permitirse tener el apoyo que necesitan en ninguna ocasión. Por otro lado, aquellas personas que suelen adquirir el rol constante de dependencia se sienten menos capaces y bloqueados a la hora de afrontar sus dificultades. Es por ello, de la importancia de poder fluctuar entre ambos polos. 

Para que esto sea posible es necesario haber vivido nuestro período de dependencia natural de la infancia de forma sana. Esto pasa por haber recibido la atención necesaria cuando lloramos, ser atendid@s cuando lo requerimos, haber sido acompañad@s en nuestro proceso de aprendizaje favoreciendo la autonomía de forma progresiva, habiéndose validado nuestras emociones independientemente de lo bien o mal que les encajasen a los adultos a nuestro alrededor…

Requisitos que no siempre las circunstancias permiten que se cumplan, por lo que es frecuente que en la edad adulta sea necesario poder reparar esas necesidades.

Afortunadamente, aunque no se puede cambiar el pasado, sí podemos cambiar la manera en la que vivimos y recordamos nuestras experiencias, así como sanar emociones bloqueadas o dolorosas desde nuestra visión de adulto por antiguas que sean.

De hecho es uno de los trabajos que es frecuente llevar a cabo en un proceso terapéutico, y que favorece que los adultos recuperen confianza y fortaleza al poder experimentar un proceso de dependencia natural, que además les permite establecer relaciones mucho más saludables.

Así que es buena idea facilitar en nuestras niñas y niños que vivan su necesidad de dependencia de forma feliz y natural, acompañándoles en el desarrollo de su aprendizaje desde el cariño y los límites que requieren. También lo es identificar en nosotr@s mism@s la vivencia del continuo ser dependiente-independiente en diferentes momentos que tenemos, y revisar si hay alguna carencia al respecto susceptible de abordar. Poder hacerlo es garantía de mejorar la calidad de nuestras relaciones interpersonales y vivir con mayor salud emocional.

Os dejamos las 5 ideas básicas que no debéis olvidar sobre la dependencia.

  1. La dependencia es una necesidad básica del ser humano.
  2. Que se cubran nuestras necesidades relacionadas con la dependencia genera estructuras más fuertes en las personas.
  3. Ser dependiente en algunas ocasiones, fortalece para ser independiente en otras muchas.
  4. Los roles de dependencia entre los personas deben fluctuar para que las relaciones no se deterioren y conviertan en tóxicas.
  5. Tanto en la infancia como en la edad adulta podemos intervenir para generar una base segura respecto a al dependencia, que favorezca mayor fortaleza y autonomía.

¿De dónde me sale tanto enfado?

¿Te ha ocurrido alguna vez que explotes en el momento más inoportuno o con una persona que no te había hecho nada? ¿Has presenciado un estallido de enfado entre dos desconocidos que te resulta desproporcionado a la situación? ¿Has vivido reacciones violentas al volante ante la más mínima molestia? En más de una ocasión habrás escuchado o utilizado la expresión “es la gota que colma el vaso”,  que podría explicar cómo el enfado tiene una capacidad de aguante limitada y llega un momento en que “ya no cabe mas”.

Otra cosa que suele ocurrir es que nos estalle el enfado incluso sin que haya habido gota aparente que nos colme. Son enfados que pueden ser genéricos, asociados a otra persona o a la que tenemos delante.
En cualquiera de los casos, el mecanismo que se pone en marcha en nuestro cerebro es el de unas señales de alarma o disparadores que nos conectan con el canal del enfado de manera que este se “apodera” de nosotros dejando salir “sin filtro” una serie de reacciones físicas verbales y emocionales que pueden generar cuanto menos malestar interno y a los que nos rodean.
Sentir enfado es algo natural y necesario. Es una respuesta adaptativa que tenemos para afrontar determinadas situaciones. Poder expresarlo es fundamental, ya que genera una serie de activaciones físicas y cerebrales que necesitan ser liberadas. Cuando esto no se hace, toda esa energía generada es como si quedase “pendiente” dentro de nosotros y se fuese almacenando en una especie de saco (la amígdala). Ademas activa una neurored que cada vez es más gruesa y comprende más terminaciones que se relacionan con la vivencia del enfado.
Esto hace que se asocie a mayor cantidad de experiencias vividas sin ser resueltas, en las que con seguridad se han quedado necesidades sin resolver que generan una especie de “hueco emocional” (la de expresarme, la de que me tengan en cuenta, la de que me reparen un daño infringido…). Es por ello, que ese enfado es capaz de hacernos sentir el dolor asociado a todas esas situaciones que nos enfadaron, y también a la sensación de vacío que esos huecos sin cubrir nos produce. De ahí que a veces resulte tan intensa la sensación.
Lo ideal es poder reaccionar de forma natural a cada una de estas activaciones, y cuando eso no es posible por el motivo que sea, las circunstancias no son las oportunas,  tengo dificultades para expresarme con libertad, temo la reacción de la otra persona y me resulta menos costoso callarme etc., lo guardaremos y acumularemos.
El tipo de educación, el permiso que hayamos tenido desde la infancia para expresarnos con libertad, la experiencia con el enfado de otras personas que hayamos vivido, o el vínculo establecido con el interlocutor pueden determinar nuestra capacidad de gestión de la ira.
En cualquier caso, para evitar esas situaciones de reacciones desproporcionadas que en ocasiones pueden resultar tan dañinas, sería conveniente poder pararnos a revisar nuestra capacidad de manejo del enfado. 
Si sientes que esto te ocurre con frecuencia o cuando lo hace es con una intensidad elevada, es probable que te viniese bien realizar un trabajo personal que te permita identificar y regular esos sacos saturados de emoción negativa, que quizá necesiten vaciarse, y así te permitas gestionar de forma más saludable para ti y para tu entorno determinadas situaciones y dejar espacio a sensaciones más reconfortantes.
La buena noticia es que está en tu mano poder cambiarlo y mejorar tu calidad de vida.

Acoger la frustración

No ser capaz de hacer obedecer a mi hij@, no conseguir que cuadren las cuentas después de hacer un cálculo tres veces, que tu pareja siga en sus trece sin ponerse en tu lugar a pesar de explicarle una y otra vez tu postura, o que después toda una mañana cocinando se te queme la comida…

Todas ellas son situaciones cotidianas pero difíciles de digerir, que  suelen generar en nosotros una sensación incómoda y desesperanzadora.  Es el sentimiento de frustración, uno de los los más desagradables y difíciles de manejar. Es una sensación que nos activa enormemente y de las que consiguen con más facilidad sacarnos de nuestras casillas.

Su potencia se relaciona con la conexión neuronal que se produce, mediante la cual sensaciones similares de vivencias anteriores se suman a la del momento presente y disparan su intensidad.

Está relacionada con la sensación de no conseguir algún propósito, y esta vivencia se conecta directamente con un aspecto fundamental para sostener nuestra propia identidad, la sensación de valía. Se pone en entredicho tanto nuestra capacidad para alcanzar logros como el valor que los demás nos otorgan, y ante una amenaza tal nuestro organismo activa todas las alarmas para defendernos del tremendo ataque que supone para nuestra autoestima personal y social.
Es por eso que la respuesta hacia los demás cuando nos sentimos frustrados puede ser hostil e injusta en muchas ocasiones. Lo que suele conllevar más tarde una sensación de culpa por habernos “pasado de la raya con el otro”.
Por ello es bueno recordar algunos aspectos que quizá te ayuden a recuperar el control emocional antes de sacar las garras ante aquello o aquellos que te hayan frustrado:
1.Es normal sentir rabia ante la frustración, nos pasa a todas las personas y poder liberar la activación que nos genera en el cuerpo ayuda a que se pase.
2. Tómate tu tiempo para desahogarte, respirar y recuperar el sosiego, antes de interaccionar con otros.
3. La intensidad de tu emoción probablemente no habla sólo de esta situación, sino que está trayendo sensaciones antiguas que la incrementan, por lo que intentar relativizar y centrarnos en el hecho en concreto puede ayudar a rebajar la intensidad.

4. Lo que haces habla de los que haces, no de lo que eres. No conseguir un propósito en un momento dado, sólo dice eso, que no lo has conseguido en ese momento, no significa que no tengas capacidad para conseguirlo en otra ocasión o que no haya otras muchas cosas que sí eres capaz de alcanzar.

5. Cuida tu discurso. El relato que construyas de ti mism@, la manera en que te cuentas la manera de alcanzar o no tus objetivos puede ser constructivo o muy destructivo para ti…está en tus manos que la frustración te venza o te fortalezca… lo que creas es lo que crearás.
Así que no luchemos contra la frustración, démosle el hueco que necesita y aprendamos a vivir con ella sin hacernos daño ni  a nosotr@s mism@s ni a las personas que tenemos cerca.

Canciones que te ayudan

La música activa el mismo hemisferio que las emociones, de ahí la enorme conexión que sentimos entre ambas.
Mediante la música vibramos, recordamos, nos emocionamos de alegría o de tristeza… Tiene un efecto terapéutico por si misma.
Cada persona puede sentir predilección por un estilo, época o grupos en particular, pero también es cierto,  que algunas canciones, sólo con el mensaje que lanzan mediante su letra llenan de fuerza y de positivismo, o invitan a la reflexión…

Hay muchas canciones más o menos populares que seguro se os vienen a la cabeza…

Hoy recordamos una canción española, de melodía sin pretensiones y letra sencilla pero llena de sabiduría, que habla de una de las cualidades más importantes y necesarias para nuestra supervivencia, la de pedir ayuda.

Un acto de enorme valentía que con frecuencia nos cuesta, en parte porque nos han vendido la dependencia como algo de lo que huir y que nos hace débiles, cuando en realidad, la sensación de poder depender de alguien que sabes que va a estar ahí contigo si lo necesitas, es una de las sensaciones más reconfortantes y reparadoras que existen.

Por ello disfrutemos de la dependencia en determinados momentos, de sentirnos vulnerables y de poder contar con personas a nuestro alrededor que nos van a sostener… porque  de esta manera será más fácil fortalecerse y poder ser independiente en el resto de momentos…

Así que os dejamos esta canción para que nunca os olvidéis de gritar si necesitáis ayuda.

Cambia la perspectiva con la que miras tu realidad

A veces las circunstancias no son fáciles y cuesta ver el lado positivo de las cosas… para esos momentos difíciles os proponemos una vuelta de hoja que facilite al cambiar la mirada. Un cambio de perspectiva que, aunque no vaya a hacer que las cosas sean diferentes, sí puede conseguir que la manera de vivirlas sea más positiva.

Ilustramos esta idea con el ya conocido libro de Monica Sheehan “Be Happy”

https://www.facebook.com/monica.sheehan.3?fref=ts

Construye tu propia realidad 

Trucos de “La vida es Bella” para gestionar mejor tu día a día

¡Buenos días aleteroooos!

Todo el que ha visto esta película se enternece al recordarla, probablemente mas de un@ incluso se emocione, y es que esta película consigue contar una historia de enorme crudeza desde la inocente visión de un niño de 5 años.

La clave está en la admirable labor de este papá, que es capaz de abstraerse de la terrible situación que esta viviendo para convertir su vivencia de la misma en algo lúdico,  sin que suponga la experiencia traumática para su hijo que correspondería tener.
Lo que es interesante poder incorporar en la manera de gestionar situaciones del día a día, es el enorme poder que tienen los padres y las madres para transformar las vivencias de sus hijos en experiencias positivas o negativas… el acompañamiento que hagamos de cada situación va a hacer que se quede almacenado en sus cerebros con un determinado impacto emocional, por lo que, como en la película ocurre,  además del hecho en sí, la interpretación que le ayudemos a hacer puede ser muy diferente y determinante.
Es importante tener en cuenta también que para que una persona sea capaz de incluir este espíritu positivo en la manera de relacionarse con los demás,  tendrá que previamente vivir su propia realidad desde el positivismo y la aceptación. Acciones como comenzar el día con una muestra de afecto hacia las personas que queremos puede ayudar (Seguro que recordáis el “Buenos días princesaaaa”), así como afrontar las situaciones difíciles desde la óptica de la búsqueda de soluciones más que desde la de centrarse en el problema (Como las historias que inventaba Roberto para su hijo, en vez de sumirse en la desgraciada situación que estaban viviendo).
Son detalles sencillos pero muy importantes que pueden favorecer tanto un mayor nivel de satisfacción de la vida cotidiana, así como un desarrollo personal y emocional más adecuado y enriquecedor para l@s más pequeñ@s. Y aunque estemos refiriéndonos a una ficción, sí es posible tomar nota de alguna de sus enseñanzas para poder aplicarla a nuestra manera en la vida real.
Es por ello que desde Aletea queremos destacar 5 ideas importantes:
1. La realidad se interpreta según nuestra mirada, por lo que existe la posibilidad de obtener algo positivo hasta de la más terrible de las situaciones.
2. El juego y la imaginación son armas poderosísimas con las que contamos para poder transformar la batalla más terrible (incluso la de ponerse el pijama cada noche) en una actividad lúdica, divertida y llena de afecto, que refuerce las conexiones neuronales más positivas y saludables tanto en la infancia como en la etapa adulta.
3. Una persona que piensa en positivo favorece el pensamiento positivo de los que están a su alrededor, que siente en positivo, genera emociones positivas en su entorno… cuando es lo negativo lo que predomina, ocurre lo mismo.
4. Empezar el día con una sonrisa, una muestra de afecto y un espíritu optimista ayuda a que vivamos la vida de forma más saludable.
5. Centrarnos en la búsqueda de soluciones y en el “qué puedo hacer yo para que una situación mejore”, ayudan a superar los obstáculos con mayor facilidad.
Así que os animamos a que os impregnéis del espíritu de esta bonita obra de Roberto Benigni y os aprovechéis de sus beneficios…

Cómo consolar alguien sin sentirme incómod@

No es extraño escuchar frases como: “no llores, que no pasa nada”, “no es para tanto”, o “no te pongas así” cuando una persona quiere consolar a otra, tanto si ambas son  adultas, como si una de ellas es menor.

Normalmente el que consuela, lo hace con su mejor intención, que es la de ayudar al otro, pero lo que probablemente no sabe, es que ese tipo de frases en ese momento  no sólo no suelen ayudar, sino que incluso pueden alejar de la persona.
Ver a una persona llorar desconsoladamente o muy enfadada nos puede activar sensaciones desagradables e  incomodar. Desde pequeños hemos aprendido que el enfado o la tristeza son emociones que debemos evitar mediante frases como: “qué fe@ te pones cuando lloras”, “si te enfadas así no te van a querer”, “me gustas más cuando sonríes”… Y eso hace con frecuencia tendamos a eludirlas y a autocensurarnos, ahogando el llanto en muchas ocasiones o disimulando la molestia que algo nos ocasiona.
Pero, ¿qué es lo que realmente necesitamos recibir de quien nos acompaña cuando nos sentimos tristes, enfadados, malhumorados etc..?
No es que nos rescaten lo antes posible de nuestra emoción, para volver a estar felices y contentos.
Tampoco que nos intenten explicar de forma racional porqué nuestra emoción no es la más adecuada …
Lo que sí nos ayuda en ese momento es que reconozcan nuestra emoción (1), la validen (2) y nos acompañen en ella (3). Tan sencillo y tan difícil. Frases como: – “Jo, veo que estas muy enfadad@” (1), “y es normal con lo que ha pasado” (2), “yo estoy aquí contigo” – y dar un abrazo- (3).
Cuando tenemos una experiencia emocional intensa, se activa una especie de sistema de alarma de protección, en lo que conocemos como cerebro emocional, que en ese momento toma el mando de nuestra actividad mental, por lo que los mensajes que tienen que ver con contenido racional no se captan bien y suelen ser ignorados.
Una vez que la intensidad disminuye, se desactiva la alarma, y el cerebro recobra la conexión con el resto de funciones, pudiendo atender entonces a esos mensajes racionales que ayudan a interpretar de forma más adaptativa la situación vivida, y a poder colocar la experiencia emocional de manera más ajustada.
Es entonces cuando frases del estilo: “podremos encontrar una solución”, “no lo ha hecho con mala intención”, “al final todo pasa”… pueden ser integradas en el cerebro ayudando incluso a asimilar mejor lo ocurrido, pero ahora y no en el momento del desbordamiento emocional en el que toda esa información no llega, y además puede generar rechazo y enfado en la persona a la que se está intentando consolar.
Ser capaz de detectar los momentos en los que la conexión racional de una persona está bloqueada para recibir mensajes por este canal, y emplear estrategias que inciden sobre el cerebro emocional es una buena manera de dar apoyo eficaz a otros.  Ayuda a las personas a vivir su emoción de forma más positiva, aún siendo desagradables como el enfado o la tristeza, a volver a equilibrarse  de manera mas eficaz y reparadora, y  además de generan vínculos más seguros y positivos entre las persona que da y la que recibe el apoyo.

10 razones para ver Inside Out en familia

Hoy os recomendamos una película que además de entretener a toda la familia, puede mejorar vuestro nivel de inteligencia emocional. Creemos que es bueno ver Inside Out porque:

1. Su visionado en familia supone un espacio de tiempo compartido que cubre una necesidad básica fundamental para vuestr@s hijos.
2. Es una película amena y divertida que aporta una visión diferente sobre el funcionamiento del ser humano.
3. Aporta a través de la fantasía una explicación del funcionamiento cerebral bastante acertada, a la vez que fácil de comprender.
4. Ayuda a identificar y comprender mejor las reacciones emocionales propias y ajenas.
5. Refleja situaciones de la vida cotidiana con las que podéis sentiros identificad@s y podéis aprovecharlas para abordar aquellas en las que los más peques o los adultos hayáis reaccionado o sentido de forma parecida.
6. Ofrece un aprendizaje importante respecto a la necesidad de identificar, sentir y expresar todas las emociones, y no solo las que nos resultan más agradables.
7. Podéis aprovechar el recurso de los personajes que representan la emociones  para situaciones posteriores. La estrategia de externalizar sus reacciones como obra de un “personaje que toma el control del mando” puede ayudar a l@s niñ@s a desculpabilizarse y favorecer un mejor control y regulación emocional.
8. Ayuda a establecer conexiones neuronales en ambos hemisferios cerebrales al trabajar funciones muy diversas como la imaginación, la identificación de sensaciones corporales, el lenguaje o el razonamiento.
9. Flexibiliza la imagen de uno mismo y el nivel de exigencia. Interpretar nuestras acciones como resultado de diferentes partes o personajes que median en nosotros, ayuda a entender y aceptar mejor nuestras reacciones por inadecuadas que puedan ser.
10. Permite parar el ritmo, pasad un rato entretenido, poner en pausa las preocupaciones y disfrutar del aquí y ahora.
Así que si aún no la habéis visto, o la queréis ver con una nueva mirada, ¡adelante!

Afronta tus miedos

Ser valiente no es no tener miedo, ser valiente significa conocer tus miedos, aceptar lo que nos hacen sentir y aún así seguir adelante.

En esta nueva viñeta de Monica Shehaan de su libro “Be Happy” lo vemos muy bien representado.

Así que no escondas tus miedos, míralos de frente, busca apoyo si lo necesitas y continúa caminando a pesar de ellos.

Feliz miércoles a todas y todos.