Leonardo, el fracasado

La figura de Leoanrdo da Vinci la asociamos a genialidad y éxito en diversas disciplinas, aunque en la celebración de su quinto centenario se nos aproxima más de cerca su figura como persona.

Este video habla de cómo vivió el fracaso, el rechazo, de cómo una persona puede caerse, pero no por ello, hundirse, sino levantarse una y otra vez.

En tiempos en los que no hay espacio para el malestar o la derrota, que vivimos en un mundo competitivo y lleno de impostura sobre nuestra vida en redes sociales, consideramos muy importante poder darnos el permiso de experimentar, de dudar, de practicar la prueba y el error…

Especialmente importante consideramos poder transmitirles estos valores a las niñas y niños que están formándose como personas, para que incorporen la naturaleza de su propio aprendizaje, con sus equivocaciones incluidas, sin temor a ser rechazad@s por ello.

Fomentemos en la infancia, la observación, la experimentación tangible, el ensayo y error como método de aprendizaje, dejemos que se equivoquen, que se caigan y aprendan nuevos caminos… fomentemos así la genialidad del fracaso.

Y tú, ¿te atreves a fracasar?

Aletea llega a la Sierra Noroeste de Madrid

Ahora Aletea también en la Sierra Noroeste.
Aletea crece dando cobertura a una nueva zona. Especialización en terapia infantojuvenil,  para adultos y terapia de pareja.
Si vives en Villalba, Alpedrete, Moralzarzal, Galapagar o alrededores no dudes en contactar con nosotras.
Te atenderemos en un nuevo espacio ofreciendo la misma calidad, cercanía y eficacia.
¿Preferes que te llamemos?

El estrés de hoy, el instinto del miedo de nuestros ancestros

Os traemos hoy un animado video creado por Walt Disney en los años 70, en el que explicaba al público infantil cómo funciona nuestro cerebro y las reacciones del miedo y el estrés en nuestra vida cotidiana.

No puede estar más en boga en la sociedad actual, en la que la prisa, el miedo al fracaso, y la sensación de vulnerabilidad nos acompañan de forma frecuente.

Son muchos los casos de estrés elevado y sintomatología ansiosa que nos llegan, sin entender muy bien por qué el cuerpo reacciona con potentes crisis de ansiedad, somatizaciones de tipo gástrico, o del sistema nervioso, muchas veces en los momentos menos esperados.

Por eso desde Aletea intentamos favorecer siempre la conexión con el cuerpo, que es la mejor fuente de información sobre nuestro propio estado de salud, y que nos envía señales constantemente que nos indican que debemos ajustar nuestra actividad diaria antes de traspasar determinados límites y mantener una salud adecuada. 

Por ello os invitamos a verlo, porque de una forma amena y simpática podemos comprender un poco mejor nuestras reacciones fisiológicas y la importancia de escuchar y atender al cuerpo un poco más y mejor en el día a día. 

Esperamos que os guste.

 

Acompañando en la emociones

Buenos días aleteras y aleteros.

Seguro que os resulta común escuchar a vuestro alrededor frases del tipo “no llores”, “no lo pienses más”, “es mejor que pienses en lo positivo”, etc.

Y es que es natural que cuando tenemos a una persona querida pasando por un momento difícil, deseemos que vuelva a sentirse tranquila y aliviada cuanto antes, pero a veces, nuestra ayuda puede provocar justo el efecto contrario si usamos este tipo de frases, ya que esa persona puede sentir que no se le está escuchando, ni dejando espacio para liberar la carga emocional al instarle a que bloquee o reprima el llanto.

En dichas situaciones, es importante tener claro que es muy probable que no vayamos a poder quitar el dolor que esté sintiendo nuestro ser querido, pero sí podamos hacer que esa persona se sienta acompañada, escuchada y comprendida, validando sus estados emocionales.

En el rincón de “Revolucionando el aula” hemos encontrado esta imagen donde se agrupan de manera clara y sencilla algunas frases que acogen esos sentimientos y favorecen que la persona tenga un lugar seguro donde expresar sus emociones, necesidades y deseos, y así se pueda sentir acompañada en esos duros momentos. Así se favorece que aparezca el alivio de forma más natural y que no se de lugar a la vergüenza o la culpa que a veces se nos añade en estos estados.

Como veis, tenemos en nuestra mano, con unos sencillos cambios en la manera de abordar las emociones, la posibilidad de favorecer un mejor desarrollo emocional de las personas que queremos. ¿Os  animáis a probar?

Superar el miedo

Hoy os presentamos una historia de Idries Shah llamada “El león que vio su rostro en el agua” para entender cómo se consigue superar el miedo. La historia refleja el temido primer paso a la hora de enfrentarse a una situación concreta provocando un desbordamiento de diferentes emociones desagradables como miedo, inseguridad, inferioridad, etc. Puede llegar a bloquearnos o incluso a hacer que evitemos y escapemos de ella, hasta el punto de perdernos los beneficios que podamos obtener y lo más importante, sentirnos capaces.

Esta bonita moraleja, refleja cómo se puede superar el miedo cambiando la perspectiva desde donde veamos el problema a raíz de haberlo afrontado con los recursos que se dispongan en ese momento y dejando más a un lado esa vocecita que nos anima a estar lejos.

La historia es esta:

Érase una vez un león que vivía en un desierto. Allí soplaba mucho el viento y por ello, el agua de las charcas en las que habitualmente bebían todos los animales no se quedaba nunca quieta. Las potentes ráfagas rizaban la superficie de las charcas y nunca se reflejaba nada en ellas.

Un día el león se adentró en el bosque, donde solía cazar y en sus tiempos libres jugar, hasta que se sintió algo cansado y sediento. Buscando agua, llegó a una charca que contenía el líquido más fresco, tentador y apacible que nadie nunca haya podido imaginar.

De modo que el león se acercó a la charca, alargó el cuello e intentó beber un buen trago. De repente, vio su propio reflejo y se asustó, al pensar que se trataba de otro león que estaba frente a él.

“Este agua debe pertenecer a otro león, mejor me voy de aquí, con mucho cuidado”, pensó el animal. Retrocedió, pero entonces la sed lo hizo volver de nuevo a la charca. Otra vez vio la cabeza de un temible león con una gran melena que le devolvía la mirada desde la superficie del agua.

El león de esta historia se agazapó a la espera del momento oportuno para ahuyentar al “otro león”. Como estaba acostumbrado hacer para marcar territorio o demostrar que se encontraba en un lugar, abrió sus fauces y dio un terrible rugido. Pero tan pronto como enseñó sus dientes, por supuesto, la boca del “otro león” también se abrió; y a nuestro león esto le pareció una horrible y peligrosa visión.

Una y otra vez el león se apartaba, pero luego tomaba coraje, volvía a la charca y tenía la misma experiencia. Después de un largo rato, sin embargo, estaba tan sediento y desesperado que se decidió: “¡Con otro león o sin otro león, beberé igual de esa charca!”. Tan pronto como el león hundió su rostro en el agua… ¡el “otro león” desapareció!”

Idries Shah

Los beneficicios de volver a la rutina

La vuelta a la realidad es dura.

Necesitamos unos días de adaptación para cambiar las chanclas por el ordenador, y la crema protectora por cafés de máquina.

Son días de compartir las experiencias vividas y añorar los lugares disfrutados.

También es cierto que la vuelta supone un nuevo comienzo, una nueva oportunidad de implementar cambios en lo personal y lo profesional.

Renovamos las energías con un nuevo impulso, que aunque en pocas semanas se suele diluir, es bueno poder aprovechar.

Utilicémoslo para conectar con aquello que nos hace sentir bien, sensaciones que tenemos más recientes y podemos mantener.

Aquí tienes cinco sencillas claves que pueden ayudar a tu cerebro y a tu cuerpo a incorporarse con mejor energía.

  • Organiza mejor tu tiempo, intenta crear un momento nuevo especialmente para ti. Madruga más, resérvate una tarde entre diario o en el fin de semana. Esto puede ayudarte a mantener tu esencia, a no dejarte arrastrar por las obligaciones y anteponer siempre a los demás. Tú eres importante y saber cuidarte es fundamental para sostener el cuidado del resto de personas y obligaciones.
  • Introduce algo de ejercicio y movimiento. Vives en tu cuerpo, y mantenerlo ágil y saludable favorece la calidad de tu vida.
  • Depura tu dieta, introduce alimentos saludables de calidad y ricos en nutrientes. Solemos hacer excesos en el verano, y ahora está bien poder filtrar con una buena dieta, en la que volvamos a tener en cuenta las necesidades nutricionales de nuestro organismo.
  • Contacta con la gente que te hace sentir bien, fomenta tu sonrisa. El contacto con las personas es una de la fuentes de sanación más potentes. Elige bien con quién te apetece estar, y disfruta de su compañía y afecto.
  • Conéctate con la naturaleza, Ve a la montaña, o al parque de tu barrio, intentando hacer paseos conscientes. Estar en contacto con la naturaleza tiene importantes efectos beneficiosos en nuestra salud física y mental, y  es especialmente importante cuando vivimos en ciudades. Intenta vencer la pereza de vez en cuando y regalarte un paseo en el que disfrutes de tu entorno de manera plena.

Ánimo y a intentar allanar esa cuesta arriba con que nos suele  recibir septiembre.

GRACIAS POR ALETEAR CON NOSOTRAS

Esta semana cerramos el curso. Un curso lleno emociones y crecimiento.

Un curso en el que hemos celebrado nuestro primer año en funcionamiento, en que habéis sido más de 100 personas las habéis confiado en Aletea para acompañaros en vuestro camino…

En que hemos llenado de vida y luz los despachos con horas de trabajo dedicadas al bienestar y la salud.

Un curso en el que hemos aprendido y crecido también nosotras con cada experiencia que habéis compartido.
Así que solo nos queda daros las GRACIAS.

A l@s que habéis venido a Aletea este año, a l@s que nos leéis, compartís o seguís en Facebook, a l@s que nos escribís reseñas, a los que nos recomendáis a otras personas, a l@s que confiáis por primera vez, a l@s que aún os lo estáis pensando y a l@s que ni siquiera habéis oído aún hablar de nosotras.

GRACIAS por estar ahí y hacer que el vuelo de Aletea suba cada vez más alto con vuestra fuerza.

Porque Aletea es nuestro sueño, es lo que somos y con lo que queremos acercarnos a cada un@ de vosotr@s.

Buen verano y a seguir moviendo las alas.

 ¡Os esperamos en septiembre!

Fatima, Isabel y Sandra

Tú, yo y nuestras expectativas

¿Crees que las expectativas que tienes sobre tu pareja están influyendo en la calidad de la misma?

Como hemos comentado en otros post e ilustra tan acertadamente Flavita Banana en esta imagen (www.facebook.com/FlavitaBananaIlustracion/), una pareja no es sòlo cosa de dos, sino que además cada un@ aporta todas aquellas ideas, deseos, mandatos e incluso mitos sobre cómo debe funcionar la pareja, y sobre cuál es la manera más adecuada de relacionarse y comportarse.

Las expectativas están hechas a base de todo aquello que hemos visto y oído a lo largo de nuestra vida. Primero del modelo de pareja que hayamos tenido en nuestra familia, de nuestra propia historia de relaciones, de lo que nos han contado las personas de nuestro alrededor (amigos, familiares etc.) y, por supuesto, de todo ese escaparate que es la televisión, el cine, internet y la música, en las que se nos ofrecen modelos en los que reflejarnos, que no siempre son saludables ni realistas.

Es imposible liberarnos de ellas, porque forman parte de lo que creemos y lo que creamos… de lo que somos… pero no son inamovibles.

Por eso es importante en primer lugar, ser conscientes de ellas… pararse a hacer una reflexión acerca de lo que tenemos en la cabeza sobre cómo debe ser una pareja, e intentar analizar cuáles de aquellos pensamientos nos están ayudando a construir una relación sana y cuáles no sólo no lo hacen, sino que incluso la imposibilitan.

Se trata de ponernos unas “gafas de detective” que puedan cazar todas aquellas ideas que se hayan colado en nuestra mochila sin que realmente tengan que ver con lo que somos realmente.

El modelo de pareja de nuestros padres o cuidadores  como decíamos, nos va a influir irremediablemente, pero no tiene porqué ser el nuestro… ni tampoco justo el contrario… cada relación, cada persona y sus circunstancias son distintas, por lo que no existe una única manera de relacionarse, pero es frecuente que las personas se sorprendan repitiendo patrones que han visto en sus casas, a pesar de no sentirse identificados con esa manera de actuar. Por ello es importante prestar atención a este tipo de interacciones.

Lo que sí nos va a ayudar sean cual sean las circunstancias, es ser consciente de nuestras propias necesidades, aprender a satisfacerlas por nosotros mismos y a poder comunicarnos con nuestra pareja para demandar aquello que nos hace falta.

Aprender a sentir y aprender a pedir. Dos tareas sencillas y tremendamente complejas que implican la capacidad de autoconocimiento y también de autocuidado, herramientas que se desarrollan con mayor facilidad durante la infancia, así que aprovechemos a potenciarlas en nuestr@s niñ@s.

La lucha entre quién eres y quién deberías ser

Una de las dificultades más frecuentes que encontramos tanto entre las personas que acuden a terapia como entre las que nos rodean en el día a día, es la de ser capaz de aceptarnos. Aceptar las partes de nosotros que no nos gustan, aceptar lo que somos, lo que sentimos… aceptar quién somos de forma completa e integrada.

Y es algo que genera mucho sufrimiento porque te hace vivir en una continua lucha entre lo que realmente eres y lo que crees que deberías ser.
Lo que crees que deberías ser para sentirte más aceptad@, más segur@, más reconocid@ por los demás.
Porque somos seres sociales, y nuestra supervivencia depende desde que nacemos de la interacción con otros. En función de las respuestas que recibimos de nuestro entorno en los primeros años de vida, desarrollamos estrategias que nos permiten adaptarnos y sobrevivir de la mejor manera posible, con él mínimo de recursos necesarios.
Estrategias con las que necesitamos sentir que nuestras figuras de referencia y cuidado nos quieren, nos aceptan y nos premian.
Y aprendemos así a adaptarnos a lo que el otro espera de nosotros. Y también a autocensurar aquellas respuestas que no tienen buena acogida. Incluso cuando esa respuesta es una reacción emocional automática como el miedo, la tristeza o el enfado, si no es bien aceptada, aprendemos a reprimirla.
Y además creeremos que el mero hecho de sentirlas está mal, porque hace que los otros “nos quieran menos”, y eso se traduce en mensajes como: “hay algo malo en mí que hace que el otro no me acepte”, lo que nos hará sentir culpables cada vez que sintamos esas emociones, creyendo que son malas o que nos convierten en malos a nosotr@s.
Y llega un día en que de repente te encuentras siendo un adulto que batalla cada día consigo mismo por no mostrar enfado, o que se avergüenza de sentir y expresar miedo. Con un sistema nervioso en continua lucha por poder expresar las señales que las emociones lanzan desde el cerebro, y a la vez intentar reprimirlas de cara a los demás e incluso ante sí mism@…
Es un proceso agotador… desgasta y lleva a las personas a estados de confusión, angustia e incluso desesperación…
La buena noticia es que es posible liberarse de esta carga. Y El primer paso para hacerlo es ser consciente de las contradicciones que se han creado, para poder elaborar un mensaje diferente.
Que se sienta enfado, miedo o cualquier emoción no es ni bueno ni malo. No es cuestionable. Es una respuesta fisiológica automática necesaria y adaptativa como lo es el respirar.
Desde nuestro cerebro de adulto, llenos de aprendizaje y experiencias podemos entender que muchas de las reacciones de nuestros cuidadores y personas del entorno no tenían tanto que ver con lo que nosotros hacíamos, sino más bien con sus propias circunstancias. Ahora podemos darnos cuenta de que a veces, que mamá o papá me regañasen no era a causa de lo “mal@” que había sido, sino de lo cansad@s que estaban, y la poca paciencia que les restaba. Poder darle ese mensaje al cerebro de ese niño que lo vivió,  le ayudaría muchísimo a no sentirse culpable, a saber que “aunque mamá se enfade le va a seguir queriendo, y que no cambia nada lo bueno o malo que él/ella sea”.
Podríamos cambiar la traducción de esa experiencia de: “si me enfado y me quejo mamá se enfada y ya no me quiere, así que es mejor no enfadarme o que al menos no se me note para que me siga queriendo” por esta otra: “las mamás a veces se enfadan igual que me pasa a mi, pero después se le pasa y me quiere igual.”
Esto que puede parecer obvio e incluso trivial, es el origen de infinidad de experiencias traumáticas y bloqueos emocionales entre las personas adultas.
Así que seamos conscientes de que tanto l@s niñ@s que viven EN nosotr@s, como CON nosotr@s traducen las experiencias vividas en sus propios términos, y a veces de forma determinante para su vida. Hagamos que les llegue el mensaje correctamente y ayudémosles a liberarse de la lucha entre lo que realmente se es y lo que se cree que se debe ser.

Por qué ser dependiente a veces, te hace más fuerte.

“Debes ser una persona independiente”, “Tu amiga tenía mucha dependencia de su pareja”, “No quiero que mi hij@ sea tan dependiente de nosotros”. Frases que escuchamos con frecuencia y que nos plantean una idea de la dependencia como algo negativo y en ocasiones asociado a debilidad, exceso de sensibilidad y necesidad patológica de contacto con otras personas.

Desde aquí queremos aportar una nueva visión a la necesidad de depender de otros como tal, una necesidad, no un capricho, una debilidad o ni siquiera una elección.

Los seres humanos nacemos prematuros y dependientes. Dependientes para la supervivencia. Necesitamos de una figura cuidadora que nos alimente y cubra nuestras necesidades básicas durante los primeros años de nuestra vida, de no ser así, moriríamos.

Y nuestras necesidades básicas comprenden el alimento, el cobijo y la estimulación, así como otras muchas como el contacto físico y el afecto, la necesidad de ser mirado, de refuerzo positivo, de ser escuchado… y también de poder depender del otro. Sí, tan importante como que me alimenten, puede llegar a ser para la estructura de la persona sentir que puedo depender de los demás de forma natural y saludable. Esto no es sólo durante los años más tempranos de nuestra infancia, sino a lo largo de toda nuestra vida.

Ser dependiente fortalece a la persona. No serlo siempre, pero sí serlo cuando es necesario, de forma tranquila, sin que eso active otras emociones como la culpa, el rechazo, o el miedo al abandono.

Una persona que vive de forma sana poder ser dependiente, va a poder pedir ayuda a las personas que tiene alrededor en los momentos en que necesite apoyo, fortaleciéndose, al sentir el afecto del otro, estableciendo vínculos de confianza y seguridad, y adquiriendo nuevas herramientas que le ayudarán a manejar situaciones similares que puedan sobrevenirle con mayor sensación de control. Todo ello repercute en una mayor autoestima, y una estructura más fuerte y estable.

Del mismo modo es importante que las personas podamos mostrarnos disponibles cuando alguien a nuestro alrededor pueda necesitarnos, ofreciéndole de igual manera el apoyo, seguridad y estrategias para afrontar ese momento de dificultad.

La experiencia de poder ayudar a otros es también gratificante para un@ mism@, fortaleciendo nuestro autoconcepto, reforzando nuestras propias capacidades y favoreciendo los vínculos afectivos con las personas con las que tenemos más confianza.

Como la mayoría de cosas en la vida, esto es oportuno si lo hacemos con un equilibro adecuado, y los roles pueden ser intercambiables. Vemos con frecuencia como las relaciones basadas en roles muy marcados y fijos, acaban deteriorándose... Las personas que siempre dan apoyo suelen acabar saturados y sin permitirse tener el apoyo que necesitan en ninguna ocasión. Por otro lado, aquellas personas que suelen adquirir el rol constante de dependencia se sienten menos capaces y bloqueados a la hora de afrontar sus dificultades. Es por ello, de la importancia de poder fluctuar entre ambos polos. 

Para que esto sea posible es necesario haber vivido nuestro período de dependencia natural de la infancia de forma sana. Esto pasa por haber recibido la atención necesaria cuando lloramos, ser atendid@s cuando lo requerimos, haber sido acompañad@s en nuestro proceso de aprendizaje favoreciendo la autonomía de forma progresiva, habiéndose validado nuestras emociones independientemente de lo bien o mal que les encajasen a los adultos a nuestro alrededor…

Requisitos que no siempre las circunstancias permiten que se cumplan, por lo que es frecuente que en la edad adulta sea necesario poder reparar esas necesidades.

Afortunadamente, aunque no se puede cambiar el pasado, sí podemos cambiar la manera en la que vivimos y recordamos nuestras experiencias, así como sanar emociones bloqueadas o dolorosas desde nuestra visión de adulto por antiguas que sean.

De hecho es uno de los trabajos que es frecuente llevar a cabo en un proceso terapéutico, y que favorece que los adultos recuperen confianza y fortaleza al poder experimentar un proceso de dependencia natural, que además les permite establecer relaciones mucho más saludables.

Así que es buena idea facilitar en nuestras niñas y niños que vivan su necesidad de dependencia de forma feliz y natural, acompañándoles en el desarrollo de su aprendizaje desde el cariño y los límites que requieren. También lo es identificar en nosotr@s mism@s la vivencia del continuo ser dependiente-independiente en diferentes momentos que tenemos, y revisar si hay alguna carencia al respecto susceptible de abordar. Poder hacerlo es garantía de mejorar la calidad de nuestras relaciones interpersonales y vivir con mayor salud emocional.

Os dejamos las 5 ideas básicas que no debéis olvidar sobre la dependencia.

  1. La dependencia es una necesidad básica del ser humano.
  2. Que se cubran nuestras necesidades relacionadas con la dependencia genera estructuras más fuertes en las personas.
  3. Ser dependiente en algunas ocasiones, fortalece para ser independiente en otras muchas.
  4. Los roles de dependencia entre los personas deben fluctuar para que las relaciones no se deterioren y conviertan en tóxicas.
  5. Tanto en la infancia como en la edad adulta podemos intervenir para generar una base segura respecto a al dependencia, que favorezca mayor fortaleza y autonomía.