Tú, yo y nuestras expectativas

¿Crees que las expectativas que tienes sobre tu pareja están influyendo en la calidad de la misma?

Como hemos comentado en otros post e ilustra tan acertadamente Flavita Banana en esta imagen (www.facebook.com/FlavitaBananaIlustracion/), una pareja no es sòlo cosa de dos, sino que además cada un@ aporta todas aquellas ideas, deseos, mandatos e incluso mitos sobre cómo debe funcionar la pareja, y sobre cuál es la manera más adecuada de relacionarse y comportarse.

Las expectativas están hechas a base de todo aquello que hemos visto y oído a lo largo de nuestra vida. Primero del modelo de pareja que hayamos tenido en nuestra familia, de nuestra propia historia de relaciones, de lo que nos han contado las personas de nuestro alrededor (amigos, familiares etc.) y, por supuesto, de todo ese escaparate que es la televisión, el cine, internet y la música, en las que se nos ofrecen modelos en los que reflejarnos, que no siempre son saludables ni realistas.

Es imposible liberarnos de ellas, porque forman parte de lo que creemos y lo que creamos… de lo que somos… pero no son inamovibles.

Por eso es importante en primer lugar, ser conscientes de ellas… pararse a hacer una reflexión acerca de lo que tenemos en la cabeza sobre cómo debe ser una pareja, e intentar analizar cuáles de aquellos pensamientos nos están ayudando a construir una relación sana y cuáles no sólo no lo hacen, sino que incluso la imposibilitan.

Se trata de ponernos unas “gafas de detective” que puedan cazar todas aquellas ideas que se hayan colado en nuestra mochila sin que realmente tengan que ver con lo que somos realmente.

El modelo de pareja de nuestros padres o cuidadores  como decíamos, nos va a influir irremediablemente, pero no tiene porqué ser el nuestro… ni tampoco justo el contrario… cada relación, cada persona y sus circunstancias son distintas, por lo que no existe una única manera de relacionarse, pero es frecuente que las personas se sorprendan repitiendo patrones que han visto en sus casas, a pesar de no sentirse identificados con esa manera de actuar. Por ello es importante prestar atención a este tipo de interacciones.

Lo que sí nos va a ayudar sean cual sean las circunstancias, es ser consciente de nuestras propias necesidades, aprender a satisfacerlas por nosotros mismos y a poder comunicarnos con nuestra pareja para demandar aquello que nos hace falta.

Aprender a sentir y aprender a pedir. Dos tareas sencillas y tremendamente complejas que implican la capacidad de autoconocimiento y también de autocuidado, herramientas que se desarrollan con mayor facilidad durante la infancia, así que aprovechemos a potenciarlas en nuestr@s niñ@s.

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