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¿De dónde me sale tanto enfado?

¿Te ha ocurrido alguna vez que explotes en el momento más inoportuno o con una persona que no te había hecho nada? ¿Has presenciado un estallido de enfado entre dos desconocidos que te resulta desproporcionado a la situación? ¿Has vivido reacciones violentas al volante ante la más mínima molestia? En más de una ocasión habrás escuchado o utilizado la expresión “es la gota que colma el vaso”,  que podría explicar cómo el enfado tiene una capacidad de aguante limitada y llega un momento en que “ya no cabe mas”.

Otra cosa que suele ocurrir es que nos estalle el enfado incluso sin que haya habido gota aparente que nos colme. Son enfados que pueden ser genéricos, asociados a otra persona o a la que tenemos delante.
En cualquiera de los casos, el mecanismo que se pone en marcha en nuestro cerebro es el de unas señales de alarma o disparadores que nos conectan con el canal del enfado de manera que este se “apodera” de nosotros dejando salir “sin filtro” una serie de reacciones físicas verbales y emocionales que pueden generar cuanto menos malestar interno y a los que nos rodean.
Sentir enfado es algo natural y necesario. Es una respuesta adaptativa que tenemos para afrontar determinadas situaciones. Poder expresarlo es fundamental, ya que genera una serie de activaciones físicas y cerebrales que necesitan ser liberadas. Cuando esto no se hace, toda esa energía generada es como si quedase “pendiente” dentro de nosotros y se fuese almacenando en una especie de saco (la amígdala). Ademas activa una neurored que cada vez es más gruesa y comprende más terminaciones que se relacionan con la vivencia del enfado.
Esto hace que se asocie a mayor cantidad de experiencias vividas sin ser resueltas, en las que con seguridad se han quedado necesidades sin resolver que generan una especie de “hueco emocional” (la de expresarme, la de que me tengan en cuenta, la de que me reparen un daño infringido…). Es por ello, que ese enfado es capaz de hacernos sentir el dolor asociado a todas esas situaciones que nos enfadaron, y también a la sensación de vacío que esos huecos sin cubrir nos produce. De ahí que a veces resulte tan intensa la sensación.
Lo ideal es poder reaccionar de forma natural a cada una de estas activaciones, y cuando eso no es posible por el motivo que sea, las circunstancias no son las oportunas,  tengo dificultades para expresarme con libertad, temo la reacción de la otra persona y me resulta menos costoso callarme etc., lo guardaremos y acumularemos.
El tipo de educación, el permiso que hayamos tenido desde la infancia para expresarnos con libertad, la experiencia con el enfado de otras personas que hayamos vivido, o el vínculo establecido con el interlocutor pueden determinar nuestra capacidad de gestión de la ira.
En cualquier caso, para evitar esas situaciones de reacciones desproporcionadas que en ocasiones pueden resultar tan dañinas, sería conveniente poder pararnos a revisar nuestra capacidad de manejo del enfado. 
Si sientes que esto te ocurre con frecuencia o cuando lo hace es con una intensidad elevada, es probable que te viniese bien realizar un trabajo personal que te permita identificar y regular esos sacos saturados de emoción negativa, que quizá necesiten vaciarse, y así te permitas gestionar de forma más saludable para ti y para tu entorno determinadas situaciones y dejar espacio a sensaciones más reconfortantes.
La buena noticia es que está en tu mano poder cambiarlo y mejorar tu calidad de vida.

Cómo explicarles situaciones difíciles a tus hij@s

En ocasiones las familias nos consultan sobre si es bueno explicarles a los niños situaciones difíciles como enfermedades, separaciones, fallecimientos etc. y sobretodo, cómo hay que hacerlo.
Nuestra recomendación es que sí, que se les explique y anticipe todo lo posible situaciones en las que van a vivir cambios, bien presenciando situaciones nuevas, detectando estados emocionales novedosos en los adultos o escuchando hablar sobre temas poco frecuentes.
Por eso, si un familiar se pone enfermo por ejemplo, es bueno que se le pueda contar lo que pasa, adaptándonos a su lenguaje y capacidades, para que vaya incorporando situaciones de este tipo en su repertorio cerebral…
Es positivo incluso que puedan realizar una visita al hospital, y  así puedan liberarse con la experiencia real de temores y fantasías angustiosas que puedan aparecer en su imaginación.
Eso sí, debemos prepararles previamente. Ver a alguien convaleciente, por bien que esté, puede generar un importante impacto… desde que entran en un hospital, ver al personal sanitario, pacientes en camillas o todos aquellos artilugios enchufados a la persona querida, son imágenes poco habituales y que pueden asustar.
Por ello, si se elige que los pequeños de la casa participen de esta situación familiar,  será conveniente advertirles previamente de lo que se van a encontrar.
Si son muy pequeños se puede hacer mediante cuentos en los que se explica cómo un personaje se pone malito y para curarle tienen que cuidarle y estar un tiempo en un hospital o en la cama en casa… Es importante señalar que después va a haber una recuperación y van a poderse volver a realizar actividades habituales. También es bueno indicar si hay secuelas y algunas rutinas ya no se van a dar, poder plantear actividades sustitutivas que permitan a la niña o niño seguir sintiendo presente y cercana a la persona en cuestión…
En los casos en que ya son más mayores se les puede explicar directamente, pero es importante de igual manera que se les anticipe bien lo que se van a encontrar. También ayuda facilitar la explicación de la emociones que pueden activarse, sensaciones corporales que puedan aparecer y favorecer que se planteen todas las dudas que puedan surgirles.

Este tipo de abordaje lo podemos utilizar ante el planteamiento de cualquier situación difícil que pueda surgir. Recordemos las ideas básicas:

  1. Dejar que formen parte de forma adecuada a su edad.
  2. Anticipar las situaciones que van a darse.
  3. Construir una narración coherente y realista en la que se ofrezca un desenlace con un punto positivo, o al menos en el que se vea preservada su necesidad de protección y de sentirse amad@s.
  4. Propiciar la identificación y el diálogo  sobre las emociones y reacciones corporales.
  5. Abrir un canal para explicitar dudas, miedos y cualquier aportación que necesiten hacer al respecto.

Teniendo estas ideas en cuenta podéis evitar que una situación complicada se convierta en una experiencia traumática y se viva con cierta naturalidad.

¿Qué cualidades me ayudan a ser una madre o un padre más eficaz?

Ser madre o padre no es tarea fácil. Lo intentamos hacer lo mejor posible pero no siempre nos salen las cosas como queremos. Os proponemos que potenciéis ciertas cualidades que tenéis y que seguramente ya habéis puesto en práctica en muchos ocasiones, para que os relacionéis con vuestr@s hij@s de forma satisfactoria,  independientemente de la edad que tengan.

  • Demostrar amor de forma incondicional

L@s niñ@s y adolescentes necesitan saber que sus padres les quieren y se preocupan por su bienestar, incluso cuando han hecho algo mal. Por ello es importarle trasmitirles amor y valoración por el simple hecho de ser nuestr@s hij@s y no porque hagan cosas para merecérselo.

  • Mostrar respeto

El respeto es un valor que debe fluir entre todos los miembros de la familia, no sólo tiene que darse de hij@s a padres sino de padres a hij@s. Aunque a veces nos resulte difícil comprender los enfados, los miedos o la tristeza que sienten l@s más pequeñ@s de la casa, es importante validarlos y respetarlos. Igual que nosotr@s nos enfadamos por cosas del trabajo, ell@s se pueden enfadar porque han perdido el partido de baloncesto o porque la comida del comedor no les gusta.

  • Poner normas y límites

Aunque l@s hij@s no lo reconozcan así, incluso se revelen ante las normas y límites que les ponemos, lo cierto es que les hacen sentirse segur@s. A través de una comunicación asertiva, debemos ser capaces de aplicar las normas de forma consistente y adecuada a la edad y la etapa del desarrollo por la que atraviesan nuestr@s hij@s. Si un día nos mantenemos firmes aplicando cierta norma, y al día siguiente no, nuestra credibilidad se verá cuestionada.

  • Dar ejemplo

Una de las principales técnicas por las que aprendemos comportamientos nuevos, es la observación. Por ello es importante que las personas que rodean a nuestr@s hij@s, sean ejemplo de aquellas conductas que queremos instaurar. El papel de los padres será fundamental en esta tarea ya que la mayoría de niñ@s y adolescentes confían en sus padres más que en ninguna otra persona.

  • Generar experiencias positivas

En la medida de lo posible, es aconsejable facilitar a nuestr@s hij@s actividades lúdicas en las que puedan explorar, curiosear, descubrir, entretenerse, etc. tanto en grupo como de manera individual. Intentaremos que estas actividades sean novedosas y divertidas, favoreciendo la participación de todos los miembros de la familia.

  • Aprender de las experiencia negativas

Aunque pongamos todo nuestro empeño en evitarles dolor a nuestr@s hij@s, va a ser irremediable que en ocasiones vivan experiencias desagradables que les hagan pasarlo mal. Cuando esto ocurra, estaremos allí para acompañarles desde la tranquilidad, porque el haber vivido situaciones de este tipo, es una oportunidad de aprendizaje y de cambio. Frases como “¿qué podemos hacer la próxima vez para que no pase?”,  “y si vuelve a pasar ¿qué podríamos hacer para sentirnos mejor?” nos ayudaran a afrontar mejor las situaciones difíciles.

¡Esperamos que os sirva de ayuda!

¿Suelen funcionar los castigos que les pones a tus hij@s?

En ocasiones nuestros hijos tienen comportamientos que no deseamos que se vuelvan a repetir y por ello recurrimos al castigo. Pero no siempre acertamos con el tipo de castigo que imponemos y eso hace que el comportamiento que queríamos extinguir vuelva a aparecer, incluso con más intensidad.

Aunque castigar parezca fácil, debemos tener cuidado de no ser impulsivos y reflexionar sobre lo que queremos conseguir con el castigo. Siempre mantenemos la idea de que a l@s hij@s hay que trasmitirles amor y valoración, y esto se debe mantener incluso cuando les castigamos. L@s pequeñ@s deben sentirse queridos especialmente cuando les hemos dicho que han hecho algo mal. Y lejos de interpretar estas situaciones como un problema, podemos verlo como una oportunidad de cambio y de aprendizaje tanto para l@s niñ@s como para los adultos.

Será imprescindible tener claras estas tres ideas para que las claves que os recomendamos funcionen:

  • No amenazar con cosas que no vamos a cumplir (por ejemplo: “como no te portes bien te llevaré a vivir con la abuela”).
  • Ser constante con la aplicación del castigo. Si cuando aparece el comportamiento que queremos eliminar, unas veces aplicamos el castigo y otras no, nuestra credibilidad se verá cuestionada.
  • Animar a nuestro hijo diciéndole que sabe hacer las cosas bien, aunque a veces cueste que salga a la primera.

Teniendo estas ideas presentes, será más probable que las claves que te ofrecemos a continuación garanticen que la tarea de castigar no sea desagradable para ningún miembro de la familia.

  1. Hablarle en positivo para pedirle que haga lo que deseamos.
    • Le diremos: “cariño si recoges la habitación, luego haremos un bizcocho junt@s”, en lugar de: “ Como no recojas la habitación no prepararemos el postre”.
  1. Anticipar la consecuencia que van a tener sus actos y no imponer el castigo por sorpresa.
    • “Jaime si no recoges la habitación no podremos bajar a jugar al parque”
  1. El castigo debe ser proporcionado al comportamiento del niño.
    • Si mi hijo no hizo los deberes un día, en lugar de castigarle un mes sin salir, puedo quitarle el móvil durante 1 o 2 días
  1. Darle la oportunidad de recuperar el premio perdido si repara su conducta
    • “Si haces los deberes durante lo que queda de semana, valoraré que te puedas quedar a dormir a casa de tu amigo”
  1. Cuando haya reparado su comportamiento, reforzaremos que tiene capacidad para hacer bien las cosas y que confiamos en él/ella para que siga haciéndolo así de bien en sucesivas ocasiones
    • “Muy bien cariño, sabía que podías hacer los deberes y terminarlos a tiempo. Seguro que la próxima semana lo haces igual de bien”

¡Esperamos que os sean de ayuda!

Trucos de “La vida es Bella” para gestionar mejor tu día a día

¡Buenos días aleteroooos!

Todo el que ha visto esta película se enternece al recordarla, probablemente mas de un@ incluso se emocione, y es que esta película consigue contar una historia de enorme crudeza desde la inocente visión de un niño de 5 años.

La clave está en la admirable labor de este papá, que es capaz de abstraerse de la terrible situación que esta viviendo para convertir su vivencia de la misma en algo lúdico,  sin que suponga la experiencia traumática para su hijo que correspondería tener.
Lo que es interesante poder incorporar en la manera de gestionar situaciones del día a día, es el enorme poder que tienen los padres y las madres para transformar las vivencias de sus hijos en experiencias positivas o negativas… el acompañamiento que hagamos de cada situación va a hacer que se quede almacenado en sus cerebros con un determinado impacto emocional, por lo que, como en la película ocurre,  además del hecho en sí, la interpretación que le ayudemos a hacer puede ser muy diferente y determinante.
Es importante tener en cuenta también que para que una persona sea capaz de incluir este espíritu positivo en la manera de relacionarse con los demás,  tendrá que previamente vivir su propia realidad desde el positivismo y la aceptación. Acciones como comenzar el día con una muestra de afecto hacia las personas que queremos puede ayudar (Seguro que recordáis el “Buenos días princesaaaa”), así como afrontar las situaciones difíciles desde la óptica de la búsqueda de soluciones más que desde la de centrarse en el problema (Como las historias que inventaba Roberto para su hijo, en vez de sumirse en la desgraciada situación que estaban viviendo).
Son detalles sencillos pero muy importantes que pueden favorecer tanto un mayor nivel de satisfacción de la vida cotidiana, así como un desarrollo personal y emocional más adecuado y enriquecedor para l@s más pequeñ@s. Y aunque estemos refiriéndonos a una ficción, sí es posible tomar nota de alguna de sus enseñanzas para poder aplicarla a nuestra manera en la vida real.
Es por ello que desde Aletea queremos destacar 5 ideas importantes:
1. La realidad se interpreta según nuestra mirada, por lo que existe la posibilidad de obtener algo positivo hasta de la más terrible de las situaciones.
2. El juego y la imaginación son armas poderosísimas con las que contamos para poder transformar la batalla más terrible (incluso la de ponerse el pijama cada noche) en una actividad lúdica, divertida y llena de afecto, que refuerce las conexiones neuronales más positivas y saludables tanto en la infancia como en la etapa adulta.
3. Una persona que piensa en positivo favorece el pensamiento positivo de los que están a su alrededor, que siente en positivo, genera emociones positivas en su entorno… cuando es lo negativo lo que predomina, ocurre lo mismo.
4. Empezar el día con una sonrisa, una muestra de afecto y un espíritu optimista ayuda a que vivamos la vida de forma más saludable.
5. Centrarnos en la búsqueda de soluciones y en el “qué puedo hacer yo para que una situación mejore”, ayudan a superar los obstáculos con mayor facilidad.
Así que os animamos a que os impregnéis del espíritu de esta bonita obra de Roberto Benigni y os aprovechéis de sus beneficios…

10 claves para abordar los suspensos de tus hij@s

Junio es el mes en que comienza el verano, se acaba el curso, se inician las vacaciones… llega el ansiado descanso, el tiempo para disfrutar de la calle, la piscina y la pandilla… pero todo este alegre panorama puede verse teñido de gris con las temidas por muchos notas finales.

La mayoría de madres y padres se preocupan porque sus hij@s aprueben, a ser posible con buenas notas, y además suelen tomarlas como vara para medir el éxito personal y social, dejando a veces de lado otros elementos fundamentales para su desarrollo como la regulación emocional, el nivel de autoestima o la calidad de las relaciones sociales y familiares.

Por otro lado, es frecuente que cuando llegan a casa con algún suspenso, se empiezan a activar en los adultos, sensaciones de enfado, miedos y fantasmas del pasado que en ocasiones se manifiestan de forma desproporcionada. Que la reacción ante el boletín de notas sea ajustada, regulada y con una mirada positiva, va a facilitar en gran medida la asimilación del bache y el aumento de la capacidad de superación para afrontar el siguiente reto académico.

Por todo ello os dejamos estas 10 ideas que consideramos básicas para gestionar con éxito esta situación.

  1. Para y nota la reacción que te está provocando. Toma conciencia de la activación corporal que tienes y de los pensamientos que te están asaltando.
  2. Demora tu respuesta unos minutos, horas o un día si es necesario, pero reacciona cuando sientas que tienes un buen nivel de autocontrol.
  3. Valida y acoge la emoción de tu hijo: Pregúntale cómo se siente, acepta que esté enfadado, triste, apático, pasota… Utiliza frases del tipo “es normal que estés así, es una faena.”
  4. Ofrece tu apoyo emocional. Deja claro tu cariño, orgullo y valoración hacia tu hija o hijo. Establece contacto físico, abrázal@, dale un beso, una palmada… algo que le haga saber que estás ahí.
  5. Ofrece soluciones: Es momento de mirar hacia adelante, de ver qué opciones nos ofrece el camino a partir de ahora para alcanzar los objetivos propuestos, y no de atascarnos en lo que pudo ser y no fue.
  6. Realiza críticas constructivas: En ocasiones los malos resultados serán a causa de dificultades de aprendizaje, de falta de esfuerzo o una mala organización… sea lo que sea, es importante que aquellas cosas que consideréis que deben mejorar se les transmitáis desde una visión positiva, que les ayude a cambiar y mejorar, pero que no le llene de culpa y sentimientos de inutilidad.
  7. Plantead un plan B, un seguro, un paracaídas por si no se logran los ansiados objetivos, que haya opciones tras el temido reto.
  8. Ayúdale a organizarse: Ponerse con ellos, organizar un horario de estudio, con realismo y flexibilidad puede ayudar. Muestra confianza e interés, propón sin imponer, sugiere, pregúntale por su opinión, aconseja desde el cariño.
  9. Respeta el tiempo de ocio. El verano es para descansar, si toca trabajar también se hará, pero con flexibilidad y en una proporción adecuada.
  10. Apóyale pase lo que pase, en los momentos buenos o en los difíciles, entiende sus momentos de bajón, de pereza y de motivación… muéstrale que estás a su lado, preocupad@, pero también confiando en sus posibilidades.

Llevar a cabo estos pasos no garantiza el éxito académico, pero construye unos vínculos fuertes y saludables entre vosotr@s y favorece una mejora en su autoestima.

Aprendiendo el idioma de las emociones

Nuestro cerebro emocional funciona desde que estamos en el vientre de nuestra madre. Se encarga de procesar la información que nos llega a nivel corporal, emocional y perceptual. Por el contrario, el cerebro racional (el que nos permite realizar funciones como razonar, reflexionar, planificar, organizar, prestar atención, regular emociones, etc.) empieza a desarrollarse a partir del segundo año de vida, y sigue formándose durante varios años.

Por tanto, será fundamental que las madres y padres eduquen a sus hij@s con la coordinación de ambos cerebros, para que las emociones que emerjan en el proceso educativo estén al servicio de la razón.

Para llevar a cabo esta tarea. mamás y papás enseñarán a sus hij@s a reconocer, validar y expresar las emociones. Cuando los más pequeños vayan interiorizando y controlando estos procesos, estarán preparados para aprender a autorregularse, es decir, manejar las emociones de forma adaptativa. Este aprendizaje se potenciará en la medida en que las madres y padres actúen como modelos para los hij@s.

A veces, las personas adultas, por evitar un daño al menor, esconden su tristeza, enfado, ansiedad o frustración. Entendemos que la intención es buena, pero las emociones que hemos descrito son sólo algunas de las que los niñ@s acabarán experimentando a lo largo de su vida (con su pareja, amigos, en el instituto, en su trabajo, etc.) por lo que cuanto antes sepan manejarlas, mejor se van a desenvolver en los diferentes entornos en los que participen.

Con esto favoreceremos su funcionamiento social y evitaremos problemas de comportamiento a largo plazo. De hecho, se ha demostrado que los hij@s cuyas madres y padres se implican en enseñarles estrategias de regulación emocional, adquieren estrategias de afrontamiento más complejas y elaboradas.

El primer paso será que l@s adul@s pierdan el miedo a hablar de cualquier emoción con sus pequeñ@s, y puesto que partimos de que no hay emociones positivas ni negativas, hablar de tristeza o de enfado nos va ayudar tanto como hablar de alegría o sorpresa para conectarnos con ellos.

Para conseguir este objetivo, os proponemos que utilicéis el Emocionario, una herramienta eficaz que sirve para conocernos a través de lo que sentimos. Este diccionario de emociones describe 42 estados emocionales para que las madres y padres aprendan con sus hij@s a identificarlos, y así poder hablar abiertamente sobre lo que sienten.

Emocionario

http://www.palabrasaladas.com/emocionario.html#c5

 

 

¿Cómo le explico a mi hij@ que le voy a llevar al psicólogo?

Cuando unos padres toman la decisión de llevar a su hijo/a a un psicólogo, a menudo les surge la duda de cómo trasmitirles esa noticia. Aunque la tendencia es asumir que ir al psicólogo puede ser tan necesario y beneficioso como ir a cualquier otro profesional de la salud, por desgracia, hoy en día, no es lo mismo contar que voy al fisioterapeuta o al dentista, que decir que voy al psicólogo. Este último caso sigue teniendo una connotación negativa que hace que no vivamos esta experiencia con la normalidad que en realidad conlleva.

Hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Edad: Antes de los 3 años no es necesario dar una explicación previa del motivo de la visita. Entre los 3 y 6 años informaremos con anterioridad a nuestro/a hijo/a de dónde vamos y lo haremos mientras le llevamos a la consulta. De los 6 años en adelante les daremos la información varios días antes para que vayan haciéndose a la idea. En este caso la información puede ser más extensa y procuraremos resolver todas las dudas que le puedan surgir.
  • Nivel de comprensión: El contenido de la información debe ser conciso, utilizando un vocabulario que el/la niño/a pueda entender. Nos ceñiremos exclusivamente a las preguntas del menor sin dar información innecesaria.
  • Estado de ánimo: Aunque en la mayoría de los casos los/as niños/as no ponen oposición para ir al psicólogo, hay algunos/as pequeños/as que se angustian ante este hecho. Buscaremos un momento en el que esté tranquilo/a para contárselo y le aclararemos que estaremos con ellos/as durante la visita.

Cuidando estos tres aspectos, solo falta saber el contenido de lo que le vamos a decir. Recordemos que los/las niños/as tienen una capacidad de atención limitada por lo que no servirá de nada dar largos discursos, así que seremos breves y naturales.

La clave consiste en trasmitirles que, igual que vamos al médico cuando nos duele la tripa o al dentista cuando se nos cae un diente, podemos acudir a otra persona para que nos ayude a sentirnos mejor cuando estamos enfadados/as, tristes, asustados/as, etc. y esa persona es un psicólogo. A través del juego aprenderemos trucos para solucionar aquellas dificultades que nos preocupan y sentirnos mejor.

Podemos acompañar la explicación de algún ejemplo que les resulte familiar, por lo que les diremos que hay niños/as que van al psicólogo porque les cuesta concentrarse cuando hacen los deberes, porque les da miedo dormir con la luz apagada,  porque se enfadan mucho con sus hermanos, porque se meten con él en el colegio, etc.

Tras darles esta explicación, contestaremos a sus preguntas, si las hubiera, y terminaremos realizando alguna actividad agradable con ellos.

A continuación os recomendamos este libro titulado “Mi primer libro de terapia” que os puede ayudar a generar en vuestro/a hijo/a una actitud más positiva ante la terapia.

 

Mi primer libro de terapia

QUÉ HAGO PARA DETECTAR ACOSO Y ACTUAR FRENTE A ÉL

El acoso escolar es uno de los males más dañinos para la salud mental durante la infancia y sus repercusiones pueden perdurar a lo largo de toda la vida. Son muchas las personas adultas que llegan a nuestra consulta con nudos emocionales sin resolver de sus propias  vivencias de acoso como niños o niñas en el colegio.

Por ello es de suma importancia que tomemos en serio cualquier situación donde haya indicios, y que todos los implicados trabajemos en la misma dirección para intentar erradicarlo y reparar sus efecto.  Al hablar de implicados estamos incluyendo a las familias, menores acosadores, víctimas o testigos, comunidad educativa, profesionales de la salud, vecindario, sociedad…etc.

Cada vez existe mayor conciencia al respecto y multitud de iniciativas que apoyan la prevención e intervención en las aulas, lo que es de suma importancia y aunque la intervención terapéutica necesaria va a depender de las circunstancias y características de cada caso, existen unas pautas básicas para trabajar desde la familia que conviene tener en cuenta para cualquier situación de acoso:

Para la prevención:

  • Observa: Comportamientos inusuales, mayor presencia de enfermedades, ausencias o intentos de faltar al colegio.
  • Comunícate: Mantén un diálogo fluido de forma habitual, dedica 10 minutos diarios a escuchar de verdad cómo está, qué tal le ha ido el día… y ante sospechas,  no dudes en preguntar las veces que sea necesario sobre el tema que consideres.
  • Coordínate con profesores u otras figuras del centro educativo, compañeras y compañeros de clase y sus familias u otras personas relevantes, si es que crees que puede estar ocurriendo algo.
  • Expresa interés y afecto. No dejes de expresar lo importante que es para ti y tu apoyo incondicional, manifiesta afecto mediante besos, abrazos, caricias…
  • Ofrece herramientas: Aprovecha situaciones propias o ajenas para enseñarle maneras de afrontar situaciones difíciles, a defender sus derechos, a buscar ayuda, a sentir apoyo de su entorno…

Para la actuación:

  • Acoge sus emociones. NO CUESTIONES NI CULPABILICES. No hay nada que justifique el acoso, nadie tiene por qué sufrirlo. Es normal que sienta miedo, vergüenza, rabia, tristeza… no cuestiones lo que siente, sólo acompaña y ofrece ayuda para que pueda aprender a regularse de forma saludable.
  • Protege: Apoya, dile que estás a su lado, que le vas a acompañar en esto en todo momento y que se va a hacer todo lo necesario para que esta situación pare, haz que se sienta segur@ a tu lado.
  • Actúa. Ponte en contacto con el colegio y reúnete lo antes posible y las veces que sea necesario. Hay colegios que funcionan muy bien en este sentido, pero otros aún están en camino…insiste, pelea lo que haga falta,  pero consigue que se haga una buena intervención a nivel individual y grupal.
  • Busca apoyo: Es posible que sea necesario la ayuda profesional para abordar la situación y reparar el daño sufrido, por lo que no dudes en consultar a algún centro de psicología. Existen también muchas entidades de protección del menor como Save the Children que pueden ofrecerte un guía inicial sobre cómo actuar.
  • Resiste la frustración: A veces la situación puede prolongarse más de lo deseable y las respuestas que se obtienen no son las deseadas. Resiste y continúa. Es la salud de tu hij@ la que está en juego.

Son 10 pasos clave, que llevados a cabo de forma adecuada pueden ayudar a  solucionar una situación dura, por difícil que sea, e impedir que sus consecuencias sean irreparables.

Tod@s contra el acoso escolar.

A favor de la ola, no contra ella

A veces nos empeñamos en evitar, esconder, intentar hacer desaparecer… aquellas vivencias, o partes de nosotros mismos, deseos o miedos que nos resultan incómodos, vergonzosos o que parecen mostrar nuestras debilidades.

El resultado es que por mucho que luchemos contra ellos, antes o después acaban haciendo acto de presencia, normalmente  en el momento menos oportuno.

Una de las claves que mejores resultados nos ofrece en Aletea es la de trabajar la ACEPTACION, ya que nos resulta una gran aliada para conseguir el bienestar y la ansiada felicidad, sea cual sea la situación de la persona.

Aceptar lo que somos, lo que nos pasó, lo que deseamos y lo que tememos. De esta manera podemos convertir supuestas debilidades en nuestra gran fortaleza. La fortaleza de conocernos bien, de amar lo que vivamos, de no temer mostrarnos ante los demás…. La fortaleza de dejar de nadar a contracorriente de nuestros más íntimos deseos, y de aprovechar la fuerza que nuestra ola interna posee por sí misma.

Dejar de avergonzarnos por sentir determinadas cosas, darnos el permiso de ser quien somos, con características más o menos positivas pero que son auténticas y válidas, nos permite conocer nuestro verdadero yo, la herramienta más poderosa que tenemos para manejar y disfrutar nuestra vida. Déjate ser.

En esta línea va el artículo que os dejamos a continuación sobre la capacidad para sanar nuestras heridas emocionales basándonos en la aceptación.

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https://lamenteesmaravillosa.com/5-pasos-sanar-nuestras-heridas-emocionales/