Los miedos infantiles

El miedo tiene una función vital de protección. Nuestra labor como padres es enseñar a nuestros hijos a comprender esta emoción.

Hay miedos evolutivos, que están relacionados con las fases de maduración del niño. A medida que van creciendo, van adquiriendo estrategias y herramientas y estos miedos tienden a bajar en intensidad y hacerse más llevaderos. Cuando los miedos se cronifican en el tiempo y llegan a niveles máximos de ansiedad, estaríamos hablando de fobias y ya necesitaríamos de la ayuda de un profesional para poder manejarlos.

Durante el primer año de vida, el niño y la madre establecen un vínculo de apego estrecho, basado en la seguridad y protección. Desde esta edad hasta los tres años, aparecen miedos intensos cuando no están con sus figuras de referencia, experimentan una gran ansiedad al separarse de la madre.

A partir de los tres años hasta, más o menos, los 8 años aparecen miedos relacionados con sus experiencias sensoriales y su mundo perceptivo, ya que su comprensión del mundo no se ha terminado de desarrollar. En esta edad encontramos miedos relacionados con algún tipo de animal, oscuridad, estar solos, disfraces, máscaras, ruidos, etc.

A partir de los 8 años hasta las 12, los miedos son más realistas y están más relacionados con enfermedades, accidentes, secuestros, ladrones, etc.

¿Cómo ayudar a mi hijo, cuando experimente alguno de estos miedos evolutivos?

Empezaremos por lo que NO se debe hacer:

1- Invalidar el miedo diciendo “no tengas miedo”, ridiculizando al niño por manifestarlo, diciendo por ejemplo”todos los niños lo hacen, menos tú” o castigarlo por no hacer algo. Cualquiera de estas soluciones añadiría una dosis de estrés y ayudaría a aumentar las probabilidades de que el miedo se cronificase o dañaríamos su autoestima.

2-Obligar al niño a hacer algo o al contrario, evitar y escapar de lo que le provoca el miedo “por si acaso que no vaya, que no lo haga, que no vea…”, ya que en ambas situaciones estaríamos reforzando el miedo.

3- Trasmitirle nuestros miedos. El miedo, como cualquier emoción, se contagia. Los niños siempre están muy atentos a los estados de ánimo de los padres, si ante una situación de estrés, mostramos una baja tolerancia a la frustración, el niño podrá aprender a reaccionar y experimentar esa situación de esa forma, instaurándose un miedo.

4- Confiar en que los argumentos y las charlas solucionarán el problema.

Lo que  debemos hacer:

1-Como hemos explicado, son miedos evolutivos, que pertenecen al desarrollo. Cuando queremos instaurar recursos y estrategias en su aprendizaje tenemos que tener en cuenta en que zona del aprendizaje nos encontramos. es decir, el desarrollo real sería lo que es capaz de hacer en la actualidad (perseguir al padre por toda la casa, interfiriéndole en las tareas del hogar, porque no quiere estar solo jugando), el desarrollo potencial lo que queremos que haga (meterle en su habitación, utilizando la fuerza para que aprenda a quedarse solo) y el desarrollo próximo consiste en partir de lo que ya hace el niño, ir introduciendo pequeños ayudas, que duren el tiempo que sea necesario e ir retirándolas a medida que vaya adquiriendo autonomía el niño (el niño coloreará un dibujo en la mesa de la cocina, mientras el padre coloca la vajilla en los armarios . Éste saldrá de la habitación en periodos cortos de tiempo, que poco a poco irá aumentando, para recoger más vajilla de otras habitaciones. Siempre las ausencias justificadas con lo que se está haciendo)

2- Normalizar su estado emocional “veo que tienes miedo y no quieres estar solo” dándole tiempo sin presionarle ni meterle prisa

3- Legitimar su miedo “es normal que te de miedo la oscuridad”.

4-Contar justos lo que acaba de pasar que tanto miedo nos ha provocado, ya que nos dará sensación de más control “Cuando pasábamos por delante del parque, un perro te ha ladrado y te has asustado, ¿verdad?”

5-Buscar soluciones a pequeños pasos que vayamos marcando, de manera conjunta, le ayudaremos a pensar en qué podemos hacer.

6-Buscar el sentido del humor a la situación, ayudándole a cambiar la imagen que le da miedo por otra más divertida.

 

 

 

 

 

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