¿Existe una receta para el amor?

Es una pregunta que con frecuencia nos planteamos. ¿Existe realmente una fórmula mágica que garantice conseguir el amor? Y en caso de encontrarlo, ¿de mantenerlo vivo?

Sintiendo decepcionar a los más entusiastas, la respuesta es que no… Lo que sí que es cierto es que hay algunas claves que pueden favorecer el buen funcionamiento de una pareja.
Vaya por delante que al margen de lo que tenga que ver con la relación, no podemos olvidar que está formada por dos personas que de manera individual tienen un mecanismo propio que opera al margen del tercero en discordia, es decir, la propia relación.
La foto que ilustra nuestro post está sacada de un agradable restaurante de Madrid, que inspiró estas letras, y sugiere una serie de elementos que deberían tenerse en cuenta.

En primer lugar en la receta aparece el Romance, que  vamos a entenderlo como el deseo sexual y también romántico, la excitación psicológica y las ganas de compartir tiempo con el otro. Algo que aparece al comienzo y que coincide además con una de las primeras reacciones que afloran en lo que conocemos como amor, aunque eso sí, no está asegurada su permanencia, ni su intensidad a lo largo del tiempo… por lo que suele ser característico de las primeras etapas de una relación.

El Humor. Uno de los requisitos que con gran frecuencia aparecen en las cartas a los “Reyes Magos de las parejas”. Reírnos es importante, y que la persona que tenemos al lado nos saque la sonrisa es uno de los pegamentos más potentes en una relación. No solo por la risa, sino sobretodo por la complicidad. Compartir bromas propias, que nos hagan gracia los mismos chistes o incluso robarnos la frases irónicas y chascarrillos, supone una muestra de gran identificación con la otra persona, estableciendo y fortaleciendo importantes vínculos a cualquier nivel relacional, y por supuesto también en el amoroso.

La Alegría, muy relacionada con las dos anteriores, tiene que ver con la capacidad de disfrutar, tanto del otro como de las cosas que ocurren en el día a día. Con frecuencia van a aparecer situaciones desagradables y poco motivadoras, y también es seguro que en cada día va a haber hechos positivos y alegres que pueden pasar desapercibidos, pero son realmente importantes. Por ello, ponernos “las gafas de lo positivo” ayuda a mantener esa pizca de alegría que favorece una mejor actitud con la pareja y ante la vida.

La Compatibilidad, otro de los iconos de los que han intentado unir parejas, desde las antiguas agencias matrimoniales, a las apps más novedosas (que te pueden informar hasta de lo que está pidiendo para comer aquella persona que te ha dejado pasar en el metro hace tres paradas con mirada insinuante…) Cosas como las aficiones, valores, estatus socioeconómico, significación política, vivencias personales… Son muchos los criterios a tener en cuenta en este ámbito, y en definitiva se trata de poder Compartir una parcela importante de nuestras vidas en sintonía con otra persona.

Una relación de pareja que goce de buena salud también debería entenderse como un espacio en el que sus miembros se sientan seguros, a salvo. Para ello es fundamental confiar. Confiar en que el otro está ahí y va a seguir estando. Que contamos con su apoyo si lo necesitamos. Que se van a respetar las reglas establecidas y no va a haber traiciones. Da igual cuales sean los términos del “contrato” que se haya elegido, lo importante es que sean compartidos y respetados por los dos.

La Sensibilidad o el afecto son canales que pueden reportaros mucho bienestar. Si bien es cierto que la manera en que las personas digieren y expresan el afecto puede ser muy diferente, el contacto físico tiene un enorme poder de conexión y reparación ante situaciones difíciles.
Y por último se menciona la Paciencia. Que lo relacionaríamos con esa capacidad para tolerar, ceder y sobretodo aceptar aquellos aspectos que menos nos gustan. De la otra persona, de las circunstancias y también de uno mismo.

De uno mismo, porque cuando alguien no está en paz consigo, cuando falta autoaceptación, es probable que también falte hacia los que nos rodean, y que por extensión el resto de capacidades o ingredientes se vean carentes. Por ello es que, antes de intentar hacer equilibrismos para encontrar una pareja que se amolde a nosotros o que permanezca a nuestro lado, es una buena idea hacer una mirada hacia dentro que permita ordenar nuestras piezas internas y así podamos elegir cuales usar para completar el nuevo puzzle de una relación de pareja. 

Así que aunque no existen recetas mágicas, sí hay trucos que facilitan generar vínculos sanos, duraderos y enriquecedores, siempre teniendo en cuenta que empezar con un vistazo hacia un@ mism@ puede resultar de gran ayuda.

 

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